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Midterms 2026: Trump se juega el Congreso y el control de su agenda MUNDO

Midterms 2026: Trump se juega el Congreso y el control de su agenda

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Con los demócratas perfilándose como favoritos para recuperar la Cámara, y una estrecha disputa en el Senado, el resultado de este 3 de noviembre podría alterar el equilibrio de poder en el Congreso estadounidense y abrir espacio para contener la agenda de Donald Trump.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
Las elecciones de medio término renovarán toda la Cámara y 35 escaños del Senado, pero su alcance político va más allá de esas disputas. Los votantes evaluarán indirectamente la gestión de Trump en economía, inmigración y política exterior y, al mismo tiempo, definirán cuánto poder legislativo conservará durante la segunda mitad de su mandato. Una pérdida de la Cámara ampliaría la capacidad fiscalizadora demócrata; perder también el Senado estrecharía aún más el margen de la Casa Blanca.
Desarrollado por El Mostrador

El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses acudirán a las urnas en unas elecciones de medio término que se interpretan como un referéndum sobre la gestión del presidente Donald Trump. El resultado pondrá a prueba el respaldo político a la segunda etapa de su mandato y podría determinar cuánto margen tendrá para avanzar con su agenda sin un Congreso alineado con la Casa Blanca. En juego están los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 puestos del Senado, en unos comicios que han adquirido un marcado carácter de plebiscito sobre el gobierno republicano.

El escenario es especialmente relevante para Trump, porque los republicanos llegan a la elección controlando ambas cámaras y con una mayoría que, durante los dos primeros años, ha sido ampliamente funcional a sus decisiones. Una derrota en la Cámara –donde los demócratas aparecen con opciones concretas de recuperar el control– abriría un escenario de mayor confrontación política, mientras que una victoria opositora también en el Senado podría entregar a los demócratas herramientas para ejercer un contrapeso más efectivo sobre el Ejecutivo.

Según el promedio de encuestas de RealClearPolitics, los demócratas lideran con claridad la intención de voto para esta Cámara, con un 51,1% de apoyo frente al 42,8% de los republicanos. En el Senado, en tanto, varias carreras permanecen abiertas, entre ellas, Texas, donde el demócrata James Talarico aventaja por tres puntos a Ken Paxton, y Michigan, donde Abdul El-Sayed supera por 2,7 puntos al republicano Mike Rogers.

La magnitud del desafío explica también el inusual protagonismo que han adquirido figuras nacionales de ambos partidos en la recta final. Aunque su nombre no aparece en la papeleta, Trump ha desplegado una intensa agenda de campaña para movilizar a su base, con mítines prácticamente diarios y llamados explícitos a sus seguidores a votar como si él mismo estuviera en juego. Mientras Barack Obama y Kamala Harris han reaparecido en distintos estados para pedir el voto demócrata.

Para Jeanne Simon, académica de la Universidad de Concepción, la presencia de estas figuras demuestra que “estas elecciones son un referéndum sobre el segundo mandato de Trump”.

En las midterms, sin embargo, no solo está en juego su dimensión electoral. También puede marcarse un cambio en el equilibrio de poder entre la Casa Blanca y el Capitolio. “Yo creo que esta elección del martes próximo es completamente trascendente”, plantea Gilberto Aranda, académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, quien sostiene que durante los últimos dos años “el Congreso ha sido prácticamente ignorado” y que la mayoría republicana ha sido “completamente funcional” a las decisiones de Trump.

Según Aranda, el alcance de una eventual derrota republicana excedería el enfrentamiento partidista. “El Congreso tiene un papel muy importante, incluso más allá del presupuesto”, advierte, especialmente en materias de seguridad externa y política exterior, áreas donde el Congreso mantiene atribuciones relevantes. Por eso, sostiene que una eventual victoria demócrata en ambas cámaras podría no limitarse a una señal simbólica de rechazo al presidente, sino abrir también un escenario de mayor contención al poder presidencial y modificar parte de las decisiones impulsadas desde la Casa Blanca.

Referéndum sobre Trump y el protagonismo de Obama

El escenario electoral supone el mayor desafío político para Trump desde su regreso a la Casa Blanca, debido a que atraviesa los peores niveles de aprobación de su mandato. Una encuesta Reuters/Ipsos difundida esta semana la situó en 32%, mientras el costo de vida y el precio de los combustibles aparecen entre las principales preocupaciones del electorado.

La economía se ha convertido así en uno de los principales flancos para el mandatario. El aumento de los precios está golpeando particularmente a los hogares estadounidenses y ha debilitado la promesa de Trump de recuperar el poder adquisitivo perdido durante los últimos años.

Para la académica Jeanne Simon, este es precisamente el principal motivo tras el deterioro de la popularidad presidencial. “El factor principal que explica la baja en aprobación es el aumento en el costo de vida, el cual se asocia con el manejo económico y la guerra con Irán”, sostiene. A ello suma un segundo elemento: “El actuar de ICE con latinos y otros inmigrantes”.

