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Tres claves para entender las elecciones municipales Opinión

Tres claves para entender las elecciones municipales

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Carlos Correa B.
Por : Carlos Correa B. Ingeniero civil, analista político y ex Secom.
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Si Errázuriz gana será la manifestación en el poder formal de toda la fuerza que se desbordó en el año 2011. Por cierto, sus enemigos no están solamente en las huestes del alcalde. El movimiento estudiantil actual está dividido entre quienes creen que una manera de protestar y estresar a la clase política es llamando a no votar y quienes creen que una victoria homérica sería la consolidación política de todas las fuerzas nuevas del 2011.


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Providencia: el poder de los movimientos sociales

La elección en Providencia es sui generis y su lógica probablemente difícil de prever hace algún tiempo, donde las coaliciones elegían a su candidato en procesos internos a puerta cerrada. En este caso, Errázuriz representa el más vanguardista de los futuros, pues su llegada a la boleta fue a partir de un movimiento social en el cual la Concertación salió derrotada. Su contendor, el alcalde Labbé, está situado en las antípodas y representa el pasado más negro de la derecha chilena y su antiguo matrimonio —hoy negado por todos—, con el pinochetismo más rancio.

Si Errázuriz gana será la manifestación en el poder formal de toda la fuerza que se desbordó en el año 2011. Por cierto, sus enemigos no están solamente en las huestes del alcalde. El movimiento estudiantil actual está dividido entre quienes creen que una manera de protestar y estresar a la clase política es llamando a no votar y quienes creen que una victoria homérica sería la consolidación política de todas las fuerzas nuevas del 2011.

En esta opción ha jugado un rol fundamental el movimiento Revolución Democrática, fundado por el ex presidente de la FEUC, Giorgio Jackson. Si gana Josefa, a este movimiento habrá que mirarle la cara en todos los procesos que vienen. Hasta ahora la Concertación, pese a su desprestigio, parece ser la única puerta que tocar para lograr la cristalización de una ciudadanía que reclama por cambios profundos, pero eso puede cambiar.

No solamente puede ser la consecuencia más notoria de la inscripción automática, sino paradojalmente la manifestación más clara que la Concertación está completamente divorciada de la calle que la vio nacer, allá en 1988, al calor del plebiscito, en una batalla épica como la actual en Providencia.

Todas las encuestas muestran un resultado mucho más estrecho que el de años anteriores, y una de las variables que sin duda decidirá el voto será la participación juvenil.

El sistema electoral americano es en estricto sentido una elección indirecta. Quien gana un estado, se lleva todos los votos electorales de éste, y para ser Presidente se requiere una mayoría en éstos. Por ello, los analistas se concentran en aquellos estados que no votan de manera histórica a un solo partido. En el caso chileno, se cumple esto en cinco comunas emblemáticas: Santiago, La Florida, Puente Alto, Valparaíso y Concepción. Todas tenían en el año 1992 alcaldes de la Concertación, y en el año 2008, las mismas cinco eran gobernadas por la Alianza.

Al respecto los datos son contradictorios. Por un lado a nivel nacional las encuestas muestran un bajo interés en participar. Pero una encuesta publicada por La Tercera, pese a sus datos incompletos, no pudo ocultar que un 93 % quiere ir a votar en esta elección histórica en Providencia. También en eso se parece mucho ésta al plebiscito de 1988, donde la masiva inscripción de personas jóvenes hizo la diferencia. Y también musicalmente se parecen. El hit #vuelveatucuartel que la rompe en las redes sociales, es similar a cómo se hicieron popular en esos años, el No me gusta, No, cantado por Tati Penna y el Vals del No de Florcita Motuda.

Los swing states chilenos

El sistema electoral americano es en estricto sentido una elección indirecta. Quien gana un estado, se lleva todos los votos electorales de éste, y para ser Presidente se requiere una mayoría en éstos. Por ello, los analistas se concentran en aquellos estados que no votan de manera histórica a un solo partido.

En el caso chileno, se cumple esto en cinco comunas emblemáticas: Santiago, La Florida, Puente Alto, Valparaíso y Concepción.

Todas tenían en el año 1992 alcaldes de la Concertación, y en el año 2008, las mismas cinco eran gobernadas por la Alianza. Todo un buen conjunto de swing states criollos. Más aún, en la segunda vuelta del año 2005, la ex presidenta Bachelet le ganó a Sebastián Piñera en las cinco comunas, mientras que en el 2009, el actual Presidente derrotó al candidato de la Concertación en tres de ellas, y si se suman los votos obtenidos en todas, también superó a Frei.

Hoy en día esas cinco comunas suman 1,3 millones de votantes, y enfrentan duras campañas, donde no es posible predecir un resultado claro en ninguna de ellas.

Lo que ocurra en estas cinco “comunas bisagra”, marcará una potente señal de hacia dónde soplarán los vientos en el año electoral que se inicia el próximo domingo. Y no solamente por quien gane, sino cuál será la abstención electoral en ellas.

Concejales: el peso de las fuerzas internas de las coaliciones

Una de las consecuencias más perversas del sistema binominal es que el verdadero competidor es el socio de pacto. Esto ha marcado con dolor la compleja relación entre RN y la UDI a lo largo de la democracia, y cada vez más tensiona las relaciones al interior de la Concertación, donde los dos bloques que se formaron para las municipales probablemente competirán en la elección parlamentaria.

El hecho que la ex Presidenta Bachelet sea la que encabeza con holguras las encuestas, y que finalmente si decide participar sea la ganadora, vuelve aún más dramática esta contienda. Su popularidad, completamente desindexada de la aprobación del pacto político que la acompañó en el gobierno, vuelve de vida o muerte la lucha interna, pues al que le vaya mal se puede quedar fuera de la foto.

En la Edad Media las discusiones religiosas sobre la naturaleza de Dios o si había una jerarquía religiosa fundada por Jesús o si lo importante era la palabra o la infalibilidad del Papa, escondían profundos conflictos políticos respecto a cómo se repartía el poder en la Europa cristiana. Tras todas las discusiones ideológicas —y por cierto, los cismas— se escondían poco cristianas aspiraciones de estados terrenales y fuerzas políticas a ser la fuerza gravitante en Europa.

La discusión sobre si más o menos izquierda, o si es necesaria o no una asamblea constituyente para lograr reformas políticas, se parece un poco a aquella discusión teológica, tanto en la pasión como en lo que realmente esconde.

En el caso de la derecha, una nueva victoria de la UDI le abrirá el camino para hacerse de un espacio más gravitante aún en el Senado y por tanto tener la llave de la primaria de la Alianza, y en un eventual retorno de Bachelet, ser el defensor del statu quo en las vorágines que puedan venir en los próximos años. El sueño de la nueva derecha y la utopía de alianzas de centro con aires liberales se podrían ir a pique.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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