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Alemania frente al dilema de la ultraderecha: aislarla, competirle o intentar prohibirla MUNDO Créditos: DW

Alemania frente al dilema de la ultraderecha: aislarla, competirle o intentar prohibirla

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La extrema derecha dejó de ser solo un vehículo de protesta. Su avance en el este alemán reabre una pregunta incómoda para el establishment: cómo contener a AfD cuando el cordón sanitario ya no frena su crecimiento electoral.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La victoria de Alternativa para Alemania en Sajonia-Anhalt dejó una señal más profunda que el histórico 43,8% obtenido por la extrema derecha: el partido ya no crece únicamente explotando la inmigración, sino apropiándose del malestar económico, la inseguridad y la desconfianza hacia Berlín. La debacle de la CDU abrió una discusión que va desde revisar la estrategia para aislar a AfD hasta estudiar su eventual prohibición, mientras el empresariado teme las consecuencias de que el voto de protesta se convierta en poder.
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El problema para Alemania no es que Alternativa para Alemania (AfD) haya ganado Sajonia-Anhalt. Eso estaba anunciado por las encuestas. El verdadero golpe está en cómo ganó y, sobre todo, en quién perdió.

Con un 43,8% de los votos frente al 17,2% de la CDU, la extrema derecha no solo dejó al partido del canciller Friedrich Merz a más de 26 puntos de distancia. Hizo algo políticamente más inquietante para los partidos tradicionales: comenzó a disputarles la percepción de competencia para gobernar.

Ese es probablemente el dato más relevante del terremoto electoral del domingo. Durante años, el crecimiento de AfD pudo explicarse principalmente por su discurso contra la inmigración, el rechazo a las élites y el voto de protesta. En Sajonia-Anhalt, esa explicación ya no alcanza.

Los estudios de Infratest dimap posteriores a la elección muestran que la inmigración ni siquiera estuvo entre las principales razones que determinaron el voto. Pesaron más la seguridad social, la situación económica y la paz en Europa. Y eso ocurrió en un estado donde los extranjeros representan alrededor del 9% de la población, bastante menos que el promedio nacional alemán, cercano al 15%.

AfD ganó, por tanto, también donde su principal bandera identitaria no explica por sí sola el voto.

De partido del enojo a partido de las respuestas

Sajonia-Anhalt reúne buena parte de las fracturas que siguen atravesando a Alemania más de tres décadas después de la reunificación. Es un territorio de la antigua República Democrática Alemana, predominantemente rural, con salarios comparativamente bajos, escasez de puestos altamente calificados y una larga pérdida de trabajadores hacia regiones más prósperas. Su PIB per cápita continúa considerablemente por debajo del promedio nacional.

AfD ha explotado ese sentimiento de rezago, pero el domingo demostró que ya no le basta con denunciarlo: consiguió convencer a una parte importante del electorado de que también puede resolverlo.

Según Infratest dimap, un 67% de los consultados considera que AfD entendió mejor que el resto que los habitantes de Sajonia-Anhalt ya no se sienten seguros. Más de la mitad cree que el partido está más cerca de las preocupaciones de los ciudadanos. Y cuando se pregunta qué fuerza ofrece las mejores respuestas para el futuro, AfD aparece especialmente fortalecida entre los jóvenes, pero también encabeza entre los electores de mayor edad.

La señal para la CDU es todavía peor. AfD la supera en confianza ciudadana no solamente en delincuencia y asilo, sino también en política económica, uno de los terrenos históricos de la democracia cristiana alemana. Entre los votantes jóvenes, apenas un 5% identifica a la CDU como el partido con mejores respuestas para el futuro.

En otras palabras, la extrema derecha dejó de capitalizar exclusivamente el rechazo. Está comenzando a apropiarse también de la expectativa.

Merz también estaba en la papeleta

Aunque la elección era regional, Friedrich Merz terminó siendo uno de sus principales derrotados.

Un 59% de los encuestados dijo que el Gobierno federal merecía recibir un voto de castigo. Un 58% identificó precisamente a la CDU como el partido que mayor enojo le provocaba. El canciller, cuya popularidad atraviesa mínimos, fue utilizado con cautela por sus propios correligionarios durante la campaña regional.

El domingo demostró por qué.

La CDU no sufrió simplemente una transferencia de votos hacia un competidor situado más a la derecha. AfD avanzó entre trabajadores, autónomos, hombres, mujeres, jóvenes y mayores. Casi dos tercios de los trabajadores votaron por ella y más de la mitad de los autónomos hizo lo mismo. Además, ninguna otra fuerza captó tantos antiguos abstencionistas en una elección cuya participación rozó el 78%.

Es uno de los elementos que hacen difícil despachar el fenómeno como el voto de un nicho radicalizado: AfD está ampliando socialmente su electorado mientras los partidos tradicionales lo estrechan.

