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Dime con quién quiebras y te diré cuánto te devuelven Liquidadores cobran el 20% de la operación en quiebras chicas y sobre $380 millones en las grandes

Dime con quién quiebras y te diré cuánto te devuelven

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Natalia Saavedra Morales
Por : Natalia Saavedra Morales Editora periodística El Mostrador Mercados
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La salida del mapa de síndicos históricos como Herman Chadwick y Patricio Jamarme –que ahora se dedicará solo a labores de veedor–, ha dejado lugar a nuevas caras que de a poco se han abierto espacio en un mercado que parece bastante atractivo. Todo, en medio de operaciones cada vez más complejas, que muchas veces involucran no solo las liquidaciones sino también el blanqueo de capitales, malos manejos financieros y una literal búsqueda del tesoro para recuperar plata. Eso, además de los jugosos honorarios.


Se esperaba un juicio abreviado. Pero la estrategia legal del ex síndico de quiebras, Herman Chadwick, fracasó y deberá enfrentar un juicio oral que podría condenarlo a 11 años de cárcel, la pena solicitada por el Consejo de Defensa del Estado (CDE).

Pero, lejos de ese hecho, hace una década Chadwick era otro y se movía en las labores que luego lo llevarían a su extinción profesional, al menos en lo que hasta ahora había desarrollado. De manejar connotadas y numerosas quiebras, como Rabié, el Instituto Chileno Norteamericano o Campanario Generación, entre muchas otras, está ahora a la espera de un proceso judicial que apagó su renombre en los procesos de liquidación. Ya ningún banco –acreedores históricos de estos procesos– le confió nuevas quiebras. Una consecuencia bien obvia.

Pero lejos de las esquirlas de Caval, un “mercado” –si así puede llamarse– observa atento cómo el movimiento de las piezas de ajedrez que hoy delinean los procedimientos de quiebra, rebautizados, tras la nueva ley, como de insolvencia y reemprendimiento, puede beneficiar a quienes se enlistan para velar por el futuro de compañías que atraviesan complicados momentos, pero, de paso, factura muy bien a quienes supervisan sus crisis.

Acá hay dos caras de la moneda. Por un lado, están los estudios que deben estructurar los convenios de quiebra o de continuidad en medio de profundos problemas financieros. Estudios de abogados donde se busca un trato entre caballeros.

Cuando las cifras dejan de cuadrar y, en matemática muy básica, lo que ganas no te alcanza para pagar, debes tocar la puerta de estos bufetes. Si fuéramos exactos, casi siempre dos.

Una de las oficinas a donde llegan es la del estudio jurídico Puga Ortiz. Al bufete en Presidente Riesco siempre acuden preguntando por un abogado en particular. Uno de sus socios y fundadores: Juan Esteban Puga. Titulado de la Universidad de Chile, fue miembro de la Comisión de Reforma de la Ley de Quiebras designado por el Gobierno de Michelle Bachelet y por el de Sebastián Piñera y fue particularmente duro con la reforma de ley.

Es un profesional severo, dicen quienes los conocen, y con un estilo particular. Ello, en todo caso, le ha valido que varias empresas confíen en su trabajo. Por ejemplo, representa a Nexus en la disputa que tiene con la fallida Masvida. Esto, a raíz de los recursos que inyectó el holding a las clínicas de la ex isapre sin luego ser reconocido como acreedor del proceso judicial de la Clínica Las Lilas.

Su manera de ver las quiebras es particular: no debe jamás propenderse a la agonía de compañías, algo que incentivarían de alguna forma los nuevos procesos concursales. “Esta Ley cayó en la trampa respecto de que era mejor reorganizar empresas que liquidarlas y, en consecuencia, es una ley que está obsesivamente inclinada a rescatar a las empresas insolventes y ese costo lo pagan los acreedores”, dijo a Pulso en 2015.

Los abogados corporativos comentan que lo mejor es derivarle a Puga procesos “cuando necesitas una quiebra rápida y efectiva. Juan Esteban podría parecer mezquino el evaluar un proceso y hablar rápidamente de la insolvencia de una compañía, pero, por el contrario, tiene un ojo agudo y una propuesta para no hacer sobrevivir empresas que ya están muertas”, dice uno de sus colegas.

