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Bolsonaro desata otro tipo de incendio

por 27 septiembre, 2019

Bolsonaro desata otro tipo de incendio
Puede que Bolsonaro y sus asesores más cercanos no estén convencidos de la amenaza que plantea el calentamiento global. Pero se deberían preocupar por los peligros del cambio climático político. Claro, Bolsonaro finalmente cedió al clamor sobre la Amazonía en llamas y envió tropas del ejército para combatir los incendios, pero solo después de minimizar la emergencia. Además, despidió al jefe del instituto espacial que monitorea la selva tropical y culpó a saboteadores partisanos.
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Antes de que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, pronunciara el discurso de apertura en la 74ª Asamblea General de las Naciones Unidas el martes, los brasileños se preguntaban qué Bolsonaro prevalecería. ¿Verían al familiar charlatán de derecha que nunca dejó de hacer campaña? ¿O al estadista que comprende que la gran economía de América Latina necesita cortesía y socios internacionales para crecer y prosperar?

Qué preguntas más tontas. Después de casi nueve meses en el cargo, Bolsonaro sigue siendo el provocador en jefe, para quien ningún espacio es lo suficientemente prestigioso como para renunciar a una diatriba o soltar un concepto ideológico. No importa que detrás de cada problema brasileño vea a cubanos, venezolanos, defensores de derechos humanos y otros villanos variados de la Guerra Fría.

¿Destrucción de la selva amazónica, que los científicos temen podría empujar a la selva tropical más grande del mundo hacia un punto de inflexión? "Ataques sensacionalistas difundidos por los medios internacionales", dijo Bolsonaro. ¿Amenazas a las tierras indígenas? Falsedades de organizaciones no gubernamentales para extranjeros con proyectos neocoloniales para los tesoros de Brasil. ¿Violencia policial? "Nuestra policía militar es el objetivo elegido por el mundo criminal". Es cierto, pero omitió partes sobre el creciente número de asesinatos cometidos por policías, y también que 75% de los policías asesinados en 2017 y 2018 estaba fuera de servicio, la mayoría de ellos pluriempleados como guardias de seguridad.

Puede que Bolsonaro y sus asesores más cercanos no estén convencidos de la amenaza que plantea el calentamiento global. Pero se deberían preocupar por los peligros del cambio climático político. Claro, Bolsonaro finalmente cedió al clamor sobre la Amazonía en llamas y envió tropas del ejército para combatir los incendios, pero solo después de minimizar la emergencia. Además, despidió al jefe del instituto espacial que monitorea la selva tropical y culpó a saboteadores partisanos.

Tal equivocación subestimó gravemente el grado de relevancia de la agenda verde. Apenas la semana pasada, jóvenes de todo el mundo salieron a las calles en defensa del medio ambiente, un grupo demográfico inteligente y políticamente conectado para quien Greta Thunberg es la activista elegida.

Pocos de los pares globales de Bolsonaro se conmoverán con el collar indígena que lucía en su hotel de Manhattan, o se dejarán engañar por el YouTuber indígena que llevó para que se uniera a la delegación brasileña como si fuera una versión amazónica de Joe el fontanero. "El hecho de que traiga a un indígena no significa que tenga el respaldo de los indígenas. Porque no lo tiene", protestó Sonia Guajajara, una de las líderes indígenas brasileñas que criticó las políticas de Bolsonaro.

Lo que queda claro de la arenga de Bolsonaro en la ONU es lo rápido que su mandato está envejeciendo. El exmilitar brasileño se elevó a la escena nacional como un nuevo rostro cuya retórica sin adornos y dominio de Facebook y Twitter le permitieron acumular puntos políticos con el brasileño común y corriente. Ahora choca con el nuevo grupo demográfico del mundo, a quien le importa poco las guerras culturales que libra Bolsonaro y mucho lo relacionado con política polarizada y locura ideológica que ponen en riesgo al planeta.

La vergüenza es que Brasil tiene activos ambientales que se deberían promocionar y monetizar. Pero eso requiere diplomacia, no acalorados enfrentamientos pecho a pecho. El país fue pionero en el combustible de combustión limpia destilado de la caña de azúcar. A diferencia de Europa o Estados Unidos, donde el carbón o el gas alimentan la generación eléctrica, la red eléctrica de Brasil se basa principalmente en energía hidroeléctrica. Por lo tanto, la flota emergente de vehículos eléctricos de Brasil se puede conectar a una de las redes más limpias del planeta.

El reciente récord de Brasil en la selva tropical también se debe destacar. Al reducir la destrucción de bosques entre 2005 y 2013, Brasil evitó arrojar al ambiente más de 7.000 millones de toneladas de carbono, elemento que calienta el clima. Otro líder podría haber reconocido el reciente aumento en la tala de bosques e incendios y luego pedir ayuda, señalando que Brasil ha sido compensado por solo una fracción (3%) de esas emisiones de gases de efecto invernadero que se evitaron. En cambio, Bolsonaro demonizó al Fondo Amazonas —patrocinado a nivel internacional para mitigar el cambio climático—, ahuyentando así a patrocinadores de Noruega y Alemania.



No solo perdió una oportunidad política, se autoinmoló. Mientras Bolsonaro proclamaba la soberanía del Amazonas y retaba a entrometidos verdes, su ministro de Agricultura se libraba a la misión de convencer a clientes internacionales de que Brasil puede cosechar sin abusar de la tierra.

Además, el discurso belicoso de Bolsonaro solo alienta el antiglobalismo en el círculo íntimo de Brasilia y ahora amenaza los intereses más amplios de Brasil. La semana pasada, 230 fondos de inversión, que controlan cerca de US$16,2 billones, emitieron una declaración pública donde reconocen "el papel crucial de los bosques tropicales" en la lucha contra el cambio climático y "aseguran servicios de ecosistema". Los fondos advirtieron a empresas sobre la ejecución de negocios con proveedores de regiones ambientalmente comprometidas de la cuenca amazónica.

Esto augura otro tipo de desastre potencial para un país que todavía lucha por recuperarse de la recesión: una conflagración económica que arrasa con su dinero y reputación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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