Editorial: Gabinete ministerial y próximo gobierno
Autonomía respecto de los partidos, gobierno paritario de mujeres y hombres, y caras nuevas, fueron algunas de las promesas a la ciudadanía de la Presidenta electa durante su campaña, quien, a la hora de designar su gabinete, ha cumplido su palabra.
Es evidente que para la conformación de su gabinete de poco sirvieron los torpedos enviados por las directivas y baronías de los partidos, lo que ha provocado incertidumbre en parte de la clase política, porque para muchos no solo es importante nombrar a los mejores sino que -también- quién decide o influye en los nombramientos.
No es fácil desprenderse de los más consagrados veteranos de la política para darle espacio a nuevos actores. Si la Sra. Bachelet en algo se ha inspirado en el estilo Rodríguez Zapatero, aquí hay una evidencia empírica, ya que el líder español inició su gestión pasando a segundo plano a buena parte de los históricos de Felipe González. Ello exige audacia.
Hasta ahora los gobiernos de la Concertación se han estructurado buscando atender dos frentes esenciales. Por una parte, el político derivado de la carga transicional, el peso del post-pinochetismo en la derecha y el diseño institucional de la democracia, entre otros elementos. Y, por otro lado, las "realizaciones" o modernizaciones, como las mejoras en infraestructura, el mayor acceso a la educación y a la salud, y el crecimiento ordenado de la economía. A juzgar por la conformación del nuevo equipo de gobierno, los propósitos de la Presidenta apuntan a disminuir el esfuerzo netamente político de su gestión y privilegiar su capacidad de realizaciones. Ello tiene sentido dado que cuatro años es un tiempo demasiado breve como para proponerse demasiadas tareas.
A favor de este objetivo está la mayoría parlamentaria obtenida en las últimas elecciones, con el consiguiente ahorro de "construcción de acuerdos" con la derecha (en materias de leyes que no requieran quórum especiales), y el fichaje de un fogueado todo terreno de la política nacional como Ministro del Interior. A esto se suma una derecha que, más allá de sus alardes, tendrá que trabajar arduamente para encontrar su propio domicilio, para saber donde está, definir sus estilos y liderazgos y, a partir de ello, intentar plantearse ante la ciudadanía como una alternativa real de gobierno con miras a la elección de los próximos cuatro años.
El resto del equipo gubernamental trae más cambios que continuidad, aunque atravesada por la espesa sombra de Ricardo Lagos: además de su hijo del mismo nombre, a lo menos hay dos nuevos ministros muy cercanos a él, Eduardo Bitrán y Karen Poniachick. El aterrizaje del grupo Expansiva en Hacienda, Defensa y Obras Públicas, aporta una dosis de novedad y voluntad de acción centrada en la excelencia técnica, aunque surge la preocupación por un eventual excesivo "economicismo" del nuevo gobierno. Por último, llama la atención la estrecha vinculación de varios ministros sectoriales, por sus actividades privadas previas a su designación, con las áreas de acción y actividades que deberán gobernar en pocos días más, tendencia "corporativista" que deberá ser cuidadosamente administrada.
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