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De la calle al fin al lucro en las ATE

por 22 octubre, 2014

De la calle al fin al lucro en las ATE
El fin al lucro en las ATE es un triunfo más de la movilización social y ciudadana por la educación. Decir no al lucro en las ATE es decir nunca más vamos a permitir que el mercado y su lógica individualista modelen nuestro sistema escolar.
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Cuando iniciamos como Nueva Mayoría y como gobierno este proceso de Reforma a la Educación, todos sentimos que estábamos respondiendo a una sociedad que, movilizada hace ya años, venía exigiendo cambios para darle al Sistema Educacional más justicia y equidad, pero también para otorgarle más transparencia y reglas del juego claras para proteger y resguardar los recursos públicos que van a parar a la mayoría de las escuelas y liceos de nuestro país.

En esto, todos tenemos el deber de proteger el erario público de la amenaza del lucro, sin medias tintas.

Nos hemos comprometido ante el país, ante las familias de Chile que quieren un futuro más inclusivo, democrático y justo para sus hijos, a cambiarle el rostro a la Educación, llevándola inteligentemente desde un modelo centrado en el mercado y sus reglas, a un modelo centrado en la valoración de la educación como un derecho social y público. Eso fue lo que aprendimos de la calle.

En efecto, estoy convencida de que este primer paso de la Reforma Educacional es fundamental e histórico, pues pavimenta el camino para revalorizar y fortalecer la Educación Pública que en el futuro asegure un sistema de igualdad de oportunidades meritocráticas.

Tengo la convicción de que si verdaderamente queríamos cambiarle el rostro a la Educación de nuestro país, debemos estar contentos de haber sido coherentes con los principios que animan a esta Reforma, particularmente con la indicación que regulará las ATE, regulación que tanto costó que diera a luz, no sólo por la fuerza de la oposición sino que, muchas veces, por la falta de convencimiento de algunos de nuestra propia coalición.

No obstante, también estoy convencida –la indicación que termina con el lucro en las ATE lo demuestra– de que pudimos habernos atrevido a más: todos pudimos haberlo hecho. No podemos volver a permitir que mientras algunos amasan fortunas con la Educación, la gran mayoría haya tenido que sufrir de la mala educación que otorgan y que pretenden perpetuar; precisamente, esos ante todo buscan lucrar.

Por esta razón, en una materia tan sensible, como lo son los recursos públicos que el Estado destina a los colegios más vulnerables del país a través de la Ley de Subvención Escolar Preferencial, los colegios que atienden a los hijos de las familias más pobres y con mayores necesidades de adquisición de conocimientos y aprendizajes –ahí y con mayor razón–, debemos ser coherentes con la protección de esos recursos ante las amenazas que el lucro representa.

A nadie le cabe duda hoy de las malas prácticas asociadas al lucro que muchas Agencias Técnicas de Educación (las ATE) han desarrollado y que están minando las esperanzas de estas familias más pobres y necesitadas de Chile; decepcionando el sentido que los recursos públicos destinados a educación debiesen tener; mal entendiendo el principio de justicia que animó a la ley SEP, que buscó otorgarles más oportunidades a los que basalmente tienen menos; no cooperando, en definitiva, con el esfuerzo que todos hemos puesto durante décadas en mejorar la calidad de la educación sobre todo de los más pobres y vulnerables de nuestro país.

Por esta razón, tengo la convicción de que si verdaderamente queríamos cambiarle el rostro a la Educación de nuestro país, debemos estar contentos de haber sido coherentes con los principios que animan a esta Reforma, particularmente con la indicación que regulará las ATE, regulación que tanto costó que diera a luz, no sólo por la fuerza de la oposición sino que, muchas veces, por la falta de convencimiento de algunos de nuestra propia coalición.

El fin al lucro en las ATE es un triunfo más de la movilización social y ciudadana por la educación. Decir no al lucro en las ATE es decir nunca más vamos a permitir que el mercado y su lógica individualista modelen nuestro sistema escolar.

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