Martina Yopo: “La realidad demográfica en Chile llegó para quedarse”
La socióloga afirma que el foco debe estar en apoyar a quienes quieran tener hijos para que puedan hacerlo, descartando recetas pronatalistas o incentivos económicos de corto plazo, cuya efectividad ha sido limitada en la experiencia internacional.
Chile enfrenta una crisis de natalidad sin precedentes, con cifras históricas para una tasa de fecundidad que cayó a 0,99 hijos por mujer, la más baja de Latinoamérica y una de las menores a nivel mundial, muy por debajo de los 2,1 hijos requeridos para el reemplazo.
La doctora en sociología y académica de la Universidad Católica, Martina Yopo, es una de las investigadoras con mayor trayectoria en el estudio de este fenómeno sostenido a nivel global.
En conversación con el programa Pensando Chile, Yopo advierte que el país necesita una política de Estado de largo plazo para enfrentar una transformación demográfica que considera irreversible.
La también integrante de la comisión asesora del Plan Chile Renace, sostiene que “tenemos que apoyar a quienes quieran tener hijos para que puedan hacerlo”, descartando recetas pronatalistas o incentivos económicos de corto plazo, cuya efectividad ha sido limitada en la experiencia internacional.
En cambio, plantea fortalecer políticas como Sala Cuna Universal, ampliar el postnatal masculino, mejorar la conciliación entre trabajo y familia y expandir el acceso a tecnologías de reproducción asistida.
A su juicio, “esta realidad demográfica llegó para quedarse”, por lo que Chile también debe preparar sus sistemas de salud, educación, pensiones, cuidados y mercado laboral para una población cada vez más envejecida.
Asimismo, identifica las desigualdades de género como uno de los factores que hoy frenan la maternidad y la paternidad, y afirma que “empezar a generar las oportunidades institucionales para que los hombres participen más de la crianza y el cuidado es un punto clave” para enfrentar uno de los principales desafíos sociales de las próximas décadas.
-¿Cuáles deberían ser hoy las prioridades para abordar este tema particularmente en Chile?
-Efectivamente es un tema muy desafiante porque los niveles de fecundidad tan bajos que tenemos en Chile son realidades demográficas muy complejas. Entonces aquí no hay factores únicos que están empujando esta transformación, sino que son una serie de factores, algunos de los cuales son positivos si uno lo mira desde el punto de vista del crecimiento y desarrollo. Cuando pensamos, por ejemplo, en la disminución del embarazo adolescente, que ha caído un 80% en la última década.
Sin embargo, también lo que estamos viendo en la sociedad chilena es que junto con transformaciones culturales sobre lo que significa la familia, por ejemplo, también hay limitaciones estructurales importantes para poder formar familia. Entonces, un conjunto de políticas que busque abordar la baja fecundidad debiese generar las condiciones para que quienes quieran tener hijos o tener más hijos que los que tienen puedan hacerlo.
Y para eso, por ejemplo, las políticas de conciliación de vida laboral y familiar, políticas que también empujen hacia mayor responsabilidad en términos de género. Pero también a nivel social como la extensión de permisos postnatales parentales. En Chile tenemos un postnatal masculino de solamente cinco días, es un nudo crítico que hay que abordar.
Además de otras medidas que tienen que ver con mayores beneficios y seguridad económica, asociadas a la vivienda, al mercado laboral y, por supuesto, también mayor cobertura de tecnologías de reproducción asistida, que son cada vez una necesidad más importante en una población que está postergando la transición a la parentalidad y que, por lo tanto, cada vez más se enfrenta a problemas de infertilidad social.
-Al ser un tema tan diverso y complejo en su abordaje, ¿Cuál es tu expectativa respecto al trabajo de la comisión, con varios ejes temáticos que se van a abordar en un período corto de tiempo de trabajo? Y que debiese, como toda política pública, trascender en el tiempo y la mirada de un solo gobierno.
