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Infantino contra las cuerdas: la UEFA pierde la confianza y abre la puerta a su salida MUNDO

Infantino contra las cuerdas: la UEFA pierde la confianza y abre la puerta a su salida

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La retirada del proyecto que pretendía incorporar inversionistas privados al negocio del Mundial no consiguió apagar la crisis. La UEFA exige investigar a sus responsables, mientras una rebelión interna debilita al presidente de la FIFA a pocos meses de una nueva elección.


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Gianni Infantino cedió, pero la rendición no bastó para cerrar la crisis. El presidente de la FIFA retiró el proyecto con el que pretendía abrir al capital privado una parte del negocio de la Copa del Mundo, después de enfrentar el rechazo de Europa, Asia y Norteamérica y una amenaza de boicot capaz de paralizar el fútbol internacional.

La decisión evitó, por ahora, una ruptura entre la FIFA y algunas de las confederaciones más poderosas del mundo. Sin embargo, trasladó la discusión desde el futuro comercial del Mundial hacia la continuidad de Infantino. En un comunicado excepcionalmente duro, la UEFA declaró haber perdido la confianza en la actual conducción del organismo y advirtió que, al momento de establecer responsabilidades, “no debe descartarse ninguna opción”.

La frase no equivale a una petición formal de renuncia, pero representa un cambio profundo. Hasta hace pocos días, Infantino parecía encaminado a conseguir un cuarto mandato sin oposición. Ahora enfrenta cuestionamientos de las federaciones europeas, una rebelión dentro de su propia administración y las primeras versiones sobre una candidatura capaz de disputarle la presidencia en marzo de 2027.

El proyecto que desató la crisis

La iniciativa se llamaba FIFA Forward Enterprise (FFE) y contemplaba la creación de una filial encargada de concentrar los derechos comerciales y la operación de los principales torneos de la FIFA, incluidos los mundiales masculinos y femeninos.

Según la presentación oficial de la FIFA, la nueva empresa reuniría negocios como la transmisión televisiva, los patrocinios, la venta de entradas, las licencias y la organización de las competiciones.

El plan consideraba recaudar hasta US$4.200 millones mediante la venta a inversionistas de una participación minoritaria cercana al 20%. La filial había sido valorada en aproximadamente US$20.000 millones y la FIFA aseguraba que conservaría el control de las decisiones deportivas y regulatorias.

La promesa para conseguir el respaldo de las 211 asociaciones miembro era elevar significativamente los fondos destinados al desarrollo del fútbol. Cada federación podría recibir US$20 millones durante el ciclo 2027-2030, frente a los US$8 millones contemplados inicialmente, además de recursos extraordinarios para proyectos de infraestructura.

Pero la oferta económica no consiguió disipar las dudas sobre el origen y los beneficiarios del proyecto. De acuerdo con Associated Press, el inversionista principal sería Thrive Eternal, un fondo creado por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.

También surgieron interrogantes sobre el futuro personal de Infantino. La nueva estructura podía permitirle asumir un cargo ejecutivo similar al de un comisionado después de concluir su período al frente de la FIFA, en 2031, con una remuneración potencialmente muy superior a la que recibe actualmente.

La rebelión europea

La UEFA denunció desde el comienzo que no había sido consultada. Tampoco conocían los detalles varias federaciones que habían participado en reuniones con la FIFA durante el Mundial.

Después de una sesión de emergencia, las 55 asociaciones europeas rechazaron de manera unánime el proyecto y acordaron no participar en competiciones organizadas por la FIFA mientras la iniciativa siguiera vigente. La amenaza incluía el Mundial y los torneos juveniles y femeninos.

La posición europea resultaba especialmente peligrosa para Infantino. Sin las selecciones y los clubes del continente, la FIFA habría perdido una parte sustancial del atractivo deportivo, los ingresos televisivos y el valor comercial de sus principales campeonatos.

A la ofensiva europea se sumaron las confederaciones de Asia y de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe. Sudamérica mantuvo una respuesta más cautelosa y anunció que analizaría la propuesta, pero para entonces el proyecto ya había quedado políticamente herido.

