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En nombre de Dios, de la Patria y de Ezzati

por 12 febrero, 2015

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Desde el año 1925 que el Estado se separó de la Iglesia y se hizo llamar un Estado Laico. Sin embargo, vivimos en un país de contradicciones, ya que recién a contar de 2012 pudimos iniciar las sesiones del Senado en el nombre no sólo de Dios, sino también de la Patria (gracias, senadoras Allende y Alvear). Esa patria de la que todos(as) somos parte y que no sólo incluye el territorio, sino también la cultura y la identidad que nos mueve.

El pasado 31 de enero, la Presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto que busca despenalizar la interrupción del embarazo por tres causales: riesgo de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación. La firma de este proyecto no ha estado exenta de polémica y, lamentablemente, hay quienes se prestan para sacar el debate de su foco único y original: el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, sus vidas y su futuro.

 El padre Berríos dijo que la sociedad chilena tenía la madurez suficiente para poder discutir estos temas con altura de miras y es lo que esperamos los chilenos y chilenas en este debate. Las objeciones del cardenal Ezzati están contenidas dentro de algunos partidos políticos, junto con otras miles de materias.

Chile, El Vaticano, Nicaragua, El Salvador y Malta son los únicos países en el mundo que penalizan el aborto ante cualquier circunstancia. Hay modelos como el alemán, en donde se puede interrumpir el embarazo hasta las 12 semanas sin la necesidad de expresar motivos, pero contando con el respaldo de un sistema de consejería. Pensar en un modelo como éste para Chile sigue siendo un sueño, por eso nos referimos sólo al proyecto que presentó la Presidenta y que se ajusta a los mínimos internacionales en cuanto a derechos humanos para las mujeres.

Distintas organizaciones internacionales vienen diciéndole a nuestro país desde hace unos 15 años que revise su legislación en materia de aborto y el cardenal Ricardo Ezzati nos dice que Dios no lo quiere. Juzgue usted.

En un Estado Laico no podemos centrar el debate en lo que Dios quiere o no, en un Estado Laico se debe gobernar para todos y todas. Si alguien siente que su conciencia lo imposibilita de practicarse o de practicar un aborto, no estará obligado a hacerlo. De paso, nos permite legislar para poner fin al sufrimiento de las mujeres que deben cargar 9 meses sabiendo que su feto no sobrevivirá, que deben elegir entre su vida y la de un feto o que deben parir el fruto de una violación sexual, en la que algún macho dominante no fue capaz de controlar la brutalidad de sus instintos.

El padre Berríos dijo que la sociedad chilena tenía la madurez suficiente para poder discutir estos temas con altura de miras y es lo que esperamos los chilenos y chilenas en este debate. Las objeciones del cardenal Ezzati están contenidas dentro de algunos partidos políticos, junto con otras miles de materias.

Pero si el cardenal pretende que los legisladores basen su trabajo en  las doctrinas de la Iglesia como él las comprende, quizás debería evaluar presentar sus propios candidatos en una próxima elección y así dejar a un lado estas contradicciones entre lo que entendemos por Estado, dependiendo si lo vemos desde el credo o desde el partido político.

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