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María Luisa Méndez: “Existe una acumulación de la riqueza de grupos minoritarios sin precedentes”

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Francisca Castillo
Por : Francisca Castillo Periodista El Mostrador
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La Socióloga y profesora del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica publicó recientemente el libro Mérito, origen o suerte: Trayectorias de éxito y costos subjetivos asociados a la movilidad social en el Chile actual, basado en más de trescientas historias de vida.


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Para la doctora en Sociología la lógica del mérito llega a un extremo donde “observamos estas enormes fortunas forjadas por lecturas de individuos de trayectorias extraordinarias, merecedores de toda esta riqueza. Cuando en realidad son conductos muy complejos que han favorecido estas formas de acumulación”.

La doctora en Sociología, María Luisa Méndez, lleva años estudiando desigualdades sociales y territoriales, con especial énfasis en la evolución de la movilidad social y la reproducción de las élites en Chile.

Su trabajo apunta a lo que el país prefiere no mirar: que el ascenso social nunca ocurre en solitario y que la desigualdad, aunque esté menos visible en el debate público, sigue siendo una de las heridas más profundas. 

La profesora del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica publicó recientemente el libro Mérito, origen o suerte: Trayectorias de éxito y costos subjetivos asociados a la movilidad social en el Chile actual, basado en más de trescientas historias de vida. Junto a un equipo multidisciplinario, la académica analiza los significados y las experiencias actuales sobre la movilidad social en Chile, y el entramado tras la ideología meritocrática

En un nuevo programa de Pensando Chile, la investigadora profundiza sobre estos temas, además de por qué las nuevas expresiones de desigualdad y concentración de la riqueza requieren proyectar un bienestar sostenible para la población, donde las humanidades, las ciencias sociales y la ética ocupan un lugar no negociable.

Dotar a las próximas generaciones de herramientas críticas es, para la académica, la condición mínima para evitar una sociedad distópica.

Movilidad social: desigualdad menos visible, pero igualmente profunda

“Con posterioridad a todo lo que fue el proceso fallido de cambio constitucional, el tema de la desigualdad perdió un poco de fuerza en la discusión pública. Pero eso no significa que el problema, desde el punto de vista de su realidad y su magnitud, haya desaparecido”, señala Méndez. 

Lo que inquieta a la académica no es solo la persistencia histórica de las brechas, sino su aceleración. La concentración de riqueza en grupos minoritarios avanza a una escala sin precedentes, de la mano del desarrollo de las grandes tecnológicas y la inteligencia artificial,  superpuesta sobre desigualdades estructurales difíciles de revertir.

“Hay muchos economistas que dicen que esto incluso está siendo peor que lo que fue en los años 20, que llevaron a una crisis global económica. Eso nos puede llevar a situaciones de exclusión estructural enorme en nuestra sociedad”, advierte.

La investigadora no duda en que el tema volverá a la discusión: “Es un tema que está ahí, y a mí no me cabe duda de que va a volver a aparecer como una preocupación social importante”. 

El entramado social tras el mérito

El libro Mérito, origen o suerte: Trayectorias de éxito y costos subjetivos asociados a la movilidad social en el Chile actual, con más de trescientas personas entrevistadas entre 35 y 60 años, grafica las experiencias de movilidad ascendente en las últimas décadas, y la histórica tensión entre el mérito y el tejido social que lo sostiene.

“Cuando tú conversas con estas personas, incluso las que han interiorizado mucho la lógica del mérito individual, nos damos cuenta que lo que está detrás de esas historias exitosas es un entramado social muy complejo, que va desde familias, redes institucionales en el colegio, redes que tienen que ver con los espacios laborales de apoyo, becas, mentores, en fin. Un entramado tanto privado como público que acude para sostener trayectorias que son tremendamente valiosas para nuestro país”, describe la académica.

El problema, apunta, es que esa conversación no está ocurriendo en Chile. La sociedad sigue anclada en una narrativa donde el logro es producto exclusivo del individuo, y también el fracaso. “Seguimos entrampados en una lógica donde el mérito es individual, entonces por lo mismo también el logro y la satisfacción es individual”, concluye.

En ese sentido, el concepto se ha convertido en un campo de batalla política activa, donde distintas fuerzas del espectro ideológico, incluyendo nuevos actores como el Partido de la Gente, han hecho de la movilidad social su eje discursivo central. Pero según Méndez, el lenguaje del mérito termina siendo un dispositivo para legitimar desigualdades y desactivar cuestionamientos colectivos.

“Somos una sociedad donde el mérito también terminó siendo un lenguaje para hablar de forma codificada de cuánto me merezco, sin reconocer necesariamente el entramado colectivo social en donde las personas están situadas”, afirma.

Para la socióloga esta lógica del esfuerzo individual llega a un extremo donde, por ejemplo, “observamos estas enormes fortunas forjadas por lecturas de individuos que son de trayectorias únicas, extraordinarias, merecedores de toda esta riqueza. Cuando en realidad son conductos muy complejos en un entramado económico que ha favorecido también estas formas de acumulación, desregulando, haciendo una disputa abierta y global en contra del pago de impuestos a la riqueza”. 

“Defender esta idea de que el individuo solo, exitoso, competitivo, merece todo lo que le llega, es una disputa global que está ocurriendo en este momento”, dice. Asimismo, destaca que la dimensión emocional de la movilidad también emerge en los relatos, donde la culpa, la deuda afectiva con la familia de origen también ocupan un lugar relevante. 

Nuevas expresiones de la desigualdad: el desafío de incorporar a la ética y a las humanidades en la discusión pública

Desde el CTCI, Méndez participó en la elaboración de la estrategia recientemente entregada al Presidente José Antonio Kast, que proyecta el desarrollo del ecosistema científico-tecnológico para los próximos años.

El documento pone en el centro la premisa que la ciencia y la innovación deben estar al servicio del bienestar sostenible de la población. “No es el desarrollo de la ciencia por la ciencia, sino que es para un bienestar, para no ensanchar brechas, es para incluir a la población”, dice Méndez.

En ese contexto, destaca que las humanidades, las ciencias sociales y la ética ocupan un lugar no negociable. Dotar a las próximas generaciones de herramientas críticas es, para la académica, la condición mínima para evitar una sociedad distópica. “Una sociedad donde podemos quedar absolutamente polarizados en términos de quienes disfrutan de un cierto bienestar y otra población que va a quedar totalmente excluida. O sea, esa cuestión puede ser así de radical”, advierte.

Méndez ve en las carreras de humanidades -filosofía, antropología, artes, educación- los custodios de algo que la transformación tecnológica puede erosionar si no se la acompaña de reflexión. “Van a ser las carreras que justamente estarán custodiando aquello que podemos llegar a lesionar con esta transformación si no somos lo suficientemente atrevidos para hacernos otras preguntas”, sostiene.

Asimismo, concluye que “esto debiera ser urgentemente una política de Estado, no solo para regular, sino para mostrar un horizonte donde haya una conversación pública en términos de lo que vamos a custodiar, y qué le vamos a traspasar a las próximas generaciones”.

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