Temas valóricos
Señor Director:
Los temas llamados valóricos han sido motivo de un desacuerdo que ya se ha hecho tradicional en nuestra cultura y que se remonta a la época en la cual la moral (por no mencionar el dinero) estaba unida al Estado, me refiero, en particular, a la jerarquía de la Iglesia Católica.
Como es fácil constatar, hay un error conceptual grave al respecto. La jerarquía, aunque ella se autoproclame, no es la Iglesia sino la parte ampliamente minoritaria de ésta, y sus opiniones no necesariamente representan el pensar de todos los que forman el Pueblo de Dios.
Así es como hoy se autodenominan pro vida respecto al proyecto enviado al Congreso sobre despenalización del aborto en los tres casos de todos conocidos, tal como si quienes opinaran diferente fueran personas pro muerte. Recuerdo que el Sr. Medina hizo anatema contra quienes estaban a favor del divorcio, para reemplazar la falacia, perjurio y soborno de testigos para conseguir la nulidad civil, y profetizó la destrucción de la familia, lo que, evidentemente, no sucedió.
Hoy se dice, en círculos conservadores, algo tan absurdo que sólo produce una incredulidad despectiva en quienes no tienen miedo a pensar: «Se ha restaurado la pena de muerte en Chile». Lo lamentable, respecto a los temas valóricos y, en especial, a la despenalización del aborto acotado a los tres casos propuestos, se deriva, no de las diferentes opiniones, sino de la pobreza de los argumentos que esgrimen quienes, tal vez, no quieren que nada cambie. Así, por ejemplo, ¿desde cuándo la moral se rige desde el Congreso? Según mi modesto entender, el proyecto en cuestión no obliga a nadie a abortar, por consiguiente no constituye, pues, una ley imperativa.
En lugar de que el Sr. Ezzati esté, según el rector Sánchez –a quien por su cargo le es exigible un mínimo de conocimiento, de manera tal que no insulte la inteligencia de los creyentes y del propio pontífice–, pensando en recurrir al Papa, el cual, como jefe del Estado Vaticano no puede inmiscuirse en lo que se discute en el Congreso chileno, ¿ no sería mejor que él y el rector Sánchez intentaran una investigación referida a en qué momento se produce vida humana en el útero de la mujer?
Existe un principio muy importante, del cual se olvidan quienes se oponen a los posibles cambios: cuando la ciencia demuestra una verdad contraria a la «doctrina religiosa» es preciso revisar ésta y no negar la ciencia. Ya se han cometido demasiados errores por el fundamentalismo que olvida un principio tan básico. Cabe recordar la actitud de Jesús a quienes pretenden ser sus discípulos y participan directa o indirectamente en la discusión de un tema tan importante: él no pretendió cambiar algunas cosas de la ley Mosaica, que rigió a Israel por tantos siglos, su prédica fue directamente a reemplazar la Antigua Alianza por una Nueva, fundamentada en valores radicalmente diferentes a los que sustentaban dicha ley, a tal punto que le costó ser asesinado por el establishment. Pienso que, independientemente de las creencias personales que influyan en el análisis del proyecto presentado por el Ejecutivo, nadie debiera olvidar que quienes gobiernan lo hacen para todos lo chilenos y no sólo para quienes comparten determinados valores éticos o más bien morales.
Finalmente, las argumentaciones que recurren directamente a la mentira o a suposiciones, no pueden ni deben ser aceptadas. En el Congreso no se está discutiendo la «LEY DEL ABORTO» sino una propuesta acotada a tres situaciones bien especificadas, lo que no da derecho para pensar que el proyecto es la punta del iceberg, con el fin, no declarado, de llegar a establecer la legalidad del aborto sin condiciones.
Enrique Prieto C.
Administrador de empresas