Opinión
PSU: la victoria pírrica de Beyer
La PSU es una mezcla bizarra entre redes de poder y negocios con redes de ‘academia’ y ‘ciencia’, redes motivadas por el ‘glamour’ del poder barnizado de academia y de la academia insuflada de poder. La PSU es un extraño becerro de oro, literalmente de oro, una mina de oro inagotable como inagotable puede ser una medición que se realiza a nivel nacional, con una ganancia extraordinaria para quien la administre o para quien la evalúe año a año. La PSU fue, es y será un instrumento, el mejor instrumento, casi un tótem, para conocer por qué la Concertación educativa ha provocado tanto malestar y cómo logró entrelazarse con el poder académico para validarse como poder político.
La PSU ha demostrado ser el instrumento más herético para la sociedad que cree en una educación de calidad que iguale oportunidades para todas y todos los jóvenes de nuestro país.
¿Quién no sabía esta tamaña verdad, desde incluso el nacimiento de esta herejía social?
Ya en otra época, cuando el contexto era la Concertación en el poder y toda su maquinaria pretenciosa, el Ministerio de Educación hacía gala vez por vez, día por día, año por año, de una arrogancia reformista en pro de los intereses que ellos mismos determinaban los correctos; en esa época en que eran los amos y señores de la verdad educativa en Chile, esos mismos que profundizaron el descalabro social que produce y reproduce nuestro sistema educativo, ya en esa otra época digo, se podía predecir la catástrofe que venía. No había que ser profeta o se era profeta por la fuerza, en el desierto de luminarias —doctores en las ciencias de la medición— que han guiado nuestra educación por ya cuatro décadas.
La PSU es una mezcla bizarra entre redes de poder y negocios con redes de ‘academia’ y ‘ciencia’, redes motivadas por el glamour del poder barnizado de academia y de la academia insuflada de poder. La PSU es un extraño becerro de oro, literalmente de oro, una mina de oro inagotable como inagotable puede ser una medición que se realiza a nivel nacional, con una ganancia extraordinaria para quien la administre o para quien la evalúe año a año. La PSU fue, es y será un instrumento, el mejor instrumento, casi un tótem, para conocer por qué la Concertación educativa ha provocado tanto malestar y cómo logró entrelazarse con el poder académico para validarse como poder político, por lo menos, en educación.
[cita]Gana Beyer, es cierto, pero pierde una vez más todo el sistema y todo el entramado de académicos y políticos que lo han garantizado desde el retorno a la democracia hasta el día de hoy; aunque ayer, no está de más decirlo, esos mismos que impusieron la PSU salieron a decir que ellos siempre habían dicho que el instrumento no era bueno… sin comentarios… Beyer tenía a uno de los vencidos, el Rector de la PUC, delante de sí, humilde, buen perdedor, en el cadalso del Informe Pearson.[/cita]
En la época en que criticar la PSU era criticar a la Concertación, emergió Harald Beyer desde el Centro de Estudios Públicos con toda una parafernalia econométrica, psicométrica o sociométrica para darle con todo. Era rentable. Sus motivos eran completamente liberales y políticos, en eso no hay que perderse con el sujeto. Y también era rentable para los otros, para la derecha concertacionista enquistada en el Ministerio de Educación: las críticas se desvirtuaban vez por vez porque eran simplemente políticas, dentro del juego político, no eran ‘metodológicamente relevantes’, como les gustaba decir.
Beyer ha terminado venciendo en esa batalla. Enclaustrados en sus centros de estudios y de mediciones universitarias, la otrora derecha concertacionista de educación no hace sino responder como puede a los embates del actual ministro, pleno de poderes y dispuesto a arrasar —ahora él en el poder insisto— con los que lo ningunearon con el desdén o con la argumentación grandilocuente de la ‘academia bien pensante’ conocedora de sus redes políticas.
Esa pequeña historia basculó a favor del actual ministro.
Beyer venció. Pero hoy el contexto es otro y esta victoria no deja de ser pírrica por donde se le mire para los intereses del mismo ministro y para La Moneda.
Hoy cuando el ministro está preocupado de dotar al Sistema de Educación Superior de más confianza social (los negocios y el mercado no funcionan en la desconfianza) viene el mazazo del ‘Informe Pearson’ sobre la PSU a garantizar, de nuevo, que todo lo que tenga aroma a Educación Superior está podrido desde dentro, desde sus lógicas estructurales: lucro, CAE, empresas espejo, y ahora, el sistema de admisión universitaria.
Hoy cuando vence Harald Beyer —y bien por él— es justamente cuando no había que vencer, porque hoy vencer es dar una motivación más para la movilización estudiantil anunciada para este 2013. Las risas triunfantes de Beyer ante el rector de la UC se transforman en rictus de preocupación, a unas tantas cuadras más allá del Ministerio, en la cara de los asesores de La Moneda.
Gana Beyer, es cierto, pero pierde una vez más todo el sistema y todo el entramado de académicos y políticos que lo han garantizado desde el retorno a la democracia hasta el día de hoy; aunque ayer, no está de más decirlo, esos mismos que impusieron la PSU salieron a decir que ellos siempre habían dicho que el instrumento no era bueno… sin comentarios… Beyer tenía a uno de los vencidos, el Rector de la PUC, delante de sí, humilde, buen perdedor, en el cadalso del Informe Pearson.
Hoy escucharemos a todos los ideólogos de la PSU rasgar vestiduras: no hay problema, se viene Bachelet de nuevo… hasta las herejías pueden ser perdonadas.
Lo importante es que en esta pasada, ganó el individuo, el sujeto Harald Beyer y perdió —sin paradoja— el ministro, el hombre de Estado y con él todos los ministros y todos los académicos que han mantenido esta reproducción insolente y herética: hoy la ‘maldita PSU’ será quemada en la hoguera de una victoria… pírrica, por cierto.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.