Hasta la puesta en escena apuntó en esa dirección. Ulrich Siegmund, candidato regional de AfD, llegó a votar en una motocicleta Schwalbe de la antigua Alemania Oriental, un símbolo cuidadosamente escogido para conectar con una identidad regional atravesada por la nostalgia y la percepción de que el este ha sido tratado durante décadas como el hermano menor de la reunificación.

Merkel y el problema del cordón sanitario

Fue Angela Merkel quien puso palabras al dilema que queda después de la derrota.

A la excanciller y militante histórica de la CDU le “sangra el corazón” con el resultado y considera lo ocurrido un “punto de inflexión” en la historia de la República Federal. Pero su diagnóstico fue más incómodo que el lamento: cuestionó que los partidos democráticos conviertan el cordón sanitario contra AfD en el centro de su estrategia.

La tesis de Merkel no consiste en levantarlo. Plantea algo distinto: decir al electorado que jamás se gobernará con AfD no basta para recuperar al electorado que ya se fue con AfD.

Para la exjefa de Gobierno, la prioridad debe ser volver a explicar qué ofrecen los partidos tradicionales en asuntos concretos —desde las pensiones hasta la economía— y desde esas diferencias justificar por qué una cooperación con la extrema derecha es imposible. También alertó sobre una campaña en la que, a su juicio, las percepciones y emociones consiguieron imponerse sobre indicadores objetivos como la caída del desempleo.

Ahí aparece la paradoja alemana: cuanto más crece AfD, más costoso resulta aislarla; pero normalizarla puede terminar derribando precisamente la barrera que durante años impidió su llegada al poder.

Sajonia-Anhalt dejó esa contradicción expuesta. AfD obtuvo 39 de los 83 escaños y quedó a solo tres de la mayoría absoluta. El cordón sanitario todavía puede impedir que gobierne, pero ya no impidió que prácticamente uno de cada dos votantes la escogiera.

El salto desde las urnas hacia las instituciones

Por eso la discusión posterior a la elección se desplazó rápidamente desde las coaliciones hacia un terreno mucho más delicado.

Hendrik Wüst, ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia y uno de los dirigentes más relevantes de la CDU, pidió crear un grupo de trabajo para estudiar si existen fundamentos suficientes para abrir un procedimiento constitucional destinado a prohibir AfD.

No es una discusión abstracta. La organización de AfD en Sajonia-Anhalt está clasificada por los servicios de protección constitucional como de extrema derecha confirmada. Y Wüst advirtió de lo que implicaría que el partido accediera efectivamente al poder regional: los estados federados participan en nombramientos y decisiones sensibles en ámbitos como la policía, los tribunales y el monopolio estatal del uso de la fuerza.

La paradoja vuelve a aparecer. Alemania discute jurídicamente si una fuerza puede llegar a representar una amenaza para el orden constitucional después de que esa misma fuerza acaba de recibir el respaldo democrático de más del 40% de los votantes de un estado.

La prohibición, en ese contexto, puede ser una herramienta contemplada por la institucionalidad alemana, pero difícilmente responde a la pregunta política que planteó la elección: por qué millones de ciudadanos dejaron de confiar en los partidos que levantaron el sistema de posguerra.

Cuando el voto de protesta amenaza con convertirse en gobierno

Hay otro sector que ya comenzó a hacer esa pregunta con especial preocupación: el empresariado.

Organizaciones empresariales y economistas han advertido que un Gobierno encabezado por AfD puede terminar agravando justamente algunos de los problemas económicos que impulsaron su crecimiento. Sajonia-Anhalt necesita trabajadores extranjeros para enfrentar su déficit de mano de obra, mientras el partido vencedor propone una política mucho más restrictiva hacia la inmigración.

El comercio alemán también recuerda que la economía depende fuertemente del mercado interior europeo y de la libre circulación. El temor es que una política de aislamiento, o incluso la percepción de un ambiente hostil hacia extranjeros, reduzca todavía más la capacidad de una región envejecida para atraer profesionales e inversiones.

Es la frontera que AfD comienza ahora a cruzar.

Mientras fue un partido de protesta, podía prometer transformaciones profundas sin cargar con sus consecuencias. Con casi el 44% de los votos y la posibilidad real de conquistar por primera vez un gobierno regional, el partido se acerca al momento en que deberá demostrar si aquello que funciona electoralmente también funciona cuando se administra el Estado.

Y para Alemania, quizá allí esté la principal señal que dejó Sajonia-Anhalt.

El domingo no se derrumbó todavía el cordón sanitario. Pero sí quedó en evidencia su límite: puede mantener a AfD fuera del Gobierno, pero no explica cómo recuperar a quienes ya decidieron ponerla dentro del centro del sistema político.

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