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Del Clinic a la Constituyente

por 9 julio, 2013

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La acera mojada, aire pesado, limpio, humedad con olor a Mapocho, unos letreros para el final de la noche espejeando en el pavimento de la calle Monjitas, salimos mejor abrazados por el frío que formalmente amigos cada uno con destino a su propia cama.

-Constituir no es legislar, insistía. La miré con ojos de sí. Continuó: legislar se dice de administrar un orden jurídico ya establecido, instaurado. Se legisla dentro de un espacio constitucional, y para las materias que la sociedad –los representantes- estima(en) necesarios, en los distintos momentos de vigencia de ese orden constitucional.

Muy seria. Sus labios como el semáforo en rojo de la esquina.

Me pareció que la calle, semivacía a esa hora, silenciosa –sobretodo comparada con la barra del Clinic y su turbio palimpsesto de palabras/miradas-, la calle, la que hemos caminado vereda a vereda repleta de gentes en las marchas, ahora con alguna que otra sombra huyendo por un pasaje lateral, era también, hoy, lugar para esta conversa –y me sobrevino la imagen de Heráclito y su “aquí también hay dioses”.

-Cuidado, dije mostrando la poza.

-¡Ah!, gracias, y continuó: El constituyente genera un orden o espacio político-jurídico nuevo. Estrictamente no aplica ninguna regla; sus reglas son de orden inicial, performativo: crean lo que dicen, y no refieren de otras reglas anteriores.

-¿Puedo hacerte un intervalo filosófico? Su mirada, aquí, bien cerca, dijo también sí. O sea, estas reglas iniciales pudieran referir implícitas, o explícitamente, a conceptos político-filosóficos, a doctrinas éticas o antropológicas, al modo de justificaciones o explicaciones ideales. O siempre las suponen, como cuando dicen: “democracia”; ¡cómo no cuando dicen “razón”! Pero doctrinas que no poseen el estatus de la norma.

-[sonrió] Sí, se legisla –todo, todo, hasta el detalle, era tan importante a esa hora-, se legisla y se aplica la legislación en la regularidad del orden político-jurídico. En la consistencia de ley y Constitución. En cambio, el constituyente acontece en una excepcionalidad: no hay sociedad humana sin alguna forma de orden; el constituyente no opera en un vacío sino en una comunidad siempre ya con una forma y un modo. Necesariamente deroga uno para poner otro.

-El constituyente es alguien que se toma la calle, creo que dije.

-Eso podría interpretarse como muy chileno, de estos días. De muchas maneras se apresura el momento constituyente: una sociedad “percibe” su necesidad, acontece una mayoría –o, al contrario, opera un despotismo.

-Como pasar al otro lado del Mapocho sin puente –caminábamos por ese entonces entre los troncos de los plátanos orientales desnudos del Parque Forestal.

-Gran salto se necesita. Inclinados sobre la baranda de fierro, allí, abajo, un río crecido, el cauce golpeándose descendiendo, piedra contra piedra.

-No deberíamos tirarnos simplemente a pasar por el medio de las aguas turbulentas, uno o ninguno o los dos murmuramos o pensamos esa frase.

Nos desabrazamos por primera vez desde el portal de acceso al Clinic. Las estrellas suspendidas; una raya blanca se adivinaba en las cumbres al este, y la cordillera me sugería, totalmente idiota ya, uno de esos muros del bar en sus rincones más oscuros, con paredes como de piedra fría irregular. Quizás era justamente al revés: una sensación que traía de antes se proyectaba saltando apoyándose en las montañas.

-El momento de excepción.

-O el estado de excepción.

-O, en cierta manera, ninguno. Una Constituyente formada por representantes elegidos expresamente para esa finalidad, con mandato temporalmente delimitado (2 años, me dijo, así, entre paréntesis), y cuyos miembros no realicen ningún trabajo legislativo.

-O sea, continuó, escuchándose, casi hablando sola, el momento de excepción, hoy, en Chile, solo en el momento de decidir y crear la norma que la convoca. Cuando acontece que el instante de la excepción supera cualquier estado de excepción ya establecido. Eso no se resuelve en los argumentos sino como historia; lo que es imposible de resolver como pensamiento ocurre –porque las sociedades van siempre antes que el derecho. Después un período de Congreso legislativo y Constituyente separados. Finalmente, disolución de las viejas instituciones y llamado a elecciones para las nuevas, con otras reglas.

-Excepción, añadí colgándome de sus palabras, también, me imagino, como ejercicio de un poder soberano absoluto.

-Poder limitado por el respeto de ciertos derechos que llamamos humanos, fundamentales.

Era una escaramuza de desafíos lo nuestro en la ribera, hálitos condensados de nuestras bocas que se chocaban sin un estruendo. Hacia el fondo de la noche –paradojalmente por donde regresan todas las madrugadas- íbamos hundiéndonos por la república de las aguas y los campos de la república de Chile. Entre las aguas del antes y el después, y los asuntos siempre contingentes del teatro humano.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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