Efemérides: hace más de 100 años también había barras bravas
17 de abril de 1909: aunque parezca increíble, la violencia en los estadios no es un fenómeno propio de las últimas décadas, sino más bien parece consustancial al fútbol mismo. De lo contrario no es explica lo ocurrido en Escocia a comienzos del Siglo XX.
El Celtic se había titulado campeón de Liga y también alcanzó la final de la Copa de Escocia, donde enfrentaría a su rival de toda la vida: el Rangers. Como sabemos, ambos clubes por representar a católicos y protestantes de ese país, han sostenido una especie de «guerra religiosa» en cada uno de sus duelos. Sin embargo, en los incidentes que vamos a narrar actuaron increíblemente unidos.
En realidad, dejaremos que el periodista español Alfredo Relaño cuente lo que aconteció esa tarde en el estadio Hampden Park, de Glasgow, que ya por esos años tenía una capacidad para recibir a 70 mil espectadores.
«Ocurrió que la final terminó en 2-2, lo que en ciento modo decepcionó a todos. Habría que jugar un desempate, que se concertó para el 17 de abril. Corrió el rumor, que pronto hizo fortuna, de que se trataba de un apaño (arreglo) para hacer una segunda taquilla, así que los aficionados de uno y otro equipo acudieron un poco moscas (molestos). Cuando el desempate acabó 1-1, todo el mundo esperaba una prórroga que decidiese, pero las normas de la competición establecían en tonces un tercer desempate, sólo al final del cual, y si persistía el empate, se jugaría una prórroga.
«No todos los jugadores lo sabían, y algunos, que ya había oído hablar de las sospechas de tongo, temían la reacción, de modo que permanecieron indecisos en el campo. Pero el árbitro, tras algunas dudas, les dijo que se retiraran. La multitud, que seguía expectante, se enfureció cuando vio que empezaban a retirar los banderines de las esquinas, señal inequívoca de que el partido no seguía
«No menos de nueve mil hinchas saltaron al campo, indignados, hiciero retroceder a la policía y asaltaron las dependencias del estadio, que incendiaron con ayuda del whisky que aún les quedaba…»
La historia terminó con 130 personas hospitalizadas, incluyendo varios policías, más otros cientos de lesionados menores. El tercer partido nunca se jugó (por temor a nuevos incidentes), así es que la Copa de Escocia se quedó, en 1909, sin campeón.
Fue la primera vez -y la única- en que los hinchas del Celtic y del Rangers actuaron en la más absoluta complicidad.