-Yo creo que eso que tú dices es clave. Efectivamente el trabajo que vamos a desarrollar con la comisión es desafiante por la complejidad del tema, también por la premura de los tiempos de la política. Pero lo que a mí me motivó a participar tiene que ver con la capacidad de llegar a consensos transversales en términos disciplinarios, políticos, ideológicos, sobre cuáles son las políticas importantes para poder enfrentar este desafío y lograr sostenerlas a mediano y a largo plazo.
Es clave que como país seamos capaces de desarrollar políticas que de alguna manera definan la baja fecundidad como una prioridad a nivel de Estado. Es decir, que esto trascienda la contingencia del gobierno de turno, porque también lo que ha mostrado la evidencia comparada a nivel internacional es que aquello que sirve para revertir la baja fecundidad son políticas que logran implementarse a mediano y largo plazo. Países que han tenido, por ejemplo, inversión económica muy fuerte y que han hecho políticas a corto plazo como Hungría, han visto un aumento en su fecundidad, pero que luego se revierte.
-El gobierno ha instalado particularmente su visión en el fortalecimiento de la familia. ¿Qué te parece ese foco?
-La familia sigue siendo un eje estructurante de la realidad y de la vida de las personas. Cuando todavía a las personas en Chile se les pregunta qué es lo más importante para usted, la familia sigue siendo uno de los ejes centrales, entonces es un eje que en términos empíricos sigue siendo importante. Sin embargo, también es relevante atender a la diversidad familiar que existe hoy día en Chile.
Cuando nosotros hablamos de familia, hablamos de configuraciones que son sumamente diversas: hablamos de mujeres jefas de hogar, de hogares monoparentales, hablamos también, por ejemplo, cada vez más de parejas que no son heterosexuales, hablamos cada vez más de familias que se configuran sin tener hijos. Entonces me parece clave que si el gobierno quiere enfatizar en la familia y ponerla en el centro, debe hacerlo también tomando en consideración la realidad de la diversidad empírica que la configuración de las familias tiene y ha tenido siempre en la sociedad chilena.
-Te he leído diciendo que no hay que enfrentar la baja de fecundidad con políticas pronatalistas, lo que está relacionado también con el término de infertilidad estructural que has trabajado.
-Hay dos argumentos que son centrales. El primero, es que una parte importante de los cambios que están empujando a la baja fecundidad tiene que ver con transformaciones culturales que muy difícilmente pueden ser abordadas desde la política pública. Aquí hay cambios en términos de valores, de orientaciones y expectativas sobre lo que es hacer familia, sobre las vidas que se quieren tener, que muy difícilmente van a cambiar con políticas públicas porque son efectivamente procesos muy complejos y muy profundos. Entonces ahí es realista pensar que efectivamente las políticas van a tener menos efectividad en transformar esos aspectos culturales.
Pero también creo que siempre que nosotros hablamos de alguna manera de cómo la reproducción se vuelve una preocupación del Estado, tenemos que tener muy presente una perspectiva histórica de cómo las políticas de planificación familiar en el mundo, pero también en América Latina, muchas veces también han coartado los derechos sexuales y reproductivos de las personas y han de alguna manera limitado su autonomía reproductiva. Es un tema que no puede obviarse en esta discusión que estamos teniendo sobre políticas para enfrentar la baja fecundidad, por eso a mí me parece tan importante -y es algo que repito porque me parece que es una orientación muy adecuada frente a este tema- que es que nosotros tenemos que apoyar a quienes quieran tener hijos para que puedan hacerlo.
Esto no se trata de que todas las personas tengan que querer o tengan que tener hijos, sino que efectivamente, y eso es un tema empírico también muy interesante, hay en Chile una brecha de fecundidad. Es decir, hay personas que están teniendo menos hijos de los que quieren tener y efectivamente en esas son las familias en las cuales uno debiese enfocarse y poder entregar las condiciones para que esas personas que quieren tener hijos o tener más hijos de los que ya tienen tengan las condiciones para poder hacerlo.
-¿Se puede revertir la baja en la fecundidad, para acercarse a la tasa de reemplazo, o solo se puede contener la caída?
