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Foto: EFE
La otra derrota del bolsonarismo: cómo Lula le torció la mano al algoritmo
Con Meta bajo la lupa de la justicia, Lula pasó a la ofensiva digital de la mano de André Janones y su ejército de casi 11 millones de seguidores. Académicos explican cómo el lulismo disputó el poder digital del bolsonarismo y qué peso tuvo esa batalla en la remontada electoral.
“Esta fue una elección en la que tuvimos que vencer una intromisión que vino desde afuera, a través de las plataformas digitales”.
La frase de Luiz Inácio Lula da Silva, pronunciada la noche del domingo tras asegurar su cuarto mandato presidencial, no fue una declaración al pasar. Fue una denuncia contra la influencia de las grandes plataformas tecnológicas y una advertencia sobre lo que vendrá: el mandatario brasileño no solo celebraba su triunfo en las urnas, también anunciaba que buscará regular a las empresas que, a su juicio, intentaron interferir en la contienda.
Lula acababa de protagonizar una remontada histórica. Después de perder la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro, por 45,16% contra 47,03%, dio vuelta el resultado en apenas tres semanas y terminó imponiéndose con el 51,79% de los votos frente al 48,21% del hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Más de 64 millones de brasileños lo respaldaron.
Pero la disputa no se libró únicamente en las urnas. Mientras el bolsonarismo intentaba conservar su influencia en las redes sociales, un terreno central para su estrategia política desde 2018, la campaña de Lula denunciaba restricciones en Instagram, problemas de visibilidad y recomendaciones algorítmicas que beneficiaban a su adversario.
🇧🇷🗣 “Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie”, declara Lula
📲 En su discurso de victoria, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva señaló que la elección fue un triunfo contra la “injerencia externa”, destacando además la intromisión de las plataformas digitales, las cuales prometió que regularía.
🗳 Rodeado de simpatizantes, el presidente agradeció, emocionado, al pueblo brasileño que salió a las calles y acudió a las urnas para “defender la democracia”.
Lula resaltó también que se registró el menor número de abstenciones y de votos nulos en la historia del país.
— Sputnik Mundo (@SputnikMundo) October 26, 2026
Lo que comenzó como una denuncia electoral terminó involucrando al Tribunal Superior Electoral (TSE), investigaciones basadas en documentos internos de Meta y cuestionamientos del propio Consejo de Supervisión de la compañía. En paralelo, el lulismo pasó a la ofensiva y levantó una maquinaria digital capaz de movilizar a millones de seguidores.
La victoria de Lula dejó un contraste que destacan los académicos consultados por El Mostrador: ganó en medio de denuncias de desventaja algorítmica, pero también consiguió disputar el poder digital del bolsonarismo. No está demostrado que Meta haya intervenido deliberadamente para favorecer a Bolsonaro ni cuánto incidieron las fallas documentadas en el resultado. Lo que sí quedó a la vista fue una campaña que llevó sus denuncias hasta la justicia electoral y obligó a la compañía a dar explicaciones.
Meta contra las cuerdas
Una investigación de Folha de S.Paulo reveló comunicaciones internas en las que trabajadores de Meta reconocían restricciones que perjudicaron las cuentas de Lula y recomendaciones algorítmicas del perfil de Flávio Bolsonaro en Instagram y WhatsApp, contrarias a las reglas electorales brasileñas.
Entre los problemas figuraban dificultades para promocionar publicaciones de Lula durante casi 24 horas y errores en las métricas de visualización. Su comando estimó que las restricciones publicitarias pudieron costarle un alcance potencial de 1,3 millones de usuarios.
La situación adquirió un carácter todavía más llamativo cuando CTRL+Z reveló que una regla técnica del buscador de Instagram exigía una coincidencia de al menos cinco caracteres para localizar determinadas cuentas de candidatos. El problema era que “Lula” tiene solamente cuatro letras.
La falla impedía que su perfil apareciera correctamente en ciertas búsquedas, mientras las consultas por Flávio Bolsonaro sí funcionaban. También se identificaron comentarios que no aparecían y videos de Lula que quedaban reducidos a seis segundos al compartirse en historias. Un informe interno del 19 de octubre registraba al menos seis incidencias de alta prioridad todavía abiertas.
La controversia llegó a la justicia electoral, que exigió igualdad de trato entre las candidaturas y explicaciones sobre los mecanismos de distribución de contenidos. En vísperas del balotaje, el TSE ordenó incluso reportes cada seis horas sobre el alcance de publicaciones del diputado Nikolas Ferreira y del influenciador Pablo Marçal, ambos vinculados a la campaña de Bolsonaro.
Meta negó cualquier interferencia deliberada. Atribuyó las restricciones publicitarias a fallas técnicas de alcance global y sostuvo que sus sistemas no favorecen candidaturas por razones ideológicas. La justicia, por su parte, advirtió que los antecedentes justificaban investigar, pero todavía no demostraban una manipulación electoral.
Para Eugenia Dos Santos, socióloga por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo y académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago (Usach), la presión de la campaña y la intervención de los tribunales fueron relevantes para enfrentar las irregularidades denunciadas.
