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Las claves del gobierno de Eisenkot: servicio militar, seguridad y salida de Netanyahu MUNDO Crédito: EFE

Las claves del gobierno de Eisenkot: servicio militar, seguridad y salida de Netanyahu

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Ante los decisivos días que se avecinan para el país, ya anunció el domingo que, para formar el próximo Gobierno de Israel, recurrirá a “medidas políticas creativas y poco habituales”.


El presidente de Israel, Isaac Herzog, encargó este domingo al líder opositor Gadi Eisenkot formar el próximo Gobierno, después de que 67 de los 120 diputados de la Knéset recomendaran su nombre. El resultado supone un cambio relevante en el equilibrio de poder: aunque el Likud de Benjamin Netanyahu volvió a ser la lista más votada, con 27 escaños, el bloque que lo respalda quedó en 53, ocho por debajo de la mayoría parlamentaria. Eisenkot, en cambio, recibió más recomendaciones que Netanyahu y tendrá la primera oportunidad para intentar construir una coalición.

El retroceso de Netanyahu se aprecia con mayor claridad al comparar el resultado con las elecciones anteriores. En 2022, el Likud obtuvo 32 escaños y el bloque que terminó formando el actual gobierno alcanzó 64. En la elección del 27 de octubre, el Likud cayó a 27 y el bloque oficialista quedó en 53. Al mismo tiempo, los partidos árabes aumentaron de 10 a 19 diputados, su mayor representación histórica, mientras el bloque encabezado por Eisenkot llegó a 48. La participación electoral alcanzó además 77,98%, uno de los niveles más altos de las últimas décadas.

El resultado fue interpretado durante la campaña como un referéndum sobre el liderazgo de Netanyahu, en particular después del ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. Entre los temas que marcaron la elección estuvieron las responsabilidades políticas por las fallas de seguridad de ese día, el manejo de la guerra, la situación de los rehenes, las exenciones del servicio militar para los ultraortodoxos y la controvertida reforma judicial impulsada por Netanyahu antes de la guerra. Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, construyó buena parte de su campaña sobre la necesidad de un cambio de rumbo y de una mayor igualdad en las obligaciones militares.

A esto se suma el debilitamiento de algunos de los partidos que tradicionalmente han permitido a Netanyahu construir mayorías. Shas pasó de 11 a seis escaños, mientras el bloque ultraortodoxo mantuvo siete diputados a través de Judaísmo Unido de la Torá (UTJ). Este último, sin embargo, se negó durante las consultas presidenciales a recomendar a Netanyahu, pese a haber sido uno de sus aliados tradicionales. El partido dejó abierta la posibilidad de apoyar a un candidato que garantice sus demandas sobre el estudio religioso y el servicio militar de los ultraortodoxos

El calendario

Eisenkot dispone de 28 días para formar gobierno, hasta el 6 de diciembre, y Herzog puede concederle una prórroga de hasta 14 días, lo que llevaría el plazo hasta el 20 de diciembre. Si fracasa, el presidente puede encargar la tarea a otro diputado, una posibilidad que podría devolver la iniciativa a Netanyahu. En ese caso, el actual primer ministro tendría 28 días, sin una nueva extensión. Si tampoco consigue formar gobierno, se abre un plazo adicional de 21 días para que los diputados propongan a otro candidato. Si tampoco existe acuerdo, la Knéset se disuelve y se convocan nuevas elecciones.

Mientras dure este proceso, Netanyahu seguirá ejerciendo como primer ministro al frente de un Gobierno en funciones. Por eso, el resultado electoral no significa todavía que haya abandonado el poder. Lo que cambió es su posición para conservarlo: por primera vez después de las elecciones, es su principal rival quien tiene formalmente la iniciativa para intentar formar gobierno.

El ábaco sobre la mesa

El bloque opositor propiamente tal suma 48 escaños: 21 de Yashar!, el partido de Eisenkot; 12 de B’Yachad, de Naftali Bennett; ocho de Los Demócratas y siete de Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman. El problema es que necesita al menos 13 apoyos adicionales para superar los 61 diputados necesarios para una mayoría estable.