Puga ha mirado además con lejanía las ideas de algunos parlamentarios, como Felipe Harboe, que propuso que las quiebras personales no figuraran en los registros de los involucrados. El abogado ha sido crítico cuanto a que este tipo de políticas solo perjudican a los acreedores y no son un buen síntoma para el mercado del crédito. También es contrario a que vacíos en la ley permitan, por ejemplo, sacar de sistema de deudas del CAE, lo que ha comentado en más de una ocasión en el círculo en que se mueve. Además, es un observador de las estadísticas. Asegura que solo una de cada diez empresas en liquidación logrará sobrevivir.

La otra dirección a la que acuden muchas empresas se mudó de su estudio histórico en Huérfanos hace unos años al piso 15 de Alonso de Córdova 5870. Con vista al barrio de Nueva Las Condes, Nelson Contador se inscribe como uno de los más conocidos abogados del círculo de las quiebras.

Profesor de la Universidad de Chile, no hay quien no conozca a Contador.

Es un hábil negociador, dicen, pero además “como lleva tanto tiempo en el mercado, conoce a los bancos, los jueces, los liquidadores y todo el que se le pare por delante”. Desde Inaudito, pasando por Marbella, Subus, La Araucana, Fernandez Wood y las más grande de su carrera, La Polar. Contador ganó gran parte de su experiencia en la Sindicatura Nacional de Quiebras. Dos apodos entre los abogados lo hacen reconocido: «el negro», entre los más amigos, y «el papá» de las quiebras en este mundillo.

A diferencia del estilo de Puga, Contador parece tener una mano menos severa a ojos de las empresas que trabajan con él. Los años que lleva como estructurador de convenios lo hacen pelearla hasta las últimas, incluso cuando los procesos se le complican.

Le ha pasado recientemente con Masvida, luego de que la propuesta que estructuraron fuera impugnada por algunos acreedores, y con Innovaciones Forestales (IF), tras rechazarse el acuerdo presentado por su bufete, iniciándose así la liquidación de la firma. El último round se vivió la semana pasada, después que el tribunal desestimara las reconsideraciones de Contador para salvar a IF y, por el contrario, decretara a su liquidador, en este caso, a Felizardo Figueroa.

Pero en esos casos el abogado, y profesor histórico del diplomado del ramo en la Universidad de Chile, usa siempre la misma palabra, “hasta irritante a veces: paciencia”, dice una persona que lo ha visto alegar.

Dentro de las operaciones más grandes que han pasado por su escritorio, La Polar le genera un orgullo particular. La empresa hoy terminó su convenio de pago con los acreedores, lo que en el 2011 la salvó de la quiebra. El retail dio vuelta a tal nivel su performanceque incluso ahora hasta podría ingresar al IPSA.

Desde el punto de vista político, Contador es cercano a hombres duros de la derecha y especialmente de RN y tiene cercanías con Andrés Allamand y algunos políticos en el plano personal. Ser reconocido de derecha, en todo caso, no le ha costado clientes. “Tiene buena fama, así que eso queda de lado”, señala un abogado corporativo que le deriva varios de sus clientes en aprietos.

¿Por qué nuevos estudios no han ingresado al mercado? En la plaza coinciden en señalar que es un trabajo que en el pasado era visto con malos ojos por los abogados, como el patio trasero del ejercicio del derecho. En efecto, las quiebras trataban de ser del más bajo perfil posible.

Contador y Puga se han hecho un nombre en el mercado tras años de práctica y guardan algunas particularidades en relación con otras oficinas. “Contador se sigue considerando un estudio boutique, porque solo operan con estos procesos, no se meten en ningún tema más”, comenta un abogado.

Las nuevas caras

En las quiebras también puede hablarse de un mercado. Es rentable, aseguran, sobre todo tomando en cuenta que los grandes derivadores de clientes prefieren siempre diablo conocido. Los bancos, los históricos acreedores de las compañías fallidas son, por defecto, los que siempre tienen mayores acreencias con las empresas y, a raíz de ello, tienen voto decisivo respecto al que es acreedor o veedor de una compañía.

La salida de Chadwick, uno de quienes más quiebras acumulaba, ha dado espacio para nuevas caras en el mapa. A la salida de Chadwick se suma además que Patricio Jamarme, otro histórico, dejará de ser liquidador y solo seguirá trabajando como veedor. Jamarme se hizo cargo de casos oreja, como la quiebra de Colo-Colo, entre varias decenas de procesos.