“Meta estuvo arrinconada todo el tiempo de la última parte de la campaña de Lula”, afirma a El Mostrador.
La académica considera que la regulación brasileña pudo contener parcialmente los problemas, aunque reconoce que no es posible determinar hasta dónde llegó ese efecto. También destaca que Lula cambió su estrategia comunicacional durante la segunda vuelta, pasando de una campaña más tradicional a otra volcada sobre las plataformas.
El general de Lula y su ejército digital
Mientras Meta respondía ante los tribunales, Lula preparaba su contraofensiva. Allí apareció André Janones, diputado de Rede Sustentabilidade y creador del canal de WhatsApp Exército do Lula, que alcanzó alrededor de 10,8 millones de seguidores.
La estrategia consistía en organizar misiones diarias: compartir videos, multiplicar publicaciones, impulsar etiquetas y sumar participantes. El objetivo era convertir a los seguidores en multiplicadores de los mensajes de campaña.
El crecimiento fue explosivo. Según datos de SocialBlade recogidos por BBC News Brasil, el Instagram de Janones pasó de 2,78 millones de seguidores durante la primera vuelta a 6,88 millones el 23 de octubre: un aumento del 147%.
La ofensiva tampoco estuvo libre de polémicas. La campaña de Flávio Bolsonaro acusó al canal de difundir desinformación y consiguió su suspensión temporal. Tras resoluciones judiciales contrapuestas y su registro ante la justicia electoral, el canal volvió a funcionar. Un informe técnico del TSE no encontró, en las publicaciones examinadas, las afirmaciones falsas denunciadas.
Janones terminó convertido en protagonista de la celebración. El domingo, Lula lo llamó públicamente su “general” y le agradeció haber mantenido la moral de sus seguidores durante la campaña.
Dos Santos considera que ese trabajo fue uno de los factores clave de la ofensiva electoral. Destaca que Janones estuvo permanentemente encargado de las redes, denunciando y confrontando, mientras el lulismo aprendía a disputar un terreno en el que el bolsonarismo llevaba años construyendo influencia.
El resultado fue una izquierda mucho más activa digitalmente. Pero el crecimiento del Exército do Lula no permite establecer cuántos votos consiguió movilizar ni demuestra que los algoritmos hayan cambiado de orientación.
Este es el genio detrás de la victoria de Lula. Propuso un ejército de activistas digitales en Whatsapp y combinar redes al máximo con las calles.
Los seres humanos le ganaron la batalla a los bots falsos de los grandes adinerados del mundo y el software de escrutinio era totalmente público. https://t.co/mT3XAjLHy8
— Gustavo Petro (@petrogustavo) October 26, 2026
Un clic no es un voto
Guillermo Bustamante, experto en análisis de campañas electorales digitales y director del Doctorado en Comunicación de la Universidad de los Andes (Uandes), plantea a El Mostrador que el resultado brasileño deja una lección sobre los límites del poder de las plataformas.
“Un clic y un like no es igual a un voto”, advierte.
Para el académico, las denuncias contra Meta instalaron una discusión relevante sobre la opacidad de los algoritmos, pero no necesariamente fueron un factor decisivo en la elección. Lo que distingue la remontada, sostiene, es la capacidad de convertir la movilización política en participación efectiva.
“Las plataformas digitales sí tienen un poder sobre la circulación del debate público, pero no es absoluto frente a la política tradicional”, explica.
El profesor Bustamante destaca la organización territorial, el contacto directo con los electores y la intervención de las instituciones electorales como contrapesos frente a eventuales desventajas digitales.
Las cifras ayudan a dimensionar la remontada. Lula sumó aproximadamente 10,4 millones de votos entre ambas vueltas, frente a los 3,7 millones adicionales de Bolsonaro. La abstención también disminuyó, desde 21,08% hasta cerca del 19,2%, según el TSE. Nada de eso permite atribuir directamente el crecimiento electoral a WhatsApp o Instagram.
“La mejor defensa contra la manipulación no es el control, sino que es fortalecer la confianza institucional y generar una conexión directa con la ciudadanía”, sostiene el académico.
La victoria brasileña vuelve a instalar una discusión que trasciende sus fronteras: las plataformas tienen un enorme poder para amplificar, restringir y ordenar el debate público, pero ese poder no es absoluto y sus decisiones pueden ser sometidas a controles institucionales.
Lula parece haber tomado nota. En su discurso de victoria prometió avanzar en la regulación de las grandes tecnológicas y dar mucho más espacio a la comunicación digital durante su próximo gobierno.
El bolsonarismo perdió la presidencia, aunque conserva una importante fuerza parlamentaria y electoral. Tampoco desapareció su influencia en las redes. Pero la campaña demostró que la derecha brasileña ya no disputa sola ese terreno.
Lula denunció al algoritmo, llevó la pelea a la justicia y levantó su propio ejército digital. La remontada, sin embargo, terminó de construirse fuera de las pantallas: donde los seguidores dejan de contar como interacciones y empiezan a contar como votos.
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