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No han entendido nada: pase lo que pase, esta reforma no cambia nada

por 8 febrero, 2015

Nos podrían preguntar qué se espera de este tipo de proyectos de ley entonces, la respuesta es nada, pues las lógicas del sistema actual se mantienen; se sigue leyendo el problema educativo desde el enunciado, cuando el problema es estructural, es desde dónde se piensa el acto de educar, con qué finalidad y al servicio de quién estará esta educación. Hoy, mientras se discute si se selecciona un 30% de los estudiantes o si se continúa con los arriendos o no, quienes vivimos esta educación nos preguntamos por la capacidad de incidencia de nuestros intereses en la formación que recibimos, qué pasa con la competencia que presenta el actual sistema educativo, por quiénes toman las decisiones dentro de colegios y universidades.
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Hace ya un par de semanas,  la discusión en torno a los proyectos de ley que trae consigo la Reforma Educacional dejó remezones dentro de la derecha, pero también en el oficialismo, pues ya para nadie es un misterio que el tema educativo está cruzado por un sinfín de intereses, evidenciando con esto que el color político queda en un segundo plano al momento de querer defender los llamados feudos educacionales que tanto la Nueva Mayoría como la oposición tienen. Es cuestión de remitirnos a los acuerdos implícitos a los que se han llegado últimamente, como lo es no calificar el lucro como un delito.

Para el bloque en el gobierno, aprobar el proyecto de fin a la selección, lucro y copago, viene a sumar puntos a una Nueva Mayoría que viene decayendo en las encuestas, pero, sobre todo, coloca paños fríos a futuras movilizaciones que desde ya se hacen sentir, es decir, inyectan aspirinas a una enfermedad crónica. Esta Reforma Educacional ha sido criticada por los distintos actores sociales que hoy conforman el movimiento por la Educación, justificándose, por ejemplo, en la dicotomía existente entre poner fin a la selección, pero mantener la selección en colegios emblemáticos. Sin duda, esto nos hace preguntarnos cómo y desde dónde se están entendiendo conceptos como la selección, elemento imprescindible a la hora de tomar definiciones políticas en este plano.

Nos podrían preguntar qué se espera de este tipo de proyectos de ley entonces, la respuesta es nada, pues las lógicas del sistema actual se mantienen; se sigue leyendo el problema educativo desde el enunciado, cuando el problema es estructural, es desde dónde se piensa el acto de educar, con qué finalidad y al servicio de quién estará esta educación. Hoy, mientras se discute si se selecciona un 30% de los estudiantes o si se continúa con los arriendos o no, quienes vivimos esta educación nos preguntamos por la capacidad de incidencia de nuestros intereses en la formación que recibimos, qué pasa con la competencia que presenta el actual sistema educativo, por quiénes toman las decisiones dentro de colegios y universidades.

En este último tiempo, se ha caído en la lógica del juego privado, comprendiendo que solo los que están en las distintas cámaras poseen las reglas del juego, pues hay que ser sinceros: poco es lo que se conoce de la implementación práctica de los proyectos de ley, al parecer la clase política en su conjunto no se ha puesto de acuerdo aún; hay que recordar que ellos no se pueden ver perjudicados en estos supuestos “cambios”. Pese a esto, este dichoso juego ha llevado a situar al movimiento estudiantil, particularmente, como un actor que hace berrinches, pues nadie sabe lo que quiere; los que legislan hoy señalan: “¿No querían fin al lucro?, ¿ellos pedían fin a la selección?, pues, en eso estamos”. Ahora bien, hay varias precisiones que hacer en este ámbito, pues el movimiento estudiantil es el actor que levantó demandas claras y se le respondió con proyectos ambiguos y que consolidan aún más el paradigma educativo que hoy nos rige, es decir, entender la educación desde los tecnócratas, desde los parámetros financieros y el mérito académico, por solo dar unos ejemplos.

Los desafíos que hoy contempla abrir una discusión educativa son de una envergadura mayor, pues esto ha quedado demostrado en las contradicciones presentes en los proyectos de ley, asimismo en que los empresarios aún siguen definiendo cómo debe ser la educación que desea construir el pueblo. En definitiva, estamos frente a una clase política que está bien lejos de entender cuál es el problema real en términos educativos. Pues cuando hablamos de fin a la selección comprendemos que este tiene un fin práctico también, pues la escuela como institución excluye por principio: cuando nos encontramos con relaciones asimétricas entre profesores y estudiantes, cuando imponen una forma de alfabetizar y crear soluciones para los  problemas matemáticos, es que comprendemos que, pese al proyecto estrella del gobierno, de igual manera se selecciona, pues solo algunos aprenden de aquella forma, ¡entiendan, no se trata de solo el eslogan, sino de la posibilidad de pensar, hacer y construir procesos educativos!

En consecuencia, nos podrían preguntar qué se espera de este tipo de proyectos de ley entonces, la respuesta es nada, pues las lógicas del sistema actual se mantienen; se sigue leyendo el problema educativo desde el enunciado, cuando el problema es estructural, es desde dónde se piensa el acto de educar, con qué finalidad y al servicio de quién estará esta educación. Hoy, mientras se discute si se selecciona un 30% de los estudiantes o si se continúa con los arriendos o no, quienes vivimos esta educación nos preguntamos por la capacidad de incidencia de nuestros intereses en la formación que recibimos, qué pasa con la competencia que presenta el actual sistema educativo, por quiénes toman las decisiones dentro de colegios y universidades. Por tanto, no es que hagamos berrinches, es que este gobierno no ha entendido nada, ¡Hoy, queremos transformar la Educación!

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