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Desprecio

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El proyecto de ley sobre inscripción automática y voto voluntario, que definitivamente no cuenta con las simpatías de la mayoría de parlamentarios de derecha es otra expresión más del debate sobre quiénes han sido y son el motor de la democratización en el país.



Se han levantado nuevos argumentos para trabar el proyecto, que se relacionan con el carácter constitucional de la reforma, que impediría el voto voluntario. En realidad lo que ocurre es lo mismo de siempre: cuando se exigía el fin del voto censitario, o sólo votaban los hombres alfabetos, o luego el voto para las mujeres y después el derecho a voto para los mayores de 18 años; donde siempre hubo fuerzas conservadoras que se opusieron.



El rechazo a la inscripción automática, o dicho de otro modo del fin del absurdo método de ir algunos meses, en algunos días, en determinadas horas para hacer una cola y poder obtener el derecho a votar, es un cálculo político de la derecha que se niega a correr el riesgo de disputar al electorado joven con sus ideas y proyectos de país; es dudar de la propia capacidad persuasiva. Es también una prueba más de su escasa vocación democrática, que prefiere vaciar de ciudadanos la representación popular para debilitar el ejercicio de la política.



Pero también es una expresión del desprecio. En términos generales la sociedad chilena no la ha abierto espacio a la juventud, construyéndose una imagen próxima a la violencia, la delincuencia y portadora de valores distorsionados, particularmente cuando el corte se hace desde los niveles de ingreso; es un desprecio social. Mientras que culturalmente todos quieren ser jóvenes, pero, claro, de esos exitosos en TV, que andan con bellezas masculinas y/o femeninas, que consumen la moda y viven en y de las sonrisas. Esta relación construida y contradictoria es la que se debe modificar.



Dicho lo anterior, lo que cabe hacer es demostrar que la oferta concertacionista para desarrollar el país, la calidad de vida de sus habitantes y las condiciones de equidad, es lo suficientemente potente como para mover nuevas voluntades. El desarrollo de un liderazgo que convoque a una nueva política, sostenida en la igualdad y la democracia, que permita situar a los chilenos en mejores estándares de vida, es la clave para movilizar hacia las oficinas de los registros electorales. La comprensión de que Michelle Bachellet expresa una voluntad de poner a la política a tono con la franqueza, la retribución al esfuerzo, y la preocupación por el respeto a todas las personas sin importar condición de edad, de género, étnica o patrimonial, es lo que puede llevar a miles a inscribirse.



La desmotivación por la inscripción electoral no es sólo un problema de las complicaciones absurdas del sistema. Es también producto del rol que se le fijó a los ciudadanos en la transición democrática, cual fue más de telespectadores, de consumidores o delegadores de las responsabilidades cívicas, en tanto la negociación y articulación de acuerdos era clave para estabilizar las instituciones. Ahora, en este nuevo ciclo de la vida política del país, en que las instituciones funcionan y se someten al imperio de la ley, se trata de abrir espacios a la participación ciudadana pues -sin sustituir a los partidos políticos- le son fundamentales a la calidad de la democracia, a sus instituciones y a la apropiación del destino del país como cuestión de todos.



En otras palabras, la derecha hace lo que tiene que hacer, cual es restringir los espacios democráticos. La clave es qué es lo que debe hacer la Concertación, y en esto la responsabilidad está en vincular las expectativas de los jóvenes respecto de su país con el rol que jugarán en el nuevo gobierno, tanto en las decisiones como en las metas programáticas.



Finalmente, también hay una responsabilidad de los propios jóvenes vinculados a la política y el mundo social, que es impulsar desde su propia autonomía un movimiento ciudadano por la inscripción electoral. Si hay conexión con las aspiraciones juveniles, si se trabaja con métodos más participativos y se manipula y calcula menos, a la vez que se refuerza la credibilidad en la «buena política», la Concertación tiene todo a su favor para realizar una despliegue de movilización ciudadana por la inscripción electoral que sería la derrota anticipada de Lavín.





Osvaldo Torres. Director Instituto Igualdad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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