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Mitos y verdades sobre los edulcorantes

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Silvia Peña Pinilla
Por : Silvia Peña Pinilla Periodista - Editora del newsletter Efecto Placebo
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El debate sobre el uso de edulcorantes o endulzantes artificiales suele estar rodeado de mitos y controversias. Para esclarecer qué tan inocuos son y cuál es su verdadero rol en la salud, el endocrinólogo, Hugo Laviada aborda el tema desde una perspectiva estrictamente científica.


¿Le haces el quite al azúcar, pero cuánto endulzante le agregas a tus bebidas? ¿Por qué nos gusta tanto lo dulce? 

Responde el endocrinólogo, investigador, master of medical science, en endocrinología por la Universidad de Sheffield, Inglaterra, y exsenador mexicano, Hugo Laviada Molina, quien señala que existe una atracción innata de los humanos por el sabor dulce.

“Es una característica evolutiva y fisiológica innata en los seres humanos. Desde el nacimiento, el sabor dulce genera sensaciones agradables y activa los centros de recompensa y placer en el cerebro mediante la liberación de dopamina. Esta respuesta biológica estaba asociada originalmente a la búsqueda de alimentos ricos en energía (como frutas o miel) necesarios para la supervivencia. Por lo tanto, el sabor dulce no es intrínsecamente malo, está grabado en nuestra genética, en nuestra evolución, pero requiere moderación para evitar los excesos”. 

Aparición de los edulcorantes

Los edulcorantes tienen más de un siglo de historia. La sacarina fue sintetizada en 1879, por el químico ruso Constantin Fahlberg y su profesor Ira Remsen en la Universidad Johns Hopkins.

Hoy existe una amplia variedad de moléculas (como el aspartame, la sucralosa, el acesulfamo K y los esteviósidos) que, aunque difieren en su estructura química, metabolismo y dulzor, comparten un estricto estándar de seguridad. 

-¿Son seguros para consumirlos en todos los alimentos?

Todos los edulcorantes permitidos en el mercado han sido evaluados toxicológicamente y aprobados por comisiones conjuntas de la FAO y la OMS, así como por agencias reguladoras como la FDA de Estados Unidos y la Agencia Europea de Alimentos. Estos organismos establecen una “ingesta diaria admitida” (IDA), un rango de consumo que cuenta con un margen de seguridad sumamente amplio y difícil de superar en la vida cotidiana.

– ¿Sirven para bajar de peso y controlar la diabetes?

Primero, los edulcorantes no son medicamentos para adelgazar, sino aditivos alimentarios con un aporte calórico prácticamente nulo. Por sí mismos, tienen un efecto neutro sobre el peso, similar al del agua. Sin embargo, sí son una herramienta efectiva para la reducción de peso y el control glucémico si se utilizan para sustituir el azúcar. Al reemplazar las calorías del azúcar, ayudan a generar reducciones modestas de peso y a evitar los picos de glucosa en personas con diabetes. 

El médico agrega que las principales organizaciones internacionales de diabetes respaldan su uso como una alternativa viable dentro de un plan nutricional integral. 

“Los edulcorantes no son la solución de ninguna manera de la diabetes, son una de las herramientas factibles de utilizar dentro del espectro de las cosas que podemos recomendar a nuestros diabéticos para transitar de una dieta no saludable a una dieta que les permita vivir más años y con la mejor calidad con la enfermedad”.

Cáncer, mayor apetito y obesidad

-Sin embargo, hay otras afirmaciones que hablan del riesgo de generar cáncer.

La alarma sobre el supuesto riesgo de cáncer surgió de estudios sobre la sacarina y el ciclamato, con ratones en los años 70. Investigaciones posteriores reexaminaron estos datos y concluyeron que no había tal riesgo y se volvió a aprobar su uso. Actualmente, ningún edulcorante aprobado está prohibido o bajo sospecha científica de causar cáncer.

-También hay publicaciones que informan aumento del apetito y cambios en la microbiota.

Los ensayos clínicos controlados (los estudios de mayor calidad científica) no sustentan las hipótesis de que los edulcorantes alteren negativamente la microbiota o exacerben el deseo de comer más dulces.

-Y a qué se refiere cuando se habla “causalidad inversa”.

La causalidad inversa ocurre cuando se malinterpreta la dirección de una relación de causa y efecto. Y en este ámbito se refiere a los estudios epidemiológicos que sufren un sesgo metodológico: asocian el consumo de edulcorantes con mayores tasas de obesidad o diabetes. Quienes consumen edulcorantes con mayor frecuencia suelen ser personas que ya presentan sobrepeso, antecedentes familiares de diabetes o factores de riesgo preexistentes. Por ende, el edulcorante no causa la enfermedad; es la condición previa de la persona la que motiva el uso del endulzante.

Políticas públicas contraproducentes 

Hugo Laviada alerta sobre el impacto de las políticas públicas sin base científica y critica ciertas medidas regulatorias como las implementadas en México, donde se aprobó un sello de advertencia que desaconseja el uso de edulcorantes en niños. 

Según el especialista, esta medida carece de respaldo científico, ya que los ensayos clínicos en niños con obesidad demuestran que la sustitución de azúcar por edulcorantes ayuda a reducir el peso de forma segura. 

“Esta etiqueta ha generado un efecto contraproducente: por temor al sello, muchas madres prefieren comprar productos con exceso de azúcar, lo que ha llevado a los fabricantes a reformular alimentos (como gelatinas o golosinas) volviendo a añadirles azúcar”, dice Laviada.

Sobre las contraindicaciones médicas, el endocrinólogo señala que la única contraindicación médica formal y aprobada aplica para las personas que padecen fenilcetonuria, una enfermedad metabólica poco común que impide al cuerpo descomponer un aminoácido llamado fenilalanina.

“Estas personas deben evitar el aspartame debido a que contiene fenilalanina (un aminoácido que tampoco pueden consumir a través de proteínas naturales como el pollo o la carne). Para ellos, existen otras opciones seguras como la sucralosa, el acesulfame o la estevia”.

– ¿Usted consume edulcorantes?

Sí, sucralosa, sulfame y aspartame, porque consumo bebidas que contienen estos dos últimos, y porque endulzo mi café con sucralosa.

Añade que no hay que olvidar que los edulcorantes no son ni medicamentos ni son saludables en sí mismos, “sino que me permiten a mí y a las personas que los utilizan sustituir el azúcar por algo que produce un sabor dulce similar”. 

– ¿Cuál es el mejor? 

Pues el que te produzca el sabor dulce, más agradable. Y en esto hay variedad genética. Las personas percibimos el sabor dulce de distintas formas y a algunos los edulcorantes les saben feo.

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