-Yo creo que eso también es un mensaje muy importante, hay que tener expectativas muy realistas y hay que ser muy pragmáticos sobre el alcance y la efectividad de las políticas públicas para enfrentar este desafío. Lo que ha mostrado la evidencia comparada a nivel internacional es que las políticas pueden ayudar a frenar el descenso, estabilizar o aumentar levemente, pero yo creo que un mensaje muy importante es que nosotros no vamos a volver a tener políticas que nos lleven a tener niveles de reproducción por sobre el nivel de reemplazo de la población.
Nosotros no vamos a tener o volver a tener una tasa global de fecundidad por sobre el 2.1. De hecho las últimas estimaciones y proyecciones de población que hace el Instituto Nacional de Estadística, a partir de los datos del censo de 2024, sugieren tres panoramas sobre esta tasa global de fecundidad a futuro y en en el escenario más optimista podríamos volver a tener una tasa de 1.5.
Entonces yo creo que aquí junto con enfrentar el problema de la baja fecundidad y tratar de generar condiciones para que quienes quieran tener hijos puedan hacerlo, asimismo tenemos que asumir que esta realidad demográfica llegó para quedarse. Entonces al mismo tiempo, tenemos que empezar a adaptar nuestros sistemas sociales claves a una población que está cada vez más envejecida y que empieza a decrecer.
Ahí también el Instituto Nacional de Estadística ha hecho un muy buen trabajo en poner las cifras sobre la mesa y hay dos datos que a mí me parecen claves. Desde el año 2028 el crecimiento natural de la población va a ser negativo, es decir, que van a morir más personas de las que nacen. Y en el año 2070, más del 50% de la población va a tener sobre 60 años. Entonces efectivamente esto es algo que está cambiando las dinámicas demográficas, están cambiando la estructura de la población de la sociedad chilena y eso viene aparejado con tremendos desafíos a nivel de política pública.
-¿La adaptabilidad social a esta nueva realidad debiese ser un foco central, por ejemplo, en el trabajo de esta comisión, o tiene un abordaje que la trasciende?
-Eso es algo que por supuesto tiene que definir la ministra y la presidenta de la comisión. Pero creo que si bien son dos fenómenos que están relacionados, también deben trabajarse con independencia por la complejidad que cada uno supone. Una de estas dimensiones tiene que ver con enfrentar la baja fecundidad, poder entender por qué hoy las personas están teniendo tan pocos hijos y generar las condiciones para apoyar a aquellas personas que los quieren tener.
Lo otro es asumir esta realidad demográfica que nos va a llevar a un creciente envejecimiento y decrecimiento de la población, y ver entonces cómo adaptamos todos nuestros sistemas sociales clave: salud, educación, pensiones, mercado laboral, cuidado, economía, a esta nueva realidad demográfica.
Hay también un mensaje importante y que se conversa muy poco, porque generalmente todas las conversaciones que tenemos sobre baja fecundidad son muy distópicas, pero la baja fecundidad también puede tener efectos positivos. Por ejemplo, una disminución de la demanda sobre los sistemas de educación o sobre los sistemas de salud, puede traducirse en una mejora en la oferta y calidad de los servicios. Sin embargo, esos cambios no vienen dados en sí mismo, por eso es tan importante el tema de la política pública, de la planificación para también poder capitalizar aquellas oportunidades que también emergen de la mano de estas transformaciones estructurales de la población en Chile.
-¿A nivel comparado qué es lo que hoy día no funciona? Por ejemplo, ¿el tema de los bonos es efectivo?
-No y de hecho por eso es muy importante que en Chile hagamos un trabajo serio y miremos la evidencia empírica. Efectivamente hay países que nos llevan muchas décadas de ventaja en implementar y evaluar políticas para tratar de revertir esta realidad demográfica, lo que muestra esa evidencia es que políticas de incentivo económico como bonos que se entregan una vez, son políticas que no son efectivas. No porque no tengan efecto, sino que ese efecto tiene que ver mucho más con adelantar nacimientos que iban a ocurrir a edades más tardías. El bono no hace que una persona que no quiera tener hijos los tenga, sino que alguien que quería tenerlos quizás decide tenerlos de manera anticipada. Además son políticas que, si bien pueden generar una transformación, por ejemplo, a nivel de tasa global de fecundidad, es un efecto que es muy temporal y que no logra sostenerse en el tiempo.