Los otros 19 escaños corresponden a la Lista Conjunta, con 11, y Ra’am, con ocho. Ambas formaciones recomendaron a Eisenkot ante Herzog, aunque eso no significa que estén necesariamente dispuestas a ingresar a un gobierno. La Lista Conjunta ha planteado la posibilidad de respaldar un Ejecutivo desde fuera, mientras Ra’am ya participó en el gobierno de coalición de Naftali Bennett y Yair Lapid en 2021.

La legislación israelí no exige que un candidato tenga previamente 61 votos afirmativos para recibir el mandato. Un gobierno puede sobrevivir con menos de 61 diputados si logra evitar una mayoría parlamentaria en su contra. Esto abre la posibilidad de un Gobierno minoritario, aunque su estabilidad dependería del apoyo externo de partidos árabes o de acuerdos puntuales con otras fuerzas.

Gobernar en minoría o buscar un pacto

El problema para Eisenkot es que las fuerzas que lo apoyaron ante Herzog tienen diferencias importantes. Su partido ha prometido un “Gobierno sionista”, mientras Lieberman ha rechazado depender políticamente de las formaciones árabes. Al mismo tiempo, Eisenkot plantea avanzar hacia un sistema de servicio militar o civil para todos, una posición que choca directamente con las demandas de los partidos ultraortodoxos.

Por eso, otra posibilidad es que intente incorporar a sectores del bloque de Netanyahu. Eisenkot invitó al Likud y al Sionismo Religioso a participar en un “Gobierno de emergencia nacional”, pero ambos han rechazado esa posibilidad si Netanyahu no encabeza el Ejecutivo. Netanyahu, por su parte, ha planteado la formación de un gobierno de unidad compuesto por partidos sionistas y ha descartado una coalición que dependa de los partidos árabes.

El propio Herzog había planteado durante las consultas la posibilidad de algún tipo de reparto del poder entre los dos grandes bloques, pero Yashar! descartó esa fórmula. Así, Eisenkot deberá decidir entre buscar un gobierno minoritario con respaldo externo, intentar atraer a partidos ultraortodoxos o conseguir algún tipo de acuerdo más amplio con sectores que actualmente respaldan a Netanyahu.

Negociaciones por fases

Eisenkot ya anunció que utilizará “medidas políticas creativas y poco habituales” para intentar construir la coalición. Su estrategia contempla inicialmente consolidar un núcleo entre sus aliados más cercanos y luego ampliar la negociación hacia otros partidos.

Las conversaciones estarán además condicionadas por una investigación del Shin Bet sobre una supuesta financiación extranjera destinada a influir en las elecciones. El jefe del servicio, David Zini, solicitó interrogar a dirigentes de partidos árabes, aunque no se han presentado públicamente pruebas que permitan establecer que existió una intervención extranjera en el proceso electoral. La controversia se suma a las acusaciones de Netanyahu sobre supuestas irregularidades vinculadas al voto árabe, cuestionamientos que las autoridades electorales no han respaldado como una alteración de la integridad de los comicios.

Antes de avanzar hacia una eventual coalición, la oposición también pretende medir su fuerza en la nueva Knéset mediante un intento de reemplazar al presidente del Parlamento, Amir Ohana, del Likud. La nueva Cámara asumirá el 10 de noviembre.

El escenario, por tanto, deja a Netanyahu en una posición distinta a la que tenía antes de las elecciones. Su partido sigue siendo el más votado, pero perdió cinco escaños respecto de 2022; su bloque pasó de 64 a 53; sus aliados ultraortodoxos están menos cohesionados y, por primera vez en este proceso, el Presidente encargó a otro dirigente intentar formar gobierno.

La paradoja es que Eisenkot tampoco tiene asegurado el poder. Sus 48 diputados no alcanzan para una mayoría y los 19 escaños árabes, que pueden resultar decisivos, generan resistencia entre algunos de sus propios aliados. Si no logra resolver esas contradicciones, la iniciativa podría volver a Netanyahu o desembocar en nuevas elecciones. Por ahora, sin embargo, el dato político central es que el primer ministro que dominó la política israelí durante buena parte de las últimas dos décadas ya no controla el camino para formar el próximo gobierno.

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