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«Yo me rebelo»

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Por: Rolando Poblete Melis, doctor en Antropología


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Señor director: 

“Yo me rebelo” es el nombre del video que la UDI Popular ha elaborado para expresar –a nombre de los chilenos y chilenas– su descontento frente al gobierno y las reformas que se han impulsado. Rebelarse es un derecho, qué duda cabe, es una forma más de la acción política frente a situaciones que nos resultan intolerables.

Y aunque más de alguno podría suspicazmente preguntarse por qué la UDI no se rebeló en dictadura –cuando las atrocidades cometidas eran motivo más que suficiente para escandalizarse y hacer algo más que un video (cómplices pasivos los llamó el ex Presidente Piñera)– nadie podría poner en duda la legitimidad de la iniciativa que han emprendido. Finalmente, todos quienes valoramos la democracia debemos esgrimir el respeto por las ideas diferentes. Sin embargo, lo fundamental es preguntarse cuáles son las cosas que a juicio de la UDI no son aceptadas por ellos y menos pueden serlo por todos los chilenos y chilenas. Explícitamente uno de sus dirigentes declara en el video que la UDI “ha estado en terreno trabajando con la oposición social para decir que no, con mucha fuerza, a todas las reformas que le hacen muy mal a Chile”. Cualquier persona medianamente inteligente sospechará que se alude a la reforma educacional, reforma tributaria, nueva Constitución, cambio al sistema electoral y seguramente otras más.

Lo que la UDI parece olvidar es que el programa de Gobierno de la Nueva Mayoría ganó con una amplia y legítima ventaja. Podría deducirse entonces que la UDI se rebela contra la voluntad democrática y mayoritaria de quienes votaron por los cambios y reformas. Y aunque ya lo hicieron una vez con las consecuencias que todos conocemos, es mejor no mirar esta vez al pasado, como tantas veces nos han dicho empecinadamente sus dirigentes.

Las reformas no son un antojo ni corresponden a los deseos de una parte de la población de darse un gustito: responden, ni más ni menos, a la necesidad de construir un Chile más justo. Hasta el cansancio diversos organismos internacionales nos han señalado como un país profundamente desigual: la mala distribución de los ingresos o el acceso diferenciado a salud y educación son parte de una historia que muchos queremos dejar atrás, no sólo porque estamos convencidos de que existen derechos sociales que son inalienables por nuestra condición de ciudadanos, sino porque comprendemos que eso habla de una equidad sobre la cual debe fundarse cualquier sociedad democrática donde no todo puede ser regulado por el mercado.

Las reformas son perfectibles, pero no renunciables; requieren participación y consensos amplios, pero no pueden ser hechas a la medida de los intereses de grupos económicos ni en la cocina de nadie. Oponerse a las reformas es decir que estamos en el mejor de los mundos posibles, donde nada debe ser cambiado porque todo funciona a la perfección. Yo, al menos, me rebelo contra eso.

Rolando Poblete Melis
Doctor en Antropología

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