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China-Japón, primer tiempo

por 18 octubre, 2012

En medio de una crisis financiera global a la que no se le ve fondo, el diferendo chino-japonés es una mala noticia que involucra a dos gigantes de la economía mundial cuyas relaciones comerciales ascienden a US$ 340 billones. El banco de inversiones JPMorgan calcula que el diferendo con su principal mercado de exportación implicará en Japón una contracción de 0.8 % del PIB correspondiente al período octubre-diciembre.
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El martes 11 de septiembre de 2012 las autoridades japonesas compraron a una familia nipona islas reclamadas por la República Popular China (RPCh). Fue el preámbulo de una serie de amenazas mutuas, protestas masivas chinas, daños a propiedades japonesas y desplantes diplomáticos que llevan varias semanas caldeando el ambiente en Asia Oriental.

De acuerdo con la versión japonesa, la virulenta reacción china sobre el traspaso de tres de las cinco islas al Estado nipón, fue excesiva, pues el primer ministro Noda Yoshiniko habría adquirido las Diaoyu-Senkaku el 11 de septiembre para neutralizar al ultranacionalista y antichino gobernador metropolitano de Tokio, Ishihara Shintaro, quien impulsaba una agresiva y exitosa campaña alternativa de recaudación de fondos  para comprar la totalidad de las ínsulas. Lo cierto es que la relación entre los gigantes asiáticos atraviesa su peor momento y  el blanco real de los políticos japoneses parece ser el Artículo 9 de la Constitución en que se apoyó la Doctrina Shigeru durante el período de la guerra fría.

El estadista conservador Shigeru Yoshida (1878-1967) basó la reconstrucción del Japón, perdedor y devastado en la segunda guerra mundial, en una priorización del desarrollo económico complementada con la reducción de los gastos en Seguridad y Defensa, los que correrían a cargo de EE.UU. Pensaba que focalizar la atención en comercio y tecnología permitiría una rápida recuperación económica, luego de lo cual Japón volvería a rearmarse y a ocupar un sitio entre las grandes potencias. Por eso la corriente que encabezó en el Partido Liberal Democrático (PLD) apoyaba el Artículo 9 de la Constitución de 1947, que renunciaba “a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o uso de la fuerza como medio de zanjar disputas  internacionales”.

En medio de una crisis financiera global a la que no se le ve fondo, el diferendo chino-japonés es una mala noticia que involucra a dos gigantes de la economía mundial cuyas relaciones comerciales ascienden a US$ 340 billones. El banco de inversiones JPMorgan calcula que el diferendo con su principal mercado de exportación implicará en Japón una contracción de 0.8 % del PIB correspondiente al período octubre-diciembre.

Las corrientes detractoras de la Doctrine Shigeru adquirieron protagonismo con el primer ministro PLD Koizumi Junichiro (2001-2006), quien reinterpretó el Artículo 9 para adherir a la Guerra contra el Terrorismo del presidente George W. Bush y enviar a Iraq un contingente de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas (FAD). En años sucesivos, miembros de las FAD prestaron servicio en diferentes misiones en Nepal, Alturas de Golán, Djibutí, Afganistán y Haití. Koizumi introdujo también una Enmienda para elevar la Agencia de Defensa a la categoría de Ministerio de Defensa, que en enero 2007 materializó su sucesor Abe Shinzō. Sin embargo, el primer gobierno de Abe, sacudido por los escándalos financieros de varios de sus miembros, se derrumbó en menos de un año sin generar consenso  para derogar el Artículo 9. Pero siguió extendiéndose en el país la idea del rearme político y militar sin tapujos, destinado a revitalizar el orgullo nacional y la economía japonesa. La idea incubó hasta en el opositor Partido Democrático de Japón (PDJ), que accedió al gobierno en 2009 con una plataforma de “tercera vía” reformista.

En medio de una crisis financiera global a la que no se le ve fondo, el diferendo chino-japonés es una mala noticia que involucra a dos gigantes de la economía mundial cuyas relaciones comerciales ascienden a US$ 340 billones. El banco de inversiones JPMorgan calcula que el diferendo con su principal mercado de exportación implicará en Japón una contracción de 0.8 % del PIB correspondiente al período Octubre-Diciembre. La economía de la RPCh, que viene mostrando síntomas de estancamiento, no escaparía sin lesiones a una retirada, siquiera parcial, de las grandes multinacionales japonesas, que en los últimos quince años han invertido en China el equivalente a US$ 80 billones.

Más allá de los temas económicos y comerciales, la eventualidad de un rearme japonés está en sintonía con los preparativos en Washington para relocalizar la atención de EE.UU en Asia Pacífico y contener el ascenso de China. Lo que eso implicará finalmente resulta tan difícil de calar como la hondura de las viejas heridas que el asunto de las islas deja al descubierto.

Sondeos gubernamentales muestran que 75 % de los japoneses —la cifra más alta desde 1978— califica hoy de “inamistosas” las relaciones con Beijing. A su vez, la RPCh no olvida las secuelas de las dos contiendas bélicas contra Japón. Si el Imperio del Sol Naciente se anexó Corea y Taiwán con la guerra de 1894-1895, la reedición de la guerra en 1937-1945 dejó un saldo de 20 millones de civiles y militares chinos muertos. El 11 de septiembre 2012, día en que Japón anunció la compra de las Diaoyu-Senkaku, era propicio si la intención de Tokio fue dotar de simbolismo a la acción y garantizar la reacción de ira en el pueblo chino. Nótese que fue a una semana exacta de cumplirse 81 años del denominado “Incidente de Mukden”, un autoatentado del ejército japonés que sirvió de pretexto para invadir en 1931 la región norte de Manchuria y preparar la segunda guerra chino-japonesa.

Hay sospechas fundadas para interpretar también el litigio actual como pretexto, aunque sin visos de desembocar en otro gran conflicto armado inmediato. Es como si el incidente de las islas sirviera  para el primer tiempo de un complejo juego de fútbol político y estratégico donde, por lo demás, los capitanes de ambos equipos están en vísperas de jubilar: el presidente Hu Jintao entregará el mando político a Xi Jinping durante el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino, a comienzos de noviembre; mientras que el primer ministro japonés, Noda Yoshihiko, debe convocar a elecciones a mediados del 2013 a sabiendas de que será derrotado. Se da por seguro que el PLD y Abe Shinzō volverán a la cancha, que el segundo tiempo se disputará sobre el cadáver de la Doctrina Shigeru y que este partido termina a penalties.

Claves

- Las ínsulas rocosas y deshabitadas que los chinos llaman Diaoyu y los japoneses Senkaku ocupan una superficie de 7 km2 en el Mar del Este de China, al nordeste de Taiwán y al oeste de la isla japonesa de Okinawa. Japón considera que las adquirió al anexarse Taiwán en 1895 y que ello fue refrendado en 1972 por el Tratado estadounidense-japonés de Reversión de Okinawa.

- La RPCh, que durante cuatro décadas mantuvo más o menos congelada la discusión formal del tema, sostiene que su presencia en Diaoyu tiene setecientos años de antigüedad y, a pesar de las complejas relaciones de Beijing con Taiwán, plantea que las islas pertenecen al condado taiwanés de Yilan y son por tanto chinas. Japón, por su parte, que no reconoce a Taiwán como Estado soberano, ubica  a sus islas Senkaku bajo la Prefectura de Okinawa.

- La controversia, que en sus inicios era de bajo perfil y se centraba en los derechos de pesca en las inmediaciones de Diaoyu-Senkaku, se fue enconando paulatinamente luego que en 1968 se detectaran reservas de gas natural y petróleo bajo las aguas del área.

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