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El tiempo de la diplomacia se acaba

por 22 febrero, 2012

Especial atención deben merecer los próximos pasos que adopte Irán. En ellos debiéramos esperar entre otros, presentaciones en órganos internacionales, motivados por la convicción que el ataque israelí está resuelto, así como también el despliegue de sus fuerzas navales en el Estrecho de Ormuz encubiertas con fundamentos de entrenamientos propios de las fuerzas navales en aguas internacionales.
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El tiempo para una solución negociada se acaba. Los últimos movimientos políticos, diplomáticos y militares anticipan un desenlace que sólo puede ser resuelto con el uso de la fuerza. Esto como camino inevitable para asegurar la paz y la seguridad del concierto mundial.

La evolución de la crisis avanza sin otro destino que no sea el uso de la fuerza para neutralizar la voluntad de Irán por contar con capacidad nuclear, independiente de las motivaciones que tenga para ello.

Las sanciones adoptadas por occidente en lo económico-financiero, han recibido como respuesta desafiantes medidas que a todas luces elevan el nivel de tensión en esa área geográfica. Primero, el corte de suministro de petróleo iraní a Francia y Reino Unido, pero más grave resulta la inauguración de nuevas capacidades para enriquecer uranio.

Especial atención deben merecer los próximos pasos que adopte Irán. En ellos debiéramos esperar entre otros, presentaciones en órganos internacionales, motivados por la convicción que el ataque israelí está resuelto, así como también el despliegue de sus fuerzas navales en el Estrecho de Ormúz encubiertas con fundamentos de entrenamientos propios de las fuerzas navales en aguas internacionales.

Pero los atentados recientes en India, Georgia y Tailandia, de los que Estados Unidos, Israel y la Unión Europea han responsabilizado a Irán, empiezan a cobrar víctimas que vienen a reforzar la necesidad de adelantar los tiempos de la acción, a objeto de neutralizar a quienes amenazan la seguridad, la paz y estabilidad en el Golfo Pérsico y, por cierto, en el concierto mundial. En este escenario, China y Rusia han sido cautelosos para no profundizar un conflicto del que deben tener conciencia que ya está desencadenado.

En este escenario, Irán con su despliegue naval en el Mediterráneo, busca, además de hacer presencia naval lo cual es parte de los roles de las fuerzas navales, ejercer presiones ante los Estados que son parte de las fuerzas aliadas en Occidente.

Sin embargo, no existe claridad en cuanto a la voluntad de Irán de desafiar a occidente, ya que junto con dar señales explícitas de no dar pie atrás en su desarrollo nuclear, acepta el regreso de un equipo de inspectores de Agencia Internacional de Energía Atómica para cumplir una fiscalización de los esfuerzos que se desarrollan en Irán para contar con capacidad nuclear. Lo anterior, que puede interpretarse como una forma de ganar tiempo en su iniciativa atómica, en definitiva también otorga fundamento ante sus aliados para que se adopten estrategias tendientes a impedir el uso de la fuerza contra sus instalaciones nucleares.

Pero Israel pareciera que en este cuadro ya tiene asumido que Estados Unidos no se comprometerá con ataques preventivos, especialmente en períodos electorales. Dada esa realidad y antes que los efectos imprevisibles que pudiera generar Irán con bloqueos en el Estrecho de Ormuz, no sería extraño que pronto tengamos una reacción de fuerza focalizada conocida como Guerra de Objetivo Limitado sobre Irán, confirmando que cuando Israel se ve amenazada, actúa motivado por su cultura de supervivencia apareciendo esa propuesta que habla de “ni permiso ni perdón”.

Ante esa situación, y por los efectos que en el flujo del petróleo se pueden generar, será Estados Unidos y sus aliados europeos los que tendrán la responsabilidad de recuperar la estabilidad y la paz en el Golfo y para ello ya Estados Unidos está desplegado.

Dado lo anterior, especial atención deben merecer los próximos pasos que adopte Irán. En ellos debiéramos esperar entre otros, presentaciones en órganos internacionales, motivados por la convicción que el ataque israelí está resuelto, así como también el despliegue de sus fuerzas navales en el Estrecho de Ormúz encubiertas con fundamentos de entrenamientos propios de las fuerzas navales en aguas internacionales. Las conversaciones de Irán con sus eventuales aliados también darán señales de hasta donde están dispuestos a forzar una situación de crisis antes de hacer uso de la fuerza.

Confirma la complejidad actual de las relaciones entre los estados comprometidos en la crisis, el alza del precio del petróleo. Este síntoma es un indicador cierto de la alta posibilidad de tener ad portas una propuesta militar y de fuerza en la zona. El incrementar las reservas también incide en el precio del petróleo, causando efectos inevitables en la economía de occidente.

Por último, la reciente amenaza de Irán de suspender la venta de petróleo a otros países europeos tales como Alemania, España, Italia y Portugal, entre otros, por su conducta hostil con Irán y sus intereses, sólo viene a profundizar la crisis, especialmente si se tiene en cuenta que la realidad europea ya está sumida en una crisis económica-financiera.

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