Por una educación social
Señor Director:
No soy un intelectual ni un gran pensador, sólo quiero proponer un punto de vista desde la calle, donde también debemos ser partícipes de la construcción de una mejor sociedad.
Época de Navidad y fin de año, donde nos volvemos más “humanos”, y muchos también reciben los resultados de la PSU.
Se van a llenar la boca un buen tiempo con la palabra EDUCACIÓN…
No quiero entrar a comparar puntajes y colegios, menos universidades, eso es mejor dejárselos a los que saben. Yo me declaro un completo ignorante.
La desigualdad académica donde se incrementan las brechas sociales es indignante, y es necesario reformarlo para que todos tengan acceso a una educación académica libre, gratuita y de calidad.
Pero… ¿Por qué no advertimos que la educación es mucho más que eso? Es más que las pruebas del colegio, el sistema de ingreso a la educación superior y más aún que la Universidad.
La educación se compone de varios otros factores que nos acompañan toda la vida, no se estudian, sino que se enseñan tanto en el colegio como la casa y la calle, se sienten y se practican. Son valores sociales, que hoy en día no pueden medirse mediante parámetros objetivos.
Qué sacamos con cambiar el sistema de ingreso, si así se sigue fomentando la competencia y la búsqueda de resultados a cualquier precio?.
El sistema educacional está completamente obsoleto porque fue creado para incrementar la producción durante el siglo XX.
Hoy en día el objetivo de la educación debe ser otro; existen otros factores como el desarrollo de tecnologías, la globalización, el ritmo de vida acelerado, el egoísmo, entre otros, que generan enfermedades comunes como la depresión, el estrés, el sedentarismo, etc. Y ante eso es necesario adecuarnos a la realidad partiendo por la educación.
Nos hemos convertido en máquinas de producción, competencia, egoísmo, siendo que estamos olvidando nuestro carácter humano, que la persona es un ser social, respetar al otro, independiente de su posición social, condición económica, su currículum, su raza, su género. Entendamos que en nuestra realidad ya no existe sólo el género hombre y mujer, sino que es mejor hablar de persona en términos genéricos para dar espacio a la tolerancia.
Nos olvidamos que la educación es mucho más amplia que la búsqueda de resultados académicos. Es saludar al vecino, no aprovecharse del otro, ser cordiales, cuidar la naturaleza, etc., y esa es la educación social, esa que muchas veces se atribuye la religión, que cree que por ir a rezar a la iglesia, o donando los vueltos, incluso ayudando a la Teletón, son mejores personas.
Finalmente esta pobreza de educación es transversal, traspasa todas las clases sociales. Todo gracias al sistema de enseñanza actual.
¿Cómo incorporamos este tipo de educación social en los colegios? ¿Cómo los medimos? ¿Qué podemos hacer? ¿No será mejor replantearse que vivimos en el siglo XXI y que los objetivos son otros? Ya los filósofos de antaño quizás sólo nos sirven de antecedentes que las formas de pensar deben contextualizarse.
No es algo místico en absoluto, es una realidad.
Desde temprana edad nos enseñan a ser los mejores, y debemos competir en todos lados, pero dejamos de lado el concepto de jugar. Nos enseñan a leer antes de pensar. El sistema actual, tal cómo dice el intelectual británico Ken Robinson, ha diseñado el modelo educacional segregado, pero no solo económica y socialmente, sino que también ha destruido el desarrollo de la creatividad en los niños; el que piensa distinto es llevado a los sicólogos que los estigmatizan diagnosticándolos con el TDA (Trastorno de déficit atencional), siendo que perfectamente pueden ser grandes artistas, bailarines, deportistas y se les vuelve a introducir en el sistema perverso de competitividad y no se les fomentan sus reales talentos y habilidades, el “elemento” como lo llama en su libro precisamente llamado “El Elemento”.
La solución no está en hacer pruebas sobre valores sociales, pero si en replantearse la forma en cómo se educa, quizás no haciendo pruebas donde te conviertes en un número porque es más fácil de corregir para los profesores, y la cantidad de pruebas que tienen los niños hoy en día no les permiten volver a la calle a disfrutar de lo lindo de la vida, porque hay que obtener mejores calificaciones, se pagan profesores particulares y se les coarta la niñez desde temprana edad.
Muchos profesionales académica y económicamente exitosos, sólo son máquinas de escritorio, pero salen a la calle sin más herramientas que lo que dicen los libros. Ese es el problema también de la clase política, que legisla desde un escritorio representando intereses partidistas, puros tecnócratas.
Por suerte hoy en día han irrumpido los movimientos sociales exigiendo espacios para participar en la construcción de un país mejor, y la savia nueva que viene con ganas de construir una sociedad más justa. Pero aún tenemos mucho por hacer. No pierdo la fe en que entendiendo todo esto nos replanteemos. Esa es la verdadera re-evolución.
Sebastián Acevedo Vásquez
Egresado de Derecho – Universidad de Chile
Miembro de Asociación Latina de Filosofía del Deporte (ALFID)
Miembro Grupo Investigador sobre Derecho Deportivo – Universidad de Oriente de Cuba (GIDD-FD)
Cofundador de Movimiento Ataka