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Piñera, la prudencia y el general Izurieta

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Patricio Hales
Por : Patricio Hales Embajador en Francia
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En  medio del cariño con que la población aplaude especialmente al Ejército, en  unidad nacional y sin distinción política, sorprende que Piñera  pudiera decidir  involucrar en política al  recién retirado Comandante en Jefe del Ejército Oscar Izurieta, y a tan pocos días de abandonar el mando militar.

Sería prudente que el nuevo Presidente de la República permitiera que ese brillante General instale su retiro y que  se distancie, en espacio y tiempo,    de la sólida y obediente  red de mando militar que conducía recién antes de pasar a un mando político.

El cargo de subsecretario de Defensa no es un cargo técnico ni  militar, es político. La ley  20.424 indica claramente, y a la letra, que el Subsecretario está  a cargo de  proponer  políticas de Defensa para el Congreso y al debate que efectuarán los partidos políticos;  políticas internacionales, de adquisiciones de armas , y otras  que cada gobierno propone según su concepción política de la Defensa.  Son materias en las que hay muchas diferencias políticas. Los acuerdos se buscan, no están. En esa  tarea política estará el subsecretario. Malo sería que esa tarea política se perciba militarizada por la llegada de un reciente jefe castrense.

A pesar  de su apego a la ley, el ascendiente militar que recién tenía  el General Izurieta  sobre el  actual Comandante en Jefe, sobre el Jefe del Estado Mayor Conjunto y sobre el alto mando, no desaparecerán por decreto. Y entre militares, el afecto, los lazos, y la  obediencia tienen  estrecha relación. Es recomendable  un  tiempo de distancia siempre necesario en la naturaleza humana.

[cita]Dañino sería que cada  partido político se considerara autorizado a convocar militares en servicio activo, preparándoles su retiro con  un cargo de gobierno o quizás uno de elección popular. [/cita]

El General Izurieta tendría el  mando político de la Defensa y una especie de mando militar. Se produciría una confusa sensación de conducción en quienes hace pocos días eran sus subordinados militares.

La súbita transformación del general en autoridad  política sobre  sus recientes subalternos militares podría ser incómoda  para los nuevos mandos.

El orden democrático que consagra  la ley separa claramente el mando político del mando militar no deliberante. La reciente Ley de la Defensa  fortalece  a los militares como un recurso de todos los chilenos. Pseudo-militarizar  la autoridad política deforma la supeditación constitucional de las FF.AA.

El nuevo Presidente de Chile debería  cuidar evitar dar señales confusas entre política y militares que tantos problemas crearon  en el siglo XX .Para lograrlo, debería dejar pasar al menos esos dos años que la Ley 19.880 prevee  para ciertos conflictos de intereses. Las atribuciones del General podrían verse impedidas por las circunstancias de abstención de esa ley.

La sola posibilidad de nombrar a este reciente militar hizo suponer   contactos políticos previos a su retiro, que el propio General Izurieta se ha visto obligado a negar y de cuya palabra nadie duda. Pero si el gobierno instala este procedimiento de alta velocidad entre retiro militar y política,  permitirá suponer que instala un método de  exploraciones de  los políticos sobre los militares. La prudencia de dejar pasar unos años evitaría imaginar al gobierno invitando militares que  están en las filas a sumarse a un  proyecto político.

La gravedad de una  apresurada decisión de Piñera permitirá deducir  un precedente para que todos los partidos políticos se sientan autorizados a ingresar a los cuarteles y a reclutar militares para el futuro.

Dañino sería que cada  partido político se considerara autorizado a convocar militares en servicio activo, preparándoles su retiro con  un cargo de gobierno o quizás uno de elección popular.

Los militares retirados no son eunucos políticos y tiene pleno derecho a participar de la política. Lo incorrecto  sería que  estando en las filas,  acordaran con políticos que los esperen en la puerta de los cuarteles, después  de convocarlos en las sombras, para  sus proyectos partidarios.

Por eso debe mediar un tiempo importante desde  su retiro.

Asumimos que el Presidente Piñera no ha cometido esa ilegalidad, pero no ha despejado las confusiones entorno al apresurado nombramiento del General Izurieta.

El Presidente  tendrá que aprender que  invitar a un  ex militar  a trabajar en un gobierno que ganó con los votos de un solo sector de los chilenos requiere, no solo  la legalidad sino  la total y sana apariencia de legalidad que regula la relación entre política y militares.

*Patricio Hales es diputado, miembro de la Comisión de Defensa de la Cámara.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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