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“Lee, medita, borra y olvida”: los mensajes de Salesiano abusador a su víctima Investigación G. Carraro (imagen generada con IA a partir de una foto de la Diócesis de Talca)

“Lee, medita, borra y olvida”: los mensajes de Salesiano abusador a su víctima

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Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación El Mostrador
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La historia de una joven mujer que fue agredida durante años por sacerdote evidencia que los vejámenes sexuales no solo afectaban a alumnos de establecimientos educacionales, sino a otras personas del entorno religioso.


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“Este es mi lugar y mi espacio”, pensó Ignacia (como la llamaremos, a fin de ocultar su verdadero nombre) la primera vez que entró en contacto con una comunidad de sacerdotes salesianos.

Hoy, luego de asumir que fue violada y abusada sexualmente por un sacerdote de este grupo, y tras vivir varios intentos de suicidio, se encuentra a la espera de que la Corte de Apelaciones de Santiago se pronuncie respecto de su caso en lo civil.

Ya existió una condena penal en contra de su abusador, un sacerdote que le llevaba más de 50 años de diferencia, pero en lo civil la demanda que ella presentó en contra de la congregación Salesiana fue declarada prescrita por el 18 Juzgado Civil de Santiago, por lo cual recurrió al tribunal de alzada, donde la apelación está “en relación” (es decir, a la espera de que se emita el veredicto) hace un año.

Ignacia relata que, al igual como sucede con otras víctimas de abuso sexual eclesiástico, ella provenía de un hogar con muchas carencias y que, cuando entró en contacto con la pastoral de los Salesianos, cuando ella estaba en segundo medio y estudiaba en un colegio de monjas, se sintió a gusto. Comenzó a participar en todo tipo de actividades vinculadas con la Iglesia Católica y admite que “entendí que tenía que entregarme con radicalidad a Dios”.

En ese contexto conoció a un sacerdote de origen italiano, Giuseppe Carraro, quien era considerado -recuerda ella- una especie de santo al interior de la congregación, y quien residía en Antofagasta.

El sujeto se fijó de inmediato en ella, una niña de 15 años, y la primera vez que la vio le dijo “tú tienes un ángel muy especial”. Así comenzó una relación por carta. A la distancia, le escribía largos textos en los cuales la alababa: “creo que el señor me ha regalado un signo de su amor a través de la amistad de una persona bella por dentro y por fuera, muy espiritual, limpia, transparente, inocente y generosa, enamorada de don Bosco y de Mazzarello”, le dijo en uno de los mensajes que hoy están en poder de la justicia, en alusión al sacerdote fundador de la orden y a la religiosa María Dominga Mazzarello, fundadores de la rama femenina de los Salesianos.

Luego, comenzaron los llamados y el sujeto comenzó a viajar cada vez con más regularidad a la ciudad donde ella vivía en aquel entonces, siempre diciéndole que todo era en el plano de la amistad y de Dios. A lo mismo atribuyó la primera vez que le dijo “te amo”.

El sacerdote comenzó a inventar excusas para viajar a verla y pronto (en 2012) le regaló un notebook provisto de video cámara, con el fin de poder comunicarse con ella por las noches y pedirle que le mostrara su cuerpo desnudo, siempre insistiéndole en una frase estándar que, a lo largo de los años, cobró sentido: “Lee, medita, borra y olvida”.

Finalmente, y cuando ella estaba pensando en hacerse monja, fue abusada por primera vez en un recinto religioso ubicado en la comuna de Padre Hurtado, perteneciente a la Compañía de Jesús. Al preguntarle al cura sobre si eso estaba bien, su respuesta fue que “es el amor de Dios que se expresa a través de nosotros”.

Hoy lo ve de otro modo: “yo estuve secuestrada desde los 15 años”, argumenta, explicando que si bien no estaba impedida de desplazarse, sí se hallaba prisionera en términos psicológicos.

Años más tarde, en 2018, ella se enteró de que otra mujer había denunciado a Carraro por abusos cometidos en contra de ella entre 1992 y 1993. Tras eso, y luego de una fuerte crisis emocional, terminó relatando los abusos sufridos por ella a una psicóloga del Centro de Atención a Víctimas de Atentados Sexuales (Cavas) de la PDI, la cual finalmente realizó la denuncia correspondiente.

En esta, la psicóloga indica que luego de todo el tiempo que atendió a la víctima, “se advierte que el sacerdote tiene poder sobre ella, haciendo sugerencias de cómo debía vestir, usar su cabello, y también da cuenta que el sacerdote buscaba intimidad con ella”.