El caso de Hungría es un muy buen ejemplo de eso. Pero además son políticas que también pueden generar incentivos perversos para la reproducción, sobre todo en aquellas poblaciones que son más vulnerables como mujeres en etapas tempranas de la vida, poblaciones migrantes o personas que viven en situación de pobreza y vulnerabilidad. Entonces creo que son por distintas razones políticas que la evidencia muestra que no han sido efectivas para abordar este desafío.
-¿Qué países sería bueno mirar? Se ha hablado mucho de Francia.
-Sí, yo creo que efectivamente Francia es el país que uno mira de alguna manera con mejor perspectiva, porque siendo un país que tiene altos niveles de desarrollo económico, donde todas las transformaciones culturales que también están empujando la baja fecundidad en Chile, como las transformaciones de valores en torno a la autonomía, la individualidad, la equidad, están mucho más avanzados que en la sociedad chilena, pero es un país que hoy tiene una tasa global de fecundidad de alrededor de 1.5.
Entonces más allá del tema migratorio que si bien sigue siendo un tema importante en Francia -y muchos países desarrollados que tienen un constante bono demográfico porque efectivamente reciben mucha población joven que viene en edad de trabajar y en edad reproductiva- pero más allá de eso, Francia ha logrado adoptar un conjunto de políticas para apoyar a las familias y sostenerlas a mediano y largo plazo. Entre esas políticas están servicios de cuidado infantil, universales gratuitos y de calidad. Extender permiso postnatal parental para madres y para padres, también contar con mayor flexibilidad en el mercado laboral, financiar técnicas de reproducción asistida que también es algo que en Francia acaba de ampliarse no solamente para la población en general, sino también pensando específicamente en personas que no son heterosexuales o personas que quieren tener proyectos de parentalidad sin una pareja.
Entonces efectivamente es un país que ha tenido el relativo éxito en implementar este conjunto de políticas, pero sobre todo también lograr sostenerlas a mediano y largo plazo.
Y uno puede mirar la mecánica que hay detrás. Sala Cuna Universal, por ejemplo, es un tema que en Chile nos ha costado tanto discutir, es lo que la evidencia comparada a nivel internacional muestra que es la política más importante para entregar las condiciones para que quienes quieran formar familia puedan hacerlo. Tener servicios de cuidado infantil gratuitos, universales y de calidad que estén disponibles para madres y para padres al terminar el permiso postnatal parental y que tengan la duración de la jornada laboral de los padres.
Es una política clave, pero esa política por sí sola -que en sí misma es fundamental- no va a ser la diferencia. De hecho de todas las políticas, la única que puede hacer una diferencia entre cero y un niño, o uno y dos niños, son las políticas de apoyo a la fertilización asistida. Porque ahí tú tienes un conjunto de personas que quieren tener hijos y que enfrentan barreras físicas y fisiológicas para poder concebir, gestar y llevar un embarazo a término.
Entonces esa es la única política que produce una diferencia, pero también las tecnologías de reproducción asistida son muy caras de implementar, tienen altos costos individuales, económicos, relacionales. Entonces tiene de alguna manera matices que son complejos, pero es una política que todos los países desarrollados que están viviendo estas transformaciones demográficas han avanzado en implementar. Es algo que nosotros en Chile hoy día tenemos que regular, porque no hay una ley que regule las tecnologías de reproducción asistida, sino que también mejorar la cobertura en el sistema público. Si bien existe una cobertura en Fonasa, no es suficiente para dar abasto a las necesidades que hoy está teniendo una población que cada vez se convierte en padres a edades más avanzadas.
-Quiero cerrar con el tema de las maternidades, los costos y las cargas que recaen principalmente en las mujeres, ¿Cómo has visto la evolución de este panorama en los últimos años?
-En el trabajo que yo he hecho he podido ver que efectivamente en Chile la maternidad se ha desnaturalizado, algo que alguna vez se asumió como un hito o un evento biográfico que era una parte inherente de las vidas de las mujeres. Hoy es algo que ya no se asume como natural, no se asume como dado y eso significa que al mismo tiempo empieza a ser sujeto de la racionalidad y la reflexividad, pero también de la politización.
