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¿Diplomacia nacional o ideológica? Opinión Archivo

¿Diplomacia nacional o ideológica?

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Gabriel Gaspar
Por : Gabriel Gaspar Cientista político, exembajador de Chile y exsubsecretario de Defensa, FFAA y Guerra.
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a competencia por la hegemonía global durará mas tiempo que el pensado y su resultado es impredecible. El mundo de hoy no es el de principios de siglo. Ya no todo se arregla con Tratados de Libre Comercio.


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En los tiempos modernos se entiende que los Estados despliegan su política exterior orientados por sus respectivos intereses nacionales, aquellos que interpretan a la sociedad en su conjunto y que buscan alcanzar objetivos de largo plazo, más allá de la coyuntura.  Eso le da a la diplomacia un inconfundible sello transversal y suprapartidario.

Lo anterior no niega que las sociedades modernas sean formaciones sociales eminentemente diversas, donde se superponen -y a veces chocan- visiones y cosmovisiones de todo tipo, desde la diversidad religiosa hasta las formas de organizar la economía.

Para la conducción del país, en democracia, la elección de las autoridades pasa por la voluntad ciudadana, todo ello normado institucionalmente.

Pero no todo es tan fácil de organizar, dado que todos tenemos una determinada visión del mundo y esta no es unánime. Por ello, es comprensible que en una sociedad democrática surja la diversidad.  Desde la política hasta el folklore. Para algunos este último es el resultado de la creación de un determinado sector social y regional (por ejemplo, los Huasos Quincheros) y por lo mismo, consideran que otro tipo de creaciones -como las de Violeta- sería una suerte de “politización” del género. La diversidad es una característica de las sociedades modernas. Intentar imponer una sola visión es un problema.

Por lo anterior, en aquellos ámbitos eminentemente nacionales, como la política exterior, se asume que esta defiende el interés general de la nación.  El problema puede ser que un gobierno -cuyo mandato es transitorio- someta una política nacional a una determinada visión ideológica. La diplomacia vela por la relación entre Estados, no está circunscrita a relaciones de gobierno.  Por eso los Tratados, para ser válidos, deben ser ratificados por el Congreso.

¿Volvimos a la diplomacia de la Guerra Fría?

En tiempos de la Guerra Fría, Pinochet declaró la guerra a la Union Soviética de entonces (“estamos en guerra señores”, solía afirmar) y no se quedó ahí, pues al poco tiempo su servicio de inteligencia cometió actos de terrorismo (como el asesinato del excanciller Letelier) en el corazón de Washington DC, lo que Estados Unidos no le perdonó.

En tiempos de bipolarismo estratégico, la diplomacia chilena de entonces se peleó con las dos superpotencias de la época. En ese entonces, en la Academia Diplomática se enseñaba el manejo de armas.

Han pasado más de tres décadas y media desde que se cayó el muro de Berlín, desde que se disolvió la Unión Soviética y de el Pacto de Varsovia, pero para algunos pareciera que siguen en pie.

En efecto, hace poco el Canciller de los EE.UU. el cubano americano Marcos Rubio, convocó a una reunión “contra la extrema izquierda internacional”.  Nuestra Cancillería concurrió a dicho encuentro representada por su tercera autoridad. A inicios de marzo, el presidente estadounidense convocó a una reunión en Miami, en un hotel de su propiedad, a un encuentro para fundar lo que llamó “el Escudo de las Américas”.

Se trata de una iniciativa que busca crear un nuevo mecanismo de defensa continental, pero que se formula al margen de la institucionalidad hemisférica y que no da lugar a ningún tratado (es solo una declaración) en la cual se nos informa al continente que las FF.AA. de los EE.UU. participarán en tareas contra el “narcoterrorismo”, invitándonos a concentrar la labor de nuestras FF.AA. en tareas de seguridad y policiales en general.

El mismo mensaje presentó la delegación estadounidense en la Cumbre de ministros de Defensa celebrada hace poco en el Cuzco.

Tanto la Cancillería como el ministerio de Defensa chilenos han mostrado su disposición a estas iniciativas.  ¿Autoridades de Estado que se identifican con posiciones político-ideológicas de terceros países?

El seguidismo en política exterior, ¿Corresponde a nuestro interés nacional?

Pocos días atrás, con posterioridad a una visita a los EE.UU., el canciller declaraba que ese país es nuestro principal socio estratégico. Días después, el gobierno estadounidense aplicó un arancel que nos perjudica y que según trasciende, venía cantado desde hacía meses.

En reciente declaración, el excanciller mexicano, Jorge Castañeda -a quien nadie podría calificar de “izquierdista”- planteaba con realismo los desafíos de la convivencia de los países de América Latina y el Caribe con los EE.UU. destacando la diferencia entre los países sudamericanos y los pertenecientes a la cuenca del Caribe.

La reflexión de Castañeda nos recuerda que no somos los únicos que vivimos estos desafíos y tenemos mucho que aprender en lo que a convivencia con potencias se trata.

México posee una amplia red de consulados en los EE.UU. que no solo son oficinas de trámites, también son centros de organización de su colonia, de los empresarios de ambos lados que negocian entre sí, puntos de referencia con los parlamentarios que representan a esos estados y a sus electores.

México los atiende y llegado el caso, les exhibe sus razones. Qué decir de su embajada en Washington DC. Por ello, no es banal designar como diplomáticos a quienes no conocen el mundo internacional y diplomático, y que carecen de una visión nacional y profesional.  Todo esto que ya es un desafío, cobra mayor importancia en momentos en que el orden mundial está en recomposición. Qué decir de los desafíos que tenemos frente al mundo asiático.

Si algunos piensan que todo se resuelve con reiterar identidades o coincidencias ideológicas pues que lean la historia. Mejor, que lean los diarios.  Un ejemplo es la política internacional de Argentina bajo Milei, quien no se ha cansado de reiterar que su principal interés es tener buenas relaciones con EEUU y con Israel. Para ello ha viajado innumerables veces al Potomac y Jerusalem. Resulta que hace poco el Reino Unido concesionó actividades económicas en el mar en torno a Malvinas a una empresa israelita.  El presidente Trump, por su parte, reclama por la presencia china en AL, pero no tiene ningún problema en viajar a Beijing acompañado de decenas de hombres de negocios. ¿Dónde está la ideología?

El reduccionismo ideológico desconoce -o lee parcialmente- la realidad, que los Estados se mueven por intereses, muchas veces al margen de las ideologías de sus gobernantes.  Sucede algo parecido cuando se confunde política exterior con comercio internacional. Mejor dicho, cuando se reduce la diplomacia a comercio.  Lo anterior puede llevar a graves equivocaciones cuando la geopolítica domina la escena global, como sucede en el actual momento histórico.

¿Qué hacer?

Recuperar a plenitud el carácter nacional que siempre debe tener nuestra política exterior. Para ello existen espacios institucionales: el consejo de excancilleres, las comisiones de relaciones internacionales de ambas cámaras, a las cuales debe mantener informada la Cancillería, y llegado el caso, el Consejo de Seguridad Nacional.  Ojo, vale para la política exterior y también para la política de defensa, las dos principales políticas de Estado.

Precisar los objetivos a alcanzar, realizar la más realista de las apreciaciones, todo eso es necesario, pero no es suficiente.  También es indispensable tripular profesionalmente los puestos de mando y operativos que sea necesario. La competencia por la hegemonía global durará más tiempo que el pensado y su resultado es impredecible.

El mundo de hoy no es el de principios de siglo. Ya no todo se arregla con Tratados de Libre Comercio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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