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El show de los políticos

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Por: Claudio García Comoletti


 

Señor Director:

El pobre espectáculo que nos ha brindado la clase política en los últimos meses, no es un hecho aislado de nuestro país, lamentablemente es un holograma de una realidad común de nuestra sociedad.

Hay carencia de la ética, porque quizás nos hemos sumido en el mundo de las ciencias y de la economía y nos hemos olvidado de los otros componentes de nuestra integralidad.

El común denominador, luego de que cada uno de los actores públicos fue descubierto en un ilícito, en un conflicto de intereses, en una irregularidad, en un aprovechamiento de su posición, ha sido soslayar la falta y en casi todos los casos señalar que lo cometido fue un error, que en parte lo ha sido solo porque una segunda acepción de error es: actuación de una persona que no obtiene los objetivos previstos o tiene consecuencias negativas para ella.

Y luego cada uno ha añadido el pedir perdón, como si este solo acto permitiese borrar las actuaciones contrarias al bien común y que fueron realizadas en pleno conocimiento de faltar a los demás.

¿Y a continuación qué?

Se supone que la vida continúe, como si la tolerancia todo lo permitiese sin afectar nuestro modo de convivir.

Entonces los senadores y diputados que compitieron para obtener sus cargos, en forma indebida, siguen en estos y en algunos meses más los veremos en alocuciones morales y valóricas como si tuviesen un soporte ético sólido. Por otra parte, el hijo de la Presidenta, que renunció por darse cuenta que había hecho daño al Gobierno, seguirá una tranquila vida asegurada económicamente, por haber realizado el negocio de su vida, que es justamente el causante de nuestro desasosiego.

Me pregunto ¿dónde está el acto de reparación? Ese que permita darnos cuenta de que el arrepentimiento es eficaz y que existe la voluntad de compensar el daño efectuado.

Lo natural en estos casos es que aquellos que no detentamos algún cargo de representación ciudadana, nos situemos en el campo del resentimiento y resignación al darnos cuenta de que la transgresión para algunos privilegiados no tiene sanción efectiva.

Si nuestra meta es llegar a ser un país desarrollado, tenemos que modificar esta realidad que nos está corroyendo como sociedad y para ello, creo, debemos trabajar en dos sentidos.

El primero es la acción preventiva, que se logra con reincorporar y darle un sustento innovador a materias tales como: filosofía, ética, educación cívica, etc., para producir un cambio de mentalidad de nuestros niños y jóvenes.

Lo segundo es la acción correctiva, que significa la aplicación de investigación y fiscalización de autoridades públicas con drásticas sanciones a quienes cometan actos reñidos con la justicia y los valores constitucionales.

A modo de ejemplo, así como en el deporte existe el control de dopaje al azar de deportistas, luego de cualquier competición y que, en caso de comprobarse el uso de fármacos no permitidos, se aplican sanciones disciplinarias,  ejemplarizadoras, que incluyen hasta la perdida de premios y preseas ganadas, también debiera existir una auditoría que revise aleatoriamente el desempeño de aquellos ciudadanos que ostenten cargos públicos y, en caso de detectar anomalías en el uso de sus cargos, aplicar sanciones igualmente rigurosas.

Claudio García Comoletti

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