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La tardía reacción de la Comisión Clasificadora de Riesgo y su defensa del “mercado” como gran “termómetro” en el caso La Polar

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Héctor Cárcamo
Por : Héctor Cárcamo Periodista El Mostrador Mercados
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El acta del 28 de noviembre de 2011 de la reunión que tuvo la Comisión Clasificadora de Riesgo (CCR), entidad que conforman representantes de las Superintendencias de Pensiones, de Valores y Seguros (SVS) y de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), revela llamativas conclusiones respecto de su accionar en el caso La Polar y su confianza en el mercado como termómetro de la condición de las empresas.

El rol de la CCR era clave, pues tiene la autoridad para rechazar las notas que asignan las clasificadoras, pedir evaluaciones adicionales y también solicitar —en este caso a Feller o Fitch— todos los antecedentes con los cuales las clasificadoras evaluaron a la multitienda.

Ayer la clasificadora Feller Rate hizo públicos los argumentos en que sustentará la apelación que realizará contra la multa de $160 millones que le aplicó la Superintendencia de Valores y Seguros el viernes por su participación en el fraude de La Polar. Entre esos argumentos está el que la CCR nunca les cuestionó sus informes ni notas sobre La Polar. Por ello, alegaron que si la actuación de la CCR no fue negligente, la suya tampoco pudo ser calificada como tal.

La CCR revisa las evaluaciones que hacen las clasificadoras de riesgo a las empresas que emiten bonos al mercado y que son susceptibles de recibir inversión por parte de los fondos de pensiones, a través de las AFP.

En el caso La Polar, recibió distintos antecedentes de Feller Rate y Fitch, las mismas que fueron sancionadas por la SVS el viernes pasado, pero ninguno fue suficiente para hacer sonar alarmas y que tomara acciones para asegurarse de que la situación de la multitienda era la que realmente tenía.

En la reunión del 28 de noviembre de 2011 la Comisión realiza un detallado análisis de los informes y clasificaciones que le entregaron desde 2009 las clasificadora sobre la multitienda. Tras revisar dichas informaciones la CCR asegura que el mercado estaba bien informado de lo que ocurría con el retailer. Se sabe ahora que los antecedentes que habían eran insuficientes y no mostraban la realidad.

“El mercado tenía internalizado que La Polar era una empresa que, por el segmento al que estaba orientada, representaba un riesgo superior al normal para el sector retail y, en ese sentido, le asignaba un «spread» levemente superior a la media”, afirma, según revela el acta hecha publica ayer por Feller Rate.

Adicionalmente, la CCR señala en dicha reunión que “del análisis accionario se desprendía que pudo haber mayores aprensiones (con La Polar) hacia fines de diciembre (de 2010) y primer trimestre de 2011, observado en la evolución de la acción a partir de diciembre de 2010 y que el mercado, en su momento, argumentó que probablemente el nivel de provisiones de La Polar debía ser más alto y que luego corroboró la misma empresa con los resultados de diciembre de 2010 publicado en marzo de 2011”.

No obstante, acota la CCR, “ninguno de los movimientos de mercado reflejan que la situación de La Polar tenía las magnitudes que posteriormente se conocieron».

Para la Comisión “del análisis se desprende que gran parte de la información pública conocida sobre La Polar fue analizada por los agentes financieros, incluso considerando muchos de los puntos planteados en el caso presentado por el Estudio de Abogados Gutiérrez & Silva y, si bien hubo coincidencias en gran parte de los riesgos levantados, éstos fueron expresados a través de menores clasificaciones o rebajas de ellas, y por el mercado a través de valoraciones inferiores al promedio, pero en ningún caso fue cuantificado en la magnitud del fraude que la empresa ocultaba; esto se debió, probablemente a que era poco factible hacerlo sin el supuesto que las cifras de su cartera de colocaciones estuvieran adulteras».