¿Cuál es la diferencia? Con la nueva ley, los antiguos síndicos tuvieron que dividirse en equipos, por decirlo de alguna forma. Los veedores, quienes son nombrados para intervenir las empresas en procesos complejos, entregar información a la jueza y revisar su quehacer mientras se resuelve su crisis, constituyen un cargo con un perfil ejecutivo.

Mientras que el liquidador quedó ahora con labores más de calle, según explican desde el mismo círculo, pues “tiene que viajar, revisar los bienes, organizar remates. Y hacer cash. No deja de ser relevante, pero es más parecido a un martillero público que a un cargo ejecutivo”, agrega un entendido.

La nueva ley estableció que, tras entrar en vigencia, en 2014, los síndicos ya listados pueden ejercer durante cinco años el cargo de veedor y de liquidador, pero una vez cumplido ese plazo deberán decidir en qué lado de la moneda quedarse.

Un rostro que ha surgido con fuerza entre los liquidadores es el del abogado Carlos Parada. Su nombre comenzó a resonar en la opinión pública luego que asumiera como sindico de la una de las quiebras de las empresas relacionadas con Alberto Chang, Onix Capital. Parada “saltó a la fama” luego de lograr un hito en el mercado de las quiebras: que se declarara por primera vez una quiebra trasfronteriza, para ir detrás de las platas que Chang tenía en varios países.

El plan era ambicioso, contratar estudios de abogados en diferentes lugares para apoyarlos en la búsqueda de los bienes. Pero Parada se encontró con un pero: cómo financiar viajes, honorarios y pesquisas en el extranjero.

Tuvo que ajustar las expectativas y pensar en cómo lograr su cometido. Así, acudió a un modelo que no se ve aún en Chile, pero que, debido a que los procesos son cada vez más complejos, comienza a volverse popular.

Se trata de fondos que financian mediante préstamos la recuperación de bienes. Luego de hacer una especie de due diligence calculan cuánto se podrían conseguir en el rastreo y prestan capital de trabajo. Es un financiamiento con altos intereses, pero que se ha vuelto la única forma de financiar estos procesos. La quiebra de Onix acudió a este modelo para financiar parte de las diligencias, en cuyo marco ya tiene recuperados cerca de US$ 6,5 millones.

Parada se ha especializado en quiebras complejas de modelos de negocios piramidales. A la de Chang se suma el proceso de AC Inversions y de Rodríguez y Asociados. En este último se ha detectado asimismo capital fuera de Chile (en Estados Unidos), por lo que también se solicitaría la quiebra transfronteriza.

Otros profesionales que empiezan a hacer eco en el mapa son Tomas Andrew, que ya suma más de 200 procesos, Nelson Machuca (178 procesos), Juan Ignacio Bustamante (378 procesos) o Mariclara González (158 procesos). “Tiene que ver también con que los bancos o los acreedores principales entienden que se exige más transparencia y eso pasa por no concentrar los procesos en un solo síndico”, comenta un abogado, quien agrega que “igual cada síndico tiene su fama».

Y, al respecto, precisa: «A la Loreto Reid se le conoce por procesos de minería, pero porque además siempre acepta todo. Ricardo Alid es conocido por su impronta. Felizardo Figueroa tiene una personalidad más arrogante y obviamente que es clave la tasa de recuperación que ese síndico tenga en otras quiebras”.

En el caso de los bancos, una tasa inferior al 15% implicaría buscar un mejor candidato.

Pero también se trata de dinero. Los liquidadores cobran un interesante monto al dirigir estos procesos. En quiebras de menos de 2 mil UF (las menos), cobran el 20% de los dineros, unos 10 millones de pesos. Pero en una quiebra grande, de hasta un millón de UF, aunque baja la prorrata, el cash que pueden hacer es muy importante: el 1,5% de los ingresos, es decir, sobre $ 380 millones en el tope de banda. Pero hay que sumarle que, si a los acreedores les gusta cómo están haciendo su trabajo, pueden subirles el sueldo.

En el caso de los veedores, en tanto, su salario depende directamente del acuerdo al que lleguen con los acreedores y el deudor. Y aunque es un mercado con menos glamour, las quiebras de personas también están convocando pequeñas oficinas que quieren acumular casos. Por cada proceso se pagan 30 UF.

Lo menos conocido es que no solo abogados pueden postular al cargo. Aunque también es popular entre ingenieros o contadores, cualquier profesional con una carrera universitaria de más de diez semestres puede postular al puesto. Ahora, eso no le asegura a que el dream team ya armado le deje pellizcar un pedazo de sus ganancias.

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