MERCADOS
Agencia Uno
Despidos caen por primera vez en cinco años, pero expertos enfrían las expectativas sobre el empleo
Los despidos por necesidades de la empresa cayeron 4,2% durante el primer semestre, su primer descenso en cinco años para ese período. Sin embargo, economistas descartan por ahora un cambio de tendencia: el desempleo llegó a 9,5% y la principal dificultad sigue siendo la escasa creación de puestos.
Una cifra podría parecer una señal favorable dentro del deteriorado panorama laboral: los despidos por necesidades de la empresa disminuyeron durante el primer semestre por primera vez en cinco años. Sin embargo, los economistas ponen cautela al dato y advierten que todavía no permite hablar de un cambio de tendencia, menos cuando el desempleo alcanzó 9,5% y el país volvió a destruir puestos de trabajo.
De acuerdo con el último informe de la Dirección del Trabajo (DT), entre enero y junio se registraron 242.822 despidos por necesidades de la empresa, una disminución de 4,2% respecto del mismo período del año anterior. Es la primera caída para un primer semestre desde 2021, cuando la comparación estaba marcada por el impacto de la pandemia durante 2020.
Solo en junio, las desvinculaciones bajo esta causal disminuyeron 2,1% en doce meses. El dato aparece, sin embargo, en un escenario que continúa mostrando señales de debilidad. La tasa de desocupación llegó a 9,5% durante el trimestre mayo-julio, completando cuatro trimestres móviles consecutivos por encima del 9% y situándose en sus mayores niveles en cinco años.
El empleo, además, cayó 0,2% respecto del mismo período de 2025, registrando la primera destrucción interanual de puestos de trabajo desde abril de 2021, cuando el mercado laboral todavía estaba fuertemente afectado por la pandemia.
El deterioro tampoco se limita a una medición. Los empleos formales acumularon cinco trimestres móviles consecutivos de retrocesos y esta vez el trabajo informal no logró compensar esa pérdida: aumentó solo 1,6%, equivalente a unas 37 mil plazas, lejos de los incrementos superiores al 4% observados durante los meses anteriores.
Con ello, la tasa de ocupación informal alcanzó 26,5%, 0,5 puntos porcentuales más que hace un año, aunque por debajo del 27% registrado en el trimestre inmediatamente anterior.
En ese contexto, el director del OCEC-UDP, Juan Bravo, considera insuficiente la disminución de los despidos para concluir que comenzó una recuperación.
“Es prematuro hablar de un cambio de tendencia a pesar de la caída interanual de 2,1% en junio, porque lo que hemos visto en los últimos cuatro meses es una alternancia, en donde un mes crecen los despidos por necesidad de la empresa y al mes siguiente decrecen”, explicó.
A su juicio, “se necesitan más meses consecutivos de caída para poder hablar de cambio de tendencia, especialmente en el complejo escenario actual del mercado laboral”.
Bravo pone el foco, además, en una diferencia relevante: perder el empleo por un despido representa solo una parte de las razones que llevan actualmente a los trabajadores a la cesantía.
De los 981.044 desempleados contabilizados en el trimestre mayo-julio de 2026, 167.717 eran personas que habían quedado cesantes producto de un despido en su último empleo. La cifra representa el 17,1% del total.
En contraste, 523.025 personas —el 53,3% de los desempleados— se encontraban sin trabajo debido al término del contrato, proyecto o reemplazo que realizaban.
Por eso, para Bravo, “no basta con que los despidos caigan para que eso se traduzca en una reducción de la tasa de desempleo”.
“La debilidad del mercado laboral tiene mucho más que ver con un bajo dinamismo en la generación de puestos de trabajo y no con un fuerte aumento de las desvinculaciones”, sostuvo.
El economista de Libertad y Desarrollo (LyD), Exequiel Cáceres, coincide en que la evolución de una sola causal de despido no permite establecer por sí misma el estado del mercado laboral.
“Para poder evaluar el mercado laboral se necesita ver la creación y destrucción de empleo en su totalidad. Los despidos son una parte de la destrucción, pero no toda”, explicó.
Cáceres recordó que una proporción relevante de los actuales desocupados corresponde a trabajadores cuyos contratos a plazo fijo finalizaron y posteriormente no lograron encontrar una nueva ocupación. Por ello, afirmó que “que bajen los despidos no son una razón por sí sola para celebrar”.
Las próximas cifras, además, podrían continuar mostrando deterioro. Bravo recordó que el trimestre móvil junio-agosto normalmente presenta la peor estacionalidad del año, al comprender los tres meses de invierno, mientras todavía no existe un cambio consolidado hacia una expansión de la actividad económica.
“No es descartable algún deterioro adicional en las cifras del próximo reporte que mostrará la situación al trimestre junio-agosto”, anticipó.
El economista proyecta un escenario distinto a partir de septiembre, cuando comenzarían a coincidir factores que podrían favorecer una reducción gradual del desempleo.
Entre ellos menciona la estacionalidad asociada a los meses de verano, cuando sectores como agricultura, comercio, turismo y restaurantes aumentan su actividad; una eventual recuperación económica durante los últimos meses del año; el cierre de la incertidumbre vinculada a la discusión de la megarreforma; los subsidios de emergencia y la entrada en vigencia del Subsidio Unificado al Empleo a partir de octubre.
Cáceres, por su parte, advierte que el 9,5% nacional esconde situaciones más complejas entre determinados grupos y territorios. “Si bien la desocupación nacional no llega al 10% que tanto se usa de referencia, ese umbral ya se traspasó para ciertos grupos como mujeres, jóvenes y para 8 de las 16 regiones del país”, señaló.
Respecto de una eventual recuperación, el economista de LyD apuntó al avance de medidas como sala cuna, la flexibilización de las 40 horas, la ejecución del proyecto de Reconstrucción y la respuesta del empleo frente a nuevas inversiones.
Por ahora, la disminución de los despidos convive con cinco trimestres consecutivos de caída del empleo formal, destrucción interanual de puestos de trabajo y una desocupación que permanece sobre 9%. Para los economistas, la señal decisiva no será únicamente que menos personas sean despedidas, sino que la economía vuelva a generar suficientes puestos de trabajo.
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