De esta forma, la CCR intenta explicar por qué nadie detectó lo que ocurría con La Polar y de paso, intenta explicar por qué su primera medida tomada frente a la compañía ocurrió el 13 de junio de 2011, cuatro días después que estalla el escándalo, cuando pide una tercera clasificación para el Patrimonio Separado 22 de Bci Securitizadora, que estaba formando con respaldo en una parte de la cartera de créditos de La Polar.

Sería el 22 de julio de 2011, una vez que la mayor parte de la profundidad del escándalo era conocida, cuando la CCR acuerda desaprobar las clasificaciones del Patrimonio Separado 22 de Bci Securitizadora.

Las luces amarillas que no vio

La primera fue en febrero de 2009: un informe sobre la línea de efectos de comercio de la multitienda. En él, ambas clasificadoras —Feller y Fitch— le asignaron Categoría A con perspectivas negativas.

Luego da un salto de dos años hasta febrero de 2011, cuando la comisión analizó dos líneas de bonos de La Polar. En ese informe Feller habia bajado a A- y Fitch la mantenía en A, ambas con perspectivas estables.

Se advertía que los bonos de La Polar se transaban por debajo de la media de la categoría A hasta noviembre de 2010, levemente sobre la media en diciembre (13 puntos base) y enero de 2011 (11puntos base). Eso sí, otros emisores, como Masisa, Indura y Security se transaban a un spread mayor que la multitienda.

En abril de 2011, dos meses antes que estallara el escándalo, Muñoz informaba que Feller mantenía el A- (aunque le agregaba perspectivas negativas) y Fitch había bajado a la misma nota.

La CCR analizó en esa reunión los estados financieros financieros de La Polar y evaluó antecedentes sobre el Patrimonio Separado N 22 de BCI Securitizadora (vinculada a una parte de la cartera de créditos del retailer).

Los bonos de La Polar, a esa altura, ya se transaban 31 puntos base sobre la media y el precio de las acciones había caído 26% en el año. Pero destaca CCR que Masisa seguía transándose por encima de La Polar.

¿Qué dijo la CCR en la reunión de abril de 2011?

Que las clasificadoras habían tomado medidas (bajar notas) y que se había «sincerado» la calidad crediticia de La Polar (por provisiones y castigos realizados a fines de 2010).

Y advertía que había cuatro ‘notchs’ de distancia con el grado de especulación. Un notch es la diferencia mínima entre dos calificaciones. Así, subir de A a A+ es un notch y caer de A a BBB son tres notchs.

También notaba que no se había elegido nuevo gerente general de la empresa, el plan de inversiones era «muy agresivo» y «existía el riesgo de mayores cargos por provisiones y castigos».

Frente a estos antecedentes la comisión no pidió una tercera clasificación (como sí lo hizo en junio de 2011 una vez que ya se había desatado el escándalo) pero acordó mantener «bajo vigilancia» la evolución de los resultados de la compañía.

En mayo de 2011, un mes antes de que estalle el escándalo, la CCR toma nota de que Feller baja a BBB+ la clasificación de la multitienda. Al mismo tiempo, corrobora que sus bonos se transan en la medida de la Categoría BBB, aunque el precio de las acciones caía 28% en el año. Y como era costumbre, la CCR nota que había otro actor más castigado en los bonos (Eléctrica Santiago).

Una vez que se desata el escándalo el 9 de junio de 2011, viene la la reunión de la CCR del 13 de junio, pues se encontraron cuatro días después de conocido el escándalo. Pero no opinaron pues, según la Comisión, no les correspondía opinar sobre los bonos de La Polar, pues a esa altura, éstos ya estaban en una categoría que impedía que fueran adquiridos por las AFP.

En efecto, el mismo 9 de junio Feller bajó la clasificación a BB+ (y tendencia negativa). El 13 de junio la CCR reacciona y pide la referida tercera clasificación para el patrimonio separado de BCI Securitizadora.

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