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Las universidades como centro de la descentralización

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Por: Rodrigo Vial Dumas, Ingeniero Comercial con posgrado en Applied Science in Energy Management, Otago University


 

Señor Director:

El problema de la excesiva centralización suele abordarse desde un punto de vista gubernamental y administrativo, las soluciones propuestas en su mayoría apuntan a dar mayor independencia, autonomía y atribuciones a los gobiernos regionales; también se habla de la permanencia de un porcentaje de la recaudación tributaria en la región en donde se genera el ingreso y, ahora último, que las autoridades locales deben ser elegidas democráticamente y no designadas como ocurre actualmente.

Todas las medidas anteriores parecen acciones que van en el sentido correcto, pero son tibias y poco ambiciosas. Se basan simplemente en la entrega de mayor poder y recursos, en definitiva, se entregan herramientas que pueden ser bien o mal gestionadas y se sigue dependiendo del desempeño de la autoridad de turno. Si lo que se quiere es lograr una efecto real, se debe, a mi juicio, fomentar la creación de un ecosistema que potencie un desarrollo íntegro y sustancial; que mejore la calidad de vida de las personas en todos sus ámbitos, la cultura, el acceso a los servicios, la educación, las expectativas de desarrollo si se permanece en el lugar, etc.

Si hay algo, una institución, que puede influir en las distintas dimensiones y estructuras de una sociedad, es la universidad. Las universidades pueden transformarse en el motor de la descentralización. Si se incentiva la instalación de estas instituciones en diferentes rincones del país, se estará promoviendo un ecosistema virtuoso específico en el lugar donde estas se instalan. Con ellas llegan académicos y conocimientos, potenciando la zona y su desarrollo. Estos comenzarán a interactuar con los gobiernos locales e influir en el desarrollo comunitario. Asimismo, llegarán alumnos buscando preparación y conocimientos; si se asume que un porcentaje de estos permanecerá en la zona una vez terminados sus estudios, tendremos también una población permanente más educada y capacitada. Si a esto se agrega una especialización de la universidad, por medio de centros tecnológicos, en aspectos que tengan que ver con las características propias del lugar en donde se instala, se tendrá un nuevo y potente polo de desarrollo que, reconociendo las ventajas competitivas de cada zona, hará aportes al desarrollo y crecimiento del país. Por su parte, inversionistas y emprendedores no demorarán mucho en detectar e identificar estas nuevas oportunidades, desarrollando nuevas iniciativas en la región.

Viene al caso, si lo que se quiere es profundizar en esta idea, observar experiencias internacionales. Por ejemplo, Nueva Zelanda, con universidades de primer nivel, altamente especializadas y distribuidas en todo el país; un porcentaje mayoritario de los alumnos estudia en una ciudad distinta a aquella en que vivía anteriormente. Existe también un estrecho vínculo entre la universidad y la comunidad, cuyos miembros asisten masiva y gratuitamente en calidad de oyentes (en especial adultos mayores) a muchos de los cursos que se imparten en la universidad.

Los gobiernos locales se reúnen periódicamente con las distintas facultades, creando proyectos conjuntos que aportan al desarrollo regional. A su vez, un importante número de tesis e investigaciones están basadas en experiencias y estudios locales; sus resultados entregan valiosa información para la toma de decisiones.

Creo que vale la pena pensar un plan con mayor horizonte, no solo en tiempo sino que también en el nivel de profundidad de los cambios esperados.

Rodrigo Vial Dumas

Ingeniero Comercial con posgrado en Applied Science in Energy Management, Otago University

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