Yo siento que en Chile también en los últimos años hemos empezado a visibilizar quizás de manera mucho más honesta, todas las cargas y costos que la maternidad tiene para las mujeres. No solamente en términos del mercado laboral y el tema económico, sino también por ejemplo pensando en la salud mental y en el bienestar subjetivo. A mí me ha impresionado, por ejemplo, el trabajo empírico más reciente, el miedo que las generaciones más jóvenes tienen al embarazo y al parto en términos físicos, el impacto que eso va a tener sobre sus cuerpos.
Entonces hoy en Chile es muy difícil tomar la decisión de ser madre. Yo lo he visto en muchas mujeres jóvenes que se están haciendo la pregunta, tienen quizás el deseo, la aspiración, les gustaría ser madres, les gustaría tener hijos, pero no tienen las condiciones para hacerlo, la estabilidad en el mercado laboral, la suficiente autonomía económica. El tema de la pareja también es un nodo crítico muy importante. En Chile nosotros tenemos una tradición histórica que ha mostrado muy bien el trabajo de Sonia Montesinos, esta idea de la configuración de la familia chilena como el padre ausente, la madre sacrificada y el hijo huacho.
Pesa mucha esta idea de que en realidad en Chile no hay una real corresponsabilidad de género, donde las mujeres también hoy día se enfrentan a muchas dificultades para encontrar parejas con las cuales sientan que pueden compartir esas cargas y costos que la crianza y el cuidado de los hijos lleva aparejado. Y también las mujeres hoy tienen otras aspiraciones y proyectos de vida que no son fáciles de conciliar con la maternidad.
-¿Qué otras áreas de la política pública o del Estado deberían estar preocupadas en particular del tema de las maternidades, respecto al temor que existe sobre los costos y cargas en relación a la decisión de tener hijos?
-Yo creo que por eso avanzar en estas políticas es importante porque todo importa. Quizás un tema clave del que se habla muy poco tiene que ver con incluir más a los hombres. Por los trabajos que me ha tocado hacer en Chile, pero también por la evidencia comparada a nivel internacional, las desigualdades de género son uno de los ejes importantes que hoy están empujando la baja fecundidad. Efectivamente en Chile estamos viviendo cambios culturales muy importantes en torno a la equidad de género. Por ejemplo, la ley de deudores de pensiones de alimentos fue un hito significativo en instalar una expectativa y una demanda de corresponsabilidad al menos en términos económicos, y eso ha empezado a producir cambios en cómo, por ejemplo, los hombres hoy se plantean la parentalidad o el derecho o la posibilidad de tener hijos.
Pero si nosotros queremos que los hombres se involucren más también tenemos que generar las oportunidades institucionales para que lo hagan. Por eso, por ejemplo, ampliar el permiso postnatal parental para que los hombres tengan permiso exclusivo para cuidar y cuidar de sus hijos en las etapas más tempranas de su vida es clave.
-¿Cuál es el nivel comparado con respecto a ese punto?
-Depende con quién nos comparamos, yo creo que eso siempre es un buen punto. Si nos comparamos con otros países de América Latina estamos básicamente en el promedio, si nos comparamos con países de la OCDE o con países de Europa estamos muy por debajo del promedio. Y de hecho todo lo que muestra la evidencia comparada a nivel internacional es que es clave que los hombres tengan permiso postnatal exclusivo para hombres, no que sea de traspaso de la madre.
En Chile por los estudios que hemos hecho, podemos ver que tanto el hombre como la mujer piensan que es más importante que la madre se quede en casa con el hijo. Entonces el Estado tiene que garantizar a ese padre la posibilidad de poder quedarse en casa con su hijo para poder cuidarlo, sin de alguna manera sacar ese tiempo de la madre.
Empezar a generar las oportunidades institucionales para que los hombres participen más de la crianza y el cuidado, es un punto clave y eso cruza nuevamente muchas políticas, como Sala Cuna Universal.