Publicidad

El lucro, un arma de doble filo

Publicidad
Por: Guillermo Barrera Troncoso, sociólogo


El Mostrador Fuente Preferida

Señor Director:

Llevamos al menos tres años escuchando una palabra que se ha vuelto cotidiana, sin embargo y a pesar de su cotidianidad, se encuentra lejos de tener una definición apropiada capaz de esclarecer y lograr generar las transformaciones que sus críticos proponen. El tema estalló, como todos sabemos, por las movilizaciones de estudiantes preferentemente universitarios a los cuales se fueron sumando los demás sectores del estudiantado nacional, la consigna era clara y al unísono; el lucro es el problema de la educación. Al poco andar, la crítica derivó a como el lucro afecta la calidad de la educación, hasta el punto que hoy en día tenemos una congregación de padres que defiende el lucro a favor de la calidad, desconozco si existe correlación entre uno y otro, sobre todo teniendo en cuenta los resultados generales de la prueba PISA o los resultados generales y no particulares de la prueba SIMCE, podríamos llegar a afirmar que la educación es relativamente igual de mala. No entraré a discutir las otras cosas que existen detrás de las relaciones sociales más allá del establecimiento educacional, sean estos capitales culturales, económicos, etc., ya que no viene al caso central sobre ¿qué es el lucro?

Si uno comprende que las actividades económicas de las cuales las instituciones educacionales no se escapan, son llevadas a cabo bajo algún grado de racionalidad económica, que no significa que esta misma sea razonable, sino que llevan consigo, como diría Weber, una orientación al lucro donde bienes y servicios o factores productivos se subsumen al cálculo del dinero, o sea, toda actividad que se plantee bajo el cálculo formal del dinero debe llevar consigo una actividad lucrativa, donde el propósito principal es transformar el dinero en más dinero, no rentar de él -¡Auris sacra fames¡-. Si bien los estudiantes no han formulado ningún reproche a la racionalidad económica, han señalado fervientemente su oposición apoyados principalmente en una disposición legal, sobre la cual la educación no podría ser lucrativa, sobre todo apegándose a los pormenores que generan los sostenedores al mal invertir los ingresos, sobre todo si estos proceden desde el sector público. Pero en estricto rigor el lucro no debe ser confundido con administración, malversación de fondos o ganancia ilegítima, como nuestro catedrático Humberto Maturana sostuvo hace unos pocos meses, sino más bien, con el tipo de ingreso y el tipo de ganancia.

Si el lucro es una ganancia ilegítima debe serlo frente a otra opuesta, el problema se origina en que se debería trazar un límite respecto a la ganancia con el fin de delimitar lo legal/ilegal, cosa que ningún economista del establishment se atrevería a formular lisa y llanamente, además de verse obligado a responder ¿De dónde nace esa ilegitimidad? ¿Nacerá de la apropiación del trabajo de otro? En el caso particular de la educación, no hay apropiación directa del trabajo, sino una renta que se origina en la entrada de recursos provenientes del estado o de privados, y no del trabajo invertido por los profesores en instruir a los estudiantes, de lo contrario cada estudiante debiera ser comprendido como un producto manufacturado dentro del aula del cual se puede obtener una ganancia por sobre lo invertido, cosa que no sucede. En este caso el sostenedor no es más que un rentista, que debe preocuparse de cobrar la renta más elevada posible de la cual deriva su pseuda ganancia e intentar conservarlas e incrementarlas cuando esto sea posible. Quizás esta característica es la que realmente molesta dentro del movimiento estudiantil; el complejo de rentista que cada institución educacional tiene en mayor o menor medida, incluso por sobre el lucro, a pesar de que toda actividad lucrativa está sometida a rentabilidad.

Desde la trinchera estudiantil, la poca capacidad que estos han tenido para reflexionar por sobre la consigna, no ha hecho más que retrasar y enredar el proceso necesario de transformación del sistema educacional chileno, quizás hay que volver a replantearse el problema de fondo como lo es la calidad, el lucro, la segregación entre otros, desde una vereda no meramente propagandística, que ha terminado incluso por alentar a la reacción, a impugnar a aquellos que están luchando contra el lucro de lucrar, en una suerte de empate que es aún menos beneficio, no sólo para el movimiento estudiantil, sino para la población en su conjunto, debido a que tiende a oscurecer aún más un debate que podría ser bastante provechoso.

Quizás el error fue apegarse a un concepto que se encuentra en uno de los tantos pilares de la economía, que designa un acto necesario dentro del sistema económico capitalista para llevar a cabo y mantener en el tiempo una institución que se encuentra –queramos o no- dentro de un mercado X donde se necesita del cálculo formal del dinero, de capital, etc.

Esta discusión no es menor, ya que la crítica que ha nacido de parte del movimiento estudiantil debería ser capaz de formular una superación que haga visible y viable otra situación económica, pero esto solo es posible tomándose las cosas enserio y como dijo Aníbal Pinto a los jóvenes economistas formados en otro tiempo; escapen del anillo de ideas fijas, prejuicios y dogmas estériles que han aprisionado a tantos de sus mayores, lo cual no quiere decir que se tomen las cosas livianamente, por el contrario, si queremos que los cambios ocurran nos veremos obligados a repensar las cosas.

Guillermo Barrera Troncoso

Sociólogo

Publicidad