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En Chile los niños y niñas preescolares valen menos

por 22 julio, 2012

Estas medidas hacen que nuestro país retroceda hacia la injusticia e inequidad. Necesitamos más educadoras y técnicas en las aulas, en condiciones salariales similares a los de profesores y directores de establecimientos educacionales, tanto en el caso de la Junji como en los jardines de transferencia.
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El gobierno ha señalado en reiteradas oportunidades que le importa la Educación Parvularia y que en este periodo aumentará la cobertura de atención a niños y niñas en jardines infantiles, salas cunas y curso de transición de las escuelas.

Lo que no se comunicó es que este incremento se materializará en desmedro de los niños, es decir, tal como lo dijo el ministro de Educación hace pocas semanas, se atenderán más niños y niñas pero rebajando el número de adultos a cargo, aludiendo a la modificación del Decreto 115 elaborado en el Ministerio.

Esta medida no solo se aplicará a las nuevas coberturas sino también a las existentes, es decir, a instituciones como salas cunas y jardines del Hogar de Cristo, fundaciones privadas sin fines de lucro, jardines de transferencia —que a la fecha son más 1.500— y escuelas municipales.

Estas medidas hacen que nuestro país retroceda hacia la injusticia e inequidad. Necesitamos más educadoras y técnicas en las aulas, en condiciones salariales similares a los de profesores y directores de establecimientos educacionales, tanto en el caso de la Junji como en los jardines de transferencia.

Cientos de niños y niñas preescolares serán atendidos en condiciones desfavorables; sus necesidades de alimentación cuidado y educación se verán afectadas no tan solo en la calidad de las mismas, sino en la relación que los párvulos generan cuando un adulto los acompaña, los acoge, los educa, los invita a soñar, a dormir, a aprender, a comer, a vivir una vida de respeto, amistad y amor en las salas cunas, jardines infantiles y cursos de transición.

Esta medida no permitirá que la infancia chilena satisfaga sus necesidades en plenitud. Más aún, resulta contradictoria con un discurso de calidad y con la creación de la Secretaría Ejecutiva en Primera Infancia por parte del gobierno.

En el decreto 115 se elimina la figura del auxiliar de servicios, que se encarga del aseo entre otras funciones y también se ha eliminado la exigencia de certificado de salud para las personas que manipulan alimentos. Me pregunto si estas medidas responderán a un criterio económico para favorecer a los jardines privados y que estos puedan multiplicarse con menor costo, o quizás a la idea de que los niños pueden vivir y desarrollarse en ambientes pocos limpios.

¿Quien responderá a los reclamos que cientos de educadoras iniciarán en los próximos meses porque no tienen el tiempo necesario para cumplir todas las tareas que demanda el cuidado de los niños? ¿Quién responderá a aquella madre y padre que cuando vaya a buscar a su hijo al jardín o sala cuna, por falta de tiempo de los adultos lo encuentre sin muda limpia, sin una comunicación que le permita enterarse sobre qué aprendió su hijo o hija, o que no pueda acceder a la información del menú del día?

¿Qué opinarían las autoridades que aprobaron esta medida si mañana un hijo, sobrino o algún pariente cercano se enferma porque la persona que lo apoya en la realización de sus experiencias de aprendizaje le contagia una enfermedad tras limpiar el baño o barrer la sala? Pregunto también si se considera que, además de tener sueldos bajos, las educadoras y técnicas deberían agregar el aseo de los jardines a su carga de trabajo.

En vez de avanzar hacia una mayor equidad, estas medidas hacen que nuestro país retroceda hacia la injusticia e inequidad. Necesitamos más educadoras y técnicas en las aulas, en condiciones salariales similares a los de profesores y directores de establecimientos educacionales, tanto en el caso de la Junji como en los jardines de transferencia

El decreto recién emitido no refleja lo que todos sabemos: que los niños y niñas menores de seis años son el presente y el futuro del país. Por eso se nos debe una explicación, a los niños, a las familias, a educadoras, técnicas y estudiantes de educación parvularia, y a todas aquellas personas que quedarán cesantes porque limpiar un jardín o sala cuna es un lujo que los niños no se merecen.

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