Por lo mismo, Ignacia dice que “me costó mucho separarme de esta persona” y que incluso cuando decidió querellarse sentía culpa por hacerlo. Él, a su vez, trató de convencerla de que retirara la querella y la invitó a hablar con un buen amigo suyo, el sacerdote y exdirector de Canal 13 Raúl Hasbún, a quien un informe del OS-9 de Carabineros identifica como “guía espiritual y abogado canónico” de Carraro.

El sexto mandamiento

En forma paralela, y a raíz de una denuncia interpuesta por la víctima, se inició una investigación canónica en contra de Carraro, cuya primera consecuencia se produjo el 23 de abril de 2020, cuando el Provincial de los Salesianos en Chile, Carlo Lira, envió una carta al imputado, amonestándolo por haber escrito por Whatsapp y por haber llamado telefónicamente a Ignacia.

Ya te he llamado la atención verbalmente en dos ocasiones en las que has generado una grave molestia en (ella)” dice la misiva, en la cual agrega que “la otra denunciante nos comunicó el 14 de enero de 2019 que la habías contactado por correo electrónico y el vicario inspectorial, P. David Albornoz, te llamó la atención el mismo 14 de enero de 2019”.

Luego, el Provincial le decía que “te recuerdo que a causa de ambas denuncias por delitos contra el sexto mandamiento se ha realizado una investigación previa y ahora se está desarrollando un proceso administrativo penal, dispuesto por la Congregación para la Doctrina de la Fe”.

Por cierto, el sexto mandamiento señala “no cometerás actos impuros” o “no cometerás adulterio”, según la versión del Antiguo Testamento que se consulte.

La primera condena

En 2023, el Juzgado de Garantía de Talagante condenó a Carraro a cinco años, por el delito de estupro y abuso sexual, los que debe cumplir con una libertad vigilada especial que contempla la obligación de permanener en su domicilio todas las noches. Además, lo obligó a “cumplir programas formativos de educación sexual”, así como a la inhabilitación absoluta para cargos o empleos en ámbitos educacionales que involucren una relación directa con menores de edad”.

Ignacia relata que su intención siempre fue llevarlo a un juicio oral y pedir que se le acusara derechamente por violación, pero que al final aceptó la posibilidad de un juicio abreviado porque estaba cansada, estresada y agobiada por todo lo que había vivido y por lo que significó la investigación del Ministerio Público.

Casi dos semanas después del fallo penal, el Provincial de los Salesianos notificó a Carraro de que se le había hallado culpable de los delitos de que le acusaba Ignacia (no así respecto del otro caso) y que “se le impone la pena expiatoria perpetua de la dimisión del estado clerical”.

La causa civil

Tras el fallo penal, igual como lo hicieron nueve exalumnos de los Salesianos que fueron abusados en distintos colegios del país, demandó civilmente a la congregación Salesiana.

En el escrito, señala que “los graves abusos de los que fui víctima y que se detallarán en extenso en el siguiente acápite, destruyeron mi proyecto de vida y frustraron mi vocación de consagrarme en la religión católica. Además, como consecuencia de los abusos, he padecido daños severos en mi integridad física y psíquica, los que he soportado hasta el día de hoy y con los cuales tendré que vivir por el resto de mi vida”, planteando que “a través de esta demanda intento encontrar paz, justicia y reparación”.

En la respuesta de la orden religiosa, representada por los abogados Ignacio Vargas, Francisca Amenábar y Francisca Peede, se indicó, en lo esencial, que la causa debía ser prescrita, por haber transcurrido más de cuatro años desde la fecha de perpetración del último acto, la misma tesis presentada en el caso de los exalumnos que demandaron a los Salesianos ante el Séptimo Juzgado Civil de Santiago.

Sin embargo, a diferencia de ese caso, en el 18 Juzgado Civil la jueza Claudia Donoso Niemeyer sí estuvo de acuerdo con los defensores, estimando que efectivamente la causa estaba prescrita y que, por ende, no correspondía indemnizar la víctima, lo que ella pretende revertir en la Corte de Apelaciones.

Un hombre protegido

Hoy, ella explica que si bien Carraro fue despojado de su calidad de sacerdote, sigue siguiendo religioso y por ello, como lo evidencia la documentación judicial, vive en el hogar de los Salesianos Angel Rinaldi, en la comuna de Macul, el mismo sitio donde se suicidó en 2011 Rimsky Rojas y donde por lo general terminan los Salesianos acusados de abusos sexuales.

Allí, dice Ignacia, Carraro tiene un techo, alimentación y salud, en contraste con lo que sucede con la indefensión en que quedan las víctimas, aseverando que “nosotras nos hemos tenido que reinventar una y otra vez para poder salir adelante”.

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