Óscar Landerretche y el fin del sueño chileno: “La prosperidad no basta para sostener una sociedad”
En un capítulo especial por los 14 años de La Mesa, el decano de la FEN regresa al lugar donde nació el programa. Su diagnóstico es inquietante: Chile lleva una década estancado, el sueño de movilidad social se desvanece y la IA amenaza con dejar atrás a millones de trabajadores.
Volver al lugar donde todo comenzó. Hace 14 años, Óscar Landerretche fue el primer invitado de La Mesa. Esta semana regresamos a la Biblioteca Andrónico Luksic de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, donde grabamos aquel primer capítulo.
- La excusa perfecta: el aniversario del programa y el lanzamiento de su nuevo libro, Charchazo: el desarrollo en la era de la violencia.
Chile lleva una década perdiendo terreno frente al mundo y Landerretche cree que el problema va mucho más allá del crecimiento. “Nosotros nos estamos achicando en relación al mundo”, advierte el economista, decano de la FEN y expresidente de Codelco.
- Su tesis es que el estancamiento está erosionando la promesa de movilidad social, alimentando la frustración y creando las condiciones para una sociedad más violenta. “Este es un momento en que no estamos siendo capaces de gobernarlo bien”, afirma.
El fin del sueño chileno. El decano de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile recuerda que durante los 90 y 2000 la promesa era simple:
- Cada generación viviría mejor que la anterior. Comprar un auto, viajar, mandar a los hijos a la universidad. “Ya no estamos en esa época”, señala. El crecimiento se agotó, pero las expectativas quedaron instaladas. Y esa brecha ayuda a explicar buena parte del malestar social.
De los lobos de Yellowstone a los de Wall Street. En su nuevo libro, Charchazo: el desarrollo en la era de la violencia, plantea que el estancamiento económico y el aumento de la violencia son dos caras del mismo fenómeno. Cuando abundan los recursos, todos prosperan; cuando escasean, comienza la pelea. “Cuando hay poco espacio, cuando hay menos recursos y yo tengo que competir duro en un juego de sillas musicales, yo me pongo más violento”, dice.
La IA amenaza con agravar el problema. La tecnología permite crear enormes fortunas sin necesariamente generar empleos.
- “Mucho de ese valor que está en el valor de los activos no es evidente que sea valor apropiable por la masa de trabajadores”, sostiene. Y lanza una frase que resume la incertidumbre de esta nueva era: “El cabro que entra a la universidad no sabe cuál es la economía que va a existir en la salida”.
El capitalismo sin trabajadores tiene un problema político. Landerretche pone como ejemplo a los países petroleros, donde enormes riquezas conviven con economías que necesitan muy poca mano de obra. Pero repartir dinero tampoco resuelve todo. “La gente no puede vivir simplemente como un hámster al que tú le tiras como comida […]. Eso no funciona. No funciona psicológica y socialmente”. La prosperidad material, por sí sola, no garantiza cohesión social.
¿Y qué hacemos en Chile? Su propuesta es dejar de hablar de política industrial y comenzar a hablar de desarrollo productivo. “El Estado induce y genera ciertos incentivos, fomenta ciertas cosas, pero en realidad ese proceso de desarrollo productivo lo hace el sector privado”. Un mensaje que desafía tanto a quienes creen que el mercado lo resuelve todo como a quienes esperan que el Estado sea el protagonista.
- La política tampoco se salva. En su análisis de la crisis de liderazgo global, Landerretche apunta a un mundo donde los países más importantes están en manos de personajes que “uno a duras penas pondría en un reality”. Y advierte que los grandes cambios tecnológicos y económicos son inevitables: la diferencia está en la capacidad política para conducirlos.
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