Simon apunta además a la inconsistencia comunicacional, ya que “en sus discursos él niega que hay problemas económicos y no ha planteado soluciones”.

Por su parte, Aranda señala que el componente económico también resulta central. “Los factores que explican la baja aprobación son la economía y una inflación que no se esperaba, con un precio del barril de petróleo que a los contribuyentes les parece particularmente llamativo en un gobierno que hacía gárgaras de saber controlar la situación frente a la anterior administración”, afirma.

Aranda agrega que otro elemento de desgaste es el involucramiento de Estados Unidos en conflictos internacionales. “Para una parte de la población, sin lugar a dudas, más que una distracción, es un involucramiento en un tipo de conflictos que a Estados Unidos no tendría que interesarle”, apunta.

El carácter plebiscitario de los comicios también se explica por el papel que ha desempeñado el Congreso durante los primeros dos años del segundo mandato. Aranda dice que, aunque todas las elecciones de medio término tienen un componente de evaluación del Gobierno de turno, esta vez existe una particularidad, ya que Trump “en algunas materias francamente ha ignorado al Congreso”, mientras la mayoría republicana ha sido “particularmente funcional”.

Una victoria demócrata en la Cámara permitiría a la oposición aumentar sustancialmente su capacidad de fiscalización. Si además lograra conquistar el Senado, el escenario sería todavía más complejo para Trump. “Ahí sí el Congreso puede hacer algún tipo de contención o sentar límites al poder presidencial en algunas materias donde tradicionalmente el concurso del Poder Legislativo fue absolutamente crucial, como en materia de seguridad externa, política exterior”, explica Aranda.

Sin embargo, el control demócrata tampoco significaría necesariamente el fin de la capacidad de acción presidencial. Simon recuerda que Trump puede continuar utilizando órdenes ejecutivas sin necesidad de negociar con el Congreso.

En medio de esta disputa ha irrumpido con fuerza Barack Obama. El expresidente volvió a la campaña electoral para respaldar a candidatos demócratas en estados decisivos como Ohio, Michigan y Georgia, convirtiéndose en uno de los principales rostros del partido en la recta final.

Obama ha utilizado sus discursos para atacar directamente a Trump por la economía, los aranceles y la guerra con Irán. En Michigan sostuvo que los estadounidenses tienen la oportunidad de decir “¡basta ya!” después de “dos años de caos, crueldad, corrupción e incompetencia”. En Ohio, calificó la guerra con Irán de “innecesaria” y la vinculó al aumento de los precios de los combustibles.

En Georgia, el exmandatario presentó las midterms como una oportunidad para limitar el poder de Trump, llamándolas la “última, mejor oportunidad” para contener al presidente.

La apuesta demócrata, sin embargo, tiene un límite. Simon advierte que, si la oposición logra imponerse, deberá demostrar capacidad de gobernar y preparar desde ya el escenario presidencial de 2028. “Deben demostrar su capacidad de gobernar, pero veo difícil que logren cambiar el contexto económico y el presidente tiene mayor rol en relación con la política exterior”, puntualiza.

El imaginario de fraude que busca instalar Trump

Otra de las estrategias desplegadas por Trump ha sido anticipar un eventual cuestionamiento de los resultados. En los últimos días, intensificó sus acusaciones sobre posibles irregularidades y ha impulsado acciones desde su administración que han puesto al sistema electoral en el centro de la disputa.

“Cualquiera que denuncie fraude electoral en las elecciones pasadas, o en las próximas elecciones de medio término de 2026, recibirá 1.000.000 de dólares tras el arresto y la condena de quienes hayan cometido el fraude”, dijo en su plataforma Truth Social.

La ofensiva también ha tenido una dimensión institucional. El Departamento de Justicia intensificó sus acciones sobre procedimientos electorales en distintos estados, entre ellos, California y Alaska. En este último caso, la administración presentó una demanda para intentar impedir la certificación de los resultados si una determinada carrera senatorial termina con una estrecha victoria demócrata. En California, el Gobierno ha presionado para acceder a información sobre los padrones y presuntas votaciones de personas que no serían ciudadanas.

El discurso recupera así una estrategia conocida de Trump, es decir, sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso antes de conocer el resultado. Para Simon, el escenario es previsible si los republicanos pierden el control del Congreso. Trump –afirma– podría responsabilizar a “los ‘malos candidatos’ y al hecho de que su nombre no estaba en el voto” y, al mismo tiempo, “cuestionará la legitimidad de la elección debido a fraude electoral”.

“Es una mezcla del estilo tradicional de Trump, pero también con una cuota de desesperación. Hay una cuota de incertidumbre importante”, indica Aranda.

El académico considera que generar incertidumbre puede transformarse en una herramienta política para el mandatario. “Es una oportunidad para finalmente terminar predominando”, plantea.

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