Horas después, Infantino comunicó que FFE no seguiría adelante. Explicó que, tras escuchar las distintas posiciones, había concluido que las divisiones generadas por la iniciativa impedían alcanzar su objetivo.

“La confianza no ha hecho más que empezar”

La retirada fue presentada por la UEFA como una victoria del fútbol, pero no como el final del conflicto.

En su comunicado, el organismo europeo acusó a la dirección de la FIFA de intentar imponer un acuerdo opaco, negociado a puerta cerrada y de beneficio dudoso para el deporte. También exigió identificar a quienes lo diseñaron y establecer las responsabilidades correspondientes.

La UEFA recordó, además, las promesas de transparencia formuladas por Infantino cuando buscaba la presidencia de la FIFA en 2016. En ese momento, el dirigente sostuvo que el dinero de la organización pertenecía a las asociaciones nacionales y debía utilizarse exclusivamente para desarrollar el fútbol.

Diez años después, la confederación europea considera incumplidos esos compromisos. El organismo señaló que la FIFA dispone de más de US$5.000 millones en reservas y cuestionó que pretendiera vender parte de sus activos comerciales para financiar nuevos programas.

“La tarea de restablecer la confianza en la FIFA no ha hecho más que empezar”, advirtió la UEFA. La organización anunció que trabajará con federaciones, ligas, clubes y otros actores para proponer una forma alternativa de distribuir los recursos acumulados por la entidad.

Una fractura dentro de la FIFA

El golpe más delicado para Infantino, sin embargo, provino desde su círculo interno.

Carlos Cordeiro, asesor sénior del presidente y exdirigente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, renunció tras asegurar que no había participado en las negociaciones. El antiguo ejecutivo de Goldman Sachs calificó la propuesta como un mal negocio y cuestionó la conveniencia de vender una participación permanente en el principal activo comercial de la organización.

Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA y colaborador de Infantino desde su época en la UEFA, fue todavía más lejos. En declaraciones recogidas por Associated Press, afirmó que los funcionarios habían sido engañados por la falta de transparencia y describió la iniciativa como “el proyecto de una sola persona”.

Lamour sostuvo que los trabajadores de la organización merecían algo mejor que intimidaciones y desprecio, y se mostró dispuesto a perder su cargo por denunciar lo ocurrido. Su intervención transformó una disputa entre FIFA y UEFA en una crisis interna de gobernabilidad.

Infantino continúa al frente de la FIFA y conserva una ventaja electoral considerable. Antes de esta crisis recibió cartas de respaldo de cerca de 200 de las 211 federaciones miembro, según reportó Associated Press. Durante su presidencia ha construido una extensa red de apoyos mediante el aumento de los fondos destinados a asociaciones pequeñas y países con menor peso futbolístico.

Ese respaldo explica por qué su salida está lejos de ser automática. En la FIFA, cada federación dispone de un voto, independientemente de su tamaño, sus resultados deportivos o el valor comercial de sus selecciones. Para ganar una elección se requieren al menos 106 sufragios.

La votación está prevista para marzo de 2027 y el plazo para inscribir candidaturas vence el 18 de noviembre. Hasta ahora no existe un rival confirmado, aunque empiezan a circular los nombres del presidente del Paris Saint-Germain, Nasser al-Khelaïfi, y del dirigente canadiense Victor Montagliani.

La UEFA tampoco ha anunciado todavía qué acciones impulsará. Puede exigir una revisión independiente, promover una investigación ética, respaldar a un candidato opositor o intentar convertir la pérdida de confianza en una ofensiva formal para desplazar a Infantino.

Por ahora, la única certeza es que el presidente de la FIFA sobrevivió a la caída de su proyecto, pero no consiguió recuperar la iniciativa. La amenaza de boicot obligó a Infantino a retroceder y demostró que su poder no es ilimitado. La discusión ya no consiste en determinar cuánto del negocio del Mundial puede quedar en manos privadas, sino cuánto respaldo político conserva el hombre que intentó impulsar esa transformación.

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