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El estilo de liderazgo de Kast: “todo va a andar bien…” Opinión

El estilo de liderazgo de Kast: “todo va a andar bien…”

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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La Moneda y los partidos de Chile Vamos deben tener en cuenta que la mantención obtusa de Rabat, incluso aunque lograra sortear una Acusación Constitucional, significaría un daño de imagen permanente e irreversible que acompañaría a esta administración.


La intervención del Presidente José Antonio Kast en la Enade fue surrealista. A ratos pareció la homilía de un sacerdote exponiendo ante un grupo de feligreses a los que debía transmitirle ánimo y optimismo a costa de frases cargadas de mensaje de fe, volviendo a recurrir al slogan que repitió una y otra vez en campaña: “todo va a estar bien”, como si el solo decretarlo bastara para cambiar la realidad de un país. Lamentablemente para Kast, una frase dicha en campaña genera expectativas, ilusiones, esperanzas y una especie hipnótico. Cuando ya se está en el poder, produce un efecto contraproducente: ¿de quien debo esperar que las cosas estén bien? Del gobierno, por supuesto, del propio Kast.

El relato del Presidente pareció una súplica a los empresarios, más que una propuesta concreta para que se comprometieran con el empleo. Los invitó a “ponerse” con un puesto de trabajo más a cada asistente. Un mensaje algo ambiguo -y liviano- para enfrentar dificultades como desempleo más alto desde 2021 -9.8%-, desde la pandemia, completando seis meses por sobre el 9%. Por cierto, el dato no es menor, porque ya no sólo no pueden echarle la culpa a la administración anterior, que terminó con 8.3% y jamás alcanzó el 9%, sino que además deben explicar porque desde que asumió este Gobierno las cifras se dispararon.

Y si no bastara con una prédica cargada de frases bastante disonantes con la realidad actual, José Antonio Kast remató su intervención con una frase –¿metáfora o hipérbole? – que desconcertó a la audiencia a tal nivel, que apenas asomaron un par de risas nerviosas. “El mejor país de Chile, hermano”. Por cierto, el Presidente intentó -fallidamente- usar un recurso para convencer al empresariado chileno que este es un buen lugar para invertir considerando que antes señaló “Chile fue un ejemplo, un faro en Latinoamérica, y podemos volver a hacerlo” y “ha llegado el momento de invertir, de superar el pesimismo y trabajar por nuestro Chile”.

El ambiente de templo católico que parece haber querido generar Kast frente al gran empresariado, contrastó con la crisis que el Ejecutivo está enfrentando por el caso decretos. Un par de días antes, el Presidente le ratificó su confianza al ministro Rabat, provocando un verdadero terremoto dentro de su propia coalición y dándole a la oposición una oportunidad inesperada para unirse frente a la medida tomada por el ministro que despertó un rechazo total en la ciudadanía.

Luego de seis días en que el Presidente se mantuvo en silencio, la puesta en escena utilizada hace una semana, lejos de calmar las aguas, aumento las grietas entre Republicanos y Chile Vamos y dejó más dudas que certezas. Además, inmediatamente después de la ratificación de Rabat se fueron conociendo antecedentes que complican más al ministro. La autoridad no solo había sido advertida por Jaime Gajardo -en febrero de este año- sino también por sus asesores. También se conoció que el exsubsecretario Luis Silva (Republicano) concedió el beneficio a condenado por abuso antes de que se resolviera su recurso de amparo en Corte de Valparaíso. Este es un punto crucial para entender la raíz del problema. Todo indica que el ministro y los dos subsecretarios actuaron consciente de la decisión que estaban tomando.

Y siguiendo en la cadena de errores que ha significado este caso, Luis Silva además, publicó un video en su cuenta personal, pero en su escritorio de trabajo con la foto de Kast atrás y la bandera chilena de fondo para intentar explicar su conducta. La puesta en escena se entendió de inmediato como una forma de salvarse solo, aunque a estas alturas pareció ser parte de un libreto pre armado para proteger a Rabat, lo que terminó por costarle el cargo al exconstituyente consagrado del Opus Dei.

Sin embargo, despedir a Silva no calmará las aguas ya que se entendió como la clásica estrategia política de cortar el hilo por lo más delgado. Mantener a Rabat, supongo que implicó una evaluación de riesgos por parte de La Moneda, partiendo por la Acusación Constitucional que presentará la oposición. No hay ninguna duda que las oposiciones irán en bloque, mientras en el oficialismo ya comenzaron las voces disidentes, especialmente en la UDI y algunos PDG. Esto no significa que van a votar a favor de la destitución de Rabat, pero en política se usan otros recursos como enfermarse ese día o sufrir una repentina necesidad de ir al baño…

Así las cosas, Rabat debería dejar su cargo más temprano que tarde. De ahí que no se entiende la tozudez del mandatario para mantenerlo, con el costo de imagen pública y un quiebre con Chile Vamos. A lo mejor el presidente está tratando de no sacrificar al ministro pensando en el grupo objetivo que puede dañar: el pinochetismo republicano y del PNL. Recordemos que Rabat fue uno de los abogados del dictador en el caso Rigg.

La Moneda y los partidos de Chile Vamos deben tener en cuenta que la mantención obtusa de Rabat, incluso aunque lograra sortear una Acusación Constitucional, significaría un daño de imagen permanente e irreversible que acompañaría a esta administración. Si hoy no son capaces de ver el costo político, en 2028 cuando vengan las elecciones, muchos estarán arrepentidos de hoy cerrar filas con una decisión que ha sido duramente juzgada por la ciudadanía.

Pero de fondo, lo que está en juego es el tipo de liderazgo de José Antonio Kast. El mandatario ha mostrado lentitud para tomar decisiones con un exceso de delegación en algunos ministros, en particular Jorge Quiroz, quien no goza de buena imagen en la ciudadanía, proyectando un sello macroeconómico por sobre la seguridad y los intereses y necesidades del ciudadano común. Esto está proyectando debilidad y reacciones tardías en momentos de crisis como en el bencinazo, las salidas tempranas de ministras, la renuncia de más de 50 autoridades regionales y por cierto en el caso decretos. De ahí que este episodio ha dejado en evidencia la falta de conducción estratégica por parte del presidente y un déficit político alarmante. Esto contrasta con alocuciones, como la de Enade, en que Kast pareciera estar volviendo a un discurso de campaña algo romántico y plagado de mensajes tranquilizadores –“todo va a estar bien”- que suenan más a bien una ironía para el momento político y económico que estamos viviendo. No sé porque, pero eso de somos “¡El mejor país de Chile, hermano!” me hizo recordar el “Chile es un oasis” de Piñera a comienzos de octubre de 2019.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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