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Sesgo y doble función del conservadurismo

por 15 junio, 2013

El conservadurismo es como las conservas, quieres guardar los duraznos en almíbar para extender su vida útil, pero en realidad tienes que cuidarlos antes de que se pudran, ¿no es lo que quiere hacer la derecha con la actual constitución y sus propuestas presidenciales?
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A partir de la columna de José Gabriel Domínguez el pasado 8 de junio, me tomé la libertad de continuar el análisis que hace José respecto al tema, dándole un poco más de consistencia al contenido.

El conservadurismo tiene figuras de renombre en Chile, de ahí que la columna del señor Domínguez tenga un dejo de olvido al no considerar a nuestros próceres conservadores en la historia reciente del país, creo que es mezquino al no querer mencionarlos pero responsable al no apuntarlos. Para ser conservador no es necesario declararlo, se demuestra en el ejercicio del diálogo y en la democracia, sólo en condiciones de gran mayoría o de unanimidad el conservadurismo queda desplazado a los espacios más remotos del nadir, de ahí que entiendo su afán por cuidar sus nombres.

El conservadurismo es como las conservas, quieres guardar los duraznos en almíbar para extender su vida útil, pero en realidad tienes que cuidarlos antes de que se pudran, ¿no es lo que quiere hacer la derecha con la actual constitución y sus propuestas presidenciales?

Ahora, pretender ser conservador y con eso entender que “conservar la tradición occidental” es parte fundamental de sus actos y decisiones, es no saber donde se está parado. Es como querer ser igual que el padre, pero para muchos eso sería vivir en el pasado y no querer mirar al futuro, es temer a construir tu propio camino, escuchar tus propios intereses sólo porque te parece cómodo la forma y cultura de tu padre o porque para ti es conocido. Creerán que ir contrario a ello no te permitirá aventurar nuevas ideas. A los conservadores se les olvidaría que los padres quieren que los superes, que no seas igual que ellos, sino que seas mejor. Y ser mejor hoy lo entiendo por avanzar en la medida que avanzan las sociedades, en vez de quedarse pegado en formas y costumbres del pasado, pues, para ello existen los libros de historia que lo relaten y mantengan.

El señor Domínguez es injusto con los masones, liberales o ilustrados, o quien se le haya ocurrido en el momento de escribir su columna, al mencionar que la independencia se gestó por la aristocracia conservadora, pues, comparto con él el creer que si fue por ellos, pero me distancio pues creo que sólo lo fue en una parte. No debemos olvidar que las escuadras de civiles armados, las milicias improvisadas, eran en general conformadas por campesinos y obreros más que por los mismos aristócratas, quienes mantenían el poder y control de estas masas de soldados. Recuerdo que la invasión americana fue de manos de la corona y la iglesia, la misma que ha dado status a todo quien está en sus filas, mismos conservadores que buscan redención de sus pecados, pero que no son los mismos fieles de las clases inferiores, pues para ellos aplica la escuela socialcristiana de las buenas costumbres, la solidaridad al prójimo y la moral. Esta misma doctrina llega a la aristocracia, pero súmale a ello la cuota que emana desde  el estado vaticano sobre la instrucción a un grupo privilegiado de sus fieles la necesidad del poder para mantener la creencia viva en forma de estados y leyes que entreguen a los ciudadanos conductas que emanen de la doctrina del clero.

Son los conservadores chilenos los que traban, los que dificultan, los que mellan el camino de las ideas modernizadoras del estado, de las ideas más “liberales” respecto de las drogas, el matrimonio, la sexualidad, el ordenamiento jurídico, la economía, el orden y la seguridad, por cuanto la actual constitución les permite jugar al empate, para evitar el “descontrol” de la sociedad civil, contradiciendo toda forma y control moral de la curia.

Para todo esto me permito hacer un rescate a la memoria del General René Schneider, quien sostenía que las fuerzas armadas debían respetar y hacer respetar la constitución y las leyes, por cuanto su misión era el apego irrestricto a la constitución y no entrometerse en los asuntos políticos. Ya sabemos como terminó la historia, pues, al día de hoy la constitución juega al empate, y la derecha chilena está fundada en los principios conservadores heredados de Guzmán, Pinochet, Arellano, Contreras, etc. Así el fundamentalismo católico y el poder armado funden en la carta magna este empate constante. No olvidemos tampoco que parte fundamental de las ideas conservadoras que hoy emanan en los templos católicos chilenos provienen del Cardenal Medina, fiel representante del conservadurismo moral, caso conocido es en 1992 cuando lleva a que Belisario Velasco, entonces Subsecretario del Interior, impedir la entrada del grupo Iron Maiden por considerarlos satánicos.

Sin embargo, el conservadurismo es un mal necesario, y tienen una doble función, la primera es centralizar el debate, es decir, evitar la radicalización excesiva de una decisión para generar cambios paulatinos y poco traumáticos a las sociedades, esto permite un desarrollo sostenido y uno de los métodos de control a las erróneas decisiones, ya que son capaces de advertir estos errores a tiempo, a esto me refería con el “descontrol de la sociedad civil”. La segunda tiene que ver con la evidencia del absurdo, esto porque al notar una aceptación generalizada sobre una postura determinada, el conservadurismo sirve para reconocer lo absurdo que sería tomar una u otra opción, o de otra forma no tomar una decisión, así es como damos cuenta que mientras pasan los días, el mundo evidencia un cambio en el paradigma de familia, la que para el conservadurismo es una, pero para una parte importante del país y del planeta no es la única.

Insisto en que querer mantener la “tradición occidental” de los veinte siglos es sesgada, es no querer avanzar en la medida que avanza la sociedad. Encuentro extraño, para no decir paradójico, que el conservadurismo promueva la globalización, la apertura de los mercados como oportunidad de desarrollo, y todo aquel cuento que hable de desarrollo y avance hacia el primer mundo, pero no quiera ceder en los cambios a los principios y valores que emanan de la iglesia. El conservadurismo es como las conservas, quieres guardar los duraznos en almíbar para extender su vida útil, pero en realidad tienes que cuidarlos antes de que se pudran, ¿no es lo que quiere hacer la derecha con la actual constitución y sus propuestas presidenciales?

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