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Este es el momento para aumentar el gasto público

por 9 septiembre, 2014

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Sería de Perogrullo decir que nuestra economía no pasa por su mejor momento. El último informe del Banco Central ha reducido la expectativa de crecimiento para el año 2014 a un rango entre 1,75 y un 2,25%, cifra bastante menor al 3% que esperaba el Ejecutivo. Sin embargo, para tristeza de la derecha chilena, la crisis puede explicarse casi en su totalidad por factores exógenos a la economía, según ha argumentado a fines de agosto el Fondo Monetario Internacional – FMI. Esto quiere decir que la economía chilena está desacelerada (no crece al mismo ritmo que antes) pero no en recesión (crece negativamente), hecho que se comprueba en el índice IMACEC presentado hasta el mes de julio dio una cifra positiva de 0.9%, en contra de todas las expectativas sobre la economía chilena. Si no estamos en un escenario negativo, sino que no mejor de como se esperaba ¿por qué la alarma? ¿el problema económico actual se vive por un problema en la economía o por un problema en las expectativas?

Durante su discurso en III Congreso Empresa y Sociedad 2014 organizado por Icare, el ex Presidente Ricardo Lagos sentenció duramente la gestión en materia de Obras Públicas del gobierno actual “aquí no hay problema financiero, hay falta de decisión política”. Esta frase fue entendida como una falta de lealtad al gobierno, sobre todo proveniente de un ex Presidente perteneciente a la actual coalición de gobierno. No sólo esta frase se quedó en los noticieros chilenos, sino que también apareció una frase más polémica aún, que sacó varias ronchas en los sectores más de izquierda en la Nueva Mayoría “todo aquello que es concesionable, se debe concesionar”. La idea de fondo de esta frase era que los privados se pudieran hacer cargo de la mayor cantidad de proyectos posibles, liberando recursos para que el Estado se preocupara de otros problemas sociales. Sin embargo, ¿es la solución a un ciclo de desaceleración profundizar la subsidiariedad del Estado? Creemos que esta idea es equivocada. Nos encontramos frente a un momento perfecto para recuperar la velocidad de crecimiento, haciendo lo que los privados no: invertir. Un periodo de políticas anti-cíclicas, precisamente en el área de Obras Públicas, es una solución perfecta para inaugurar un periodo de 10 años de crecimiento sostenido aunque, esta vez, sin concesiones.

Un célebre economista británico a fines de los años 20’ hizo un descubrimiento valiosísimo: los mercados tienden al colapso si se autorregulan por demasiado tiempo. La economía debía pensarse desde la demanda que generan los consumidores, la cual tiende a contraerse cuando hay alto desempleo y bajos sueldos. Sin embargo, no sólo los consumidores y los oferentes privados son el motor de la economía: el sector público es vital a la hora de establecer incentivos y de fomentar la productividad. El Estado, como los consumidores, demanda bienes y servicios, generando gasto público. Este gasto ingresa a la economía nacional, aumentando el Producto Interno Bruto (PIB), haciendo que la economía en su conjunto sea más grande. Sin embargo, no se debe abusar del gasto público, ya que este afecta el valor del dinero como la oferta de dinero circulante, creando inflación a mediano plazo. El periodo más grande de crecimiento en la historia de la humanidad (1945-1973) fue gracias a una combinación de gasto público y Estado interventor en la economía con el dinamismo del sector privado, lo que generó que la calidad de vida de las clases trabajadoras mejoraran considerablemente, caso contrario al periodo que va entre 1980 hasta nuestros días, donde los trabajadores ven mermada su calidad de vida al ser el endeudamiento la única forma de mantener su calidad de vida (deudas que se deben, precisamente, a sus bajos sueldos y a la privatización de todas las esferas de la vida social)

El gasto público puede mejorar la situación de desigualdad de la población en general, como se ha dado en los ejemplos de Ecuador y Bolivia, pero el gasto irresponsable puede profundizar la crisis, como lo muestra Argentina. Chile está en condiciones de aumentar su gasto en proyectos que impliquen la perfección de la infraestructura vial, de los servicios de salud, educacionales, en fin, de los servicios públicos. Esto generará más trabajo, que se traducirá en mayor demanda de los consumidores. Al existir una política macro-económica saludable, el gasto público no repercutiría ni en inflación ni en deuda pública, ya que existen arcas fiscales abundantes en el extranjero. Cuando gobernaba la Concertación, la concesión era entendible; con la Nueva Mayoría, el abandono de la subsidiariedad no sólo es deseable, sino que necesario. Hagamos más caso a Keynes, y escuchemos menos a Lagos.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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