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Aborto y religión: el miedo al desafío divino

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Por: Sebastián Riquelme C., licenciado en Bioquímica, Magíster en Ciencias Biológicas, Estudiante Doctorado Genética Molecular y Microbiología PUC


 

Señor Director:

No es que la Iglesia, o sus representantes, estén defendiendo «la vida”. Lo que ellos defienden es una creencia que va más allá. Ellos creen que “la vida humana” es un proceso, o un “regalo por amor”, hecho por Dios y que, debido a eso, no debemos interponernos en su desarrollo. Así, por defender su creencia mística, terminan confrontando la situación que se mezcla, en sus cabezas, con su fe. Más aún, separan la vida humana del resto del reino animal, la enaltecen, por eso no gritan cuando se hace lo mismo con un no-humano, porque el defender eso no les engrandece el ego de «los elegidos».

¿Usted sabe lo que sucede en la cabeza de una persona religiosa cuando siente que está contrariando a su deidad? Miedo (sí, como el niño al padre que porta una correa de cuero). Tiene miedo a ser castigado. Esto lo aprendemos de los libros sagrados porque a ese Dios jamás le tembló la mano cuando contrariaron su palabra (una pequeña-gran muestra la puede sacar del Génesis en el Pentateuco; independientemente del pensamiento hippie que trajo Jesús después y del que muchos hablan, siguen existiendo el infierno y purgatorio y todo esto se sigue enseñando como cierto, ¿no?). Es por esto que, bajo una perspectiva religiosa, es imposible que se quiera atentar contra la voluntad de Dios, ya que esto los deja a la deriva, bajo su amenaza. O, si no, ¿por qué para ellos es necesaria la confesión, perdón y redención de pecados en tierra? Obvio, perdonar las cagadas a la buena, no con fuego eterno en los pies luego de morir.

Si usted es creyente, ¿le duele más ir en contra de las normas que aparecen en los diez mandamientos porque aparecen ahí o porque están regidas y condenadas por la ley civil? Pregúntese eso y mucho más. Es por eso que aquellos que “atentan contra la vida humana” son llamados por practicantes como “pecadores”, porque van contra el designio y norma de su Dios. Sin embargo, debido a su mezcla inoportuna, a veces terminan gritando a todo pulmón “asesino”, lo cual es debatible.

¿Y si comprobamos que el origen uterino de la vida no es una obra amorosa de ese Dios? ¿Se opondrían aún las religiones al aborto en caso de una mujer con riesgo vital/emocional? Probablemente sí, porque extrapolarían nuevamente desde sus libros sagrados que el proceso de la vida, en su desarrollo, también es una obra divina. ¿ Y si el desarrollo de la vida humana, no así su comienzo, no es dependiente de la voluntad de Dios? Llegaríamos a lo mismo… y así sucesivamente (jamás abandonarían su idea central). Pero ¿y si comprobamos que Dios no tiene nada que ver con la vida humana, ni su desarrollo ni su comienzo uterino? ¿Habría personas creyentes en contra del aborto? Yo creo que aún habría, pero las razones serían otras. ¿Cómo cuales? Por ejemplo, la famosa frase “ese niño no tiene la culpa” o “no merece sufrir”. Y es entonces aquí, en este preciso momento, en donde podemos comenzar el debate de si lo que está en el útero de la mujer es un niño o un grupo de células, una persona o alguna otra cosa. Nos sacamos el sesgo y aparecen los datos. ¿Y por qué no antes? Porque antes juzgábamos con el sesgo del miedo, de la amenaza divina, de ir en contra de «aquel que me hizo por amor” (para una persona adulta suena a delirio, pero es así). Es por esto que, para crear un debate justo, liderado por ideas y hechos, es necesario separar las creencias religiosas de las necesidades sociales, que en este caso son claras: permitir a la mujer que sufre decidir qué hacer con su cuerpo, independientemente de si algunos pocos creen en algo en particular.

Si el desarrollo embrionario producto de una violación de un primate no-humano (sucede) es interrumpido por un grupo de especialistas, ¿por qué la gente que practica la religión no lo cuestiona? Creo que porque los afectados no son humanos, no son nosotros, no pertenecen a “los elegidos” que tanto proclaman sus libros de antaño. Y es aquí en donde vemos nuevamente el sesgo: «Protegen la vida, pero sólo la humana, porque ellos son los elegidos y hechos por amor, no los otros, los otros nos sirven y todo esto está escrito”. El chiste de los antibióticos encaja perfecto aquí también. ¿Ha visto usted la cara de un creyente cuando le dicen que las bacterias tienen vida y que si usted usa jabón las mata, por lo que es un asesino porque atentó contra esa vida? La mayoría ríe, lo encuentran absurdo, y luego se lavan las manos porque para ellos «ese tipo de vida” no es vida, no es como la humana. Así, todo eso que llamamos evolución y divergencia de especies sufre en sus inicios un tormento con este argumento.

Es una lástima que se piense con miedo y delirio antes de comenzar el debate racional. Ya, sin el cuento Dios y la creación por amor de por medio, lo que queda es echar las cartas sobre la mesa y demostrar quién tiene el mejor argumento sobre la base de hechos. ¿Y cuáles serían estos? Juzgue usted. La ciencia y la filosofía ofrecen respuestas, comencemos por ahí, podría ser, pero no comencemos argumentando con ideas que tácitamente retratan un evento hoy en día poco probable, porque eso, eso lo creemos hasta que aprendemos a leer por nuestra cuenta. No ahora, ni menos cuando hay una mujer en peligro.

Sebastián Riquelme C.
Licenciado en Bioquímica
Magíster en Ciencias Biológicas
Estudiante Doctorado Genética Molecular y Microbiología PUC

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