CULTURA
Crédito: pantallazo de Youtube
Premio Nacional de Arte de Uruguay se reunirá con Hijos del Exilio
Académica de la Universidad de la República, la artista Francesca Casariego además participará en la UDP en el IV Simposio LASA Cono Sur 2026, que comienza este lunes.
La artista Francesca Casariego, que recibió el Premio Nacional de Artes Visuales 2024 en su país por una instalación, se reunirá este sábado con el grupo Hijas e Hijos del Exilio, en el marco del trabajo artístico de la ONG, que en su momento organizó una muestra de arpilleras en el GAM en 2023.
Licenciada en Artes Visuales, Casariego, que fue víctima de la Operación Cóndor en su infancia, se encuentra en Santiago para participar en la Universidad Diego Portales en el IV Simposio LASA Cono Sur 2026, titulado “Nuevos giros ideológicos, socioeconómicos y culturales–desafíos políticos y aproximaciones emancipatorias desde el Cono Sur”, que comienza este lunes.
Allí estará en la ponencia “Una experiencia pedagógica que reactiva memorias históricas desde prácticas y producciones artísticas”, a las 14:30 horas, en la SALA 203, Edificio Aulario (Ejército 326), como representante de la Universidad de la República, en una mesa con el Grupo Interdisciplinario de Mujeres sobre Memoria en Uruguay (GIMMUR).
En Uruguay, Casariego fue premiada en 2024 en la 61.ª edición del Premio Nacional de Artes Visuales por su proyecto “Envueltos”.

“Envueltos” de Francesca Cassariego, proyecto premiado en la 61.ª edición del Premio Nacional de Artes Visuales, Uruguay. Crédito: U. de Chile
Visita
Previamente, Casariego visitará este sábado el taller de Arpilleras de Memorias del Exilio y del Retorno, donde el objetivo es compartir y bordar en conjunto, y donde la artista podrá ver los trabajos realizados hasta el momento.
“Será un momento fraterno entre hijos del exilio, una misma historia que nos atraviesa”, señalan desde la organización, que realizará el evento a las 16:00 horas en la Casa de los Oficios (Esperanza 238, Barrio Yungay).
“Encontrarse con otros siempre es una oportunidad para amplificar las voces. En este momento de tanta destrucción e incertidumbre, encontrarnos y crear con otros es lo que nos salva, lo que nos puede dar un poco de esperanzas”, señaló la artista a El Mostrador.

Muestra de arpilleras de Hijos del Exilio en el GAM. Crédito: Archivo
El encuentro también fue celebrado por Hijas e Hijos del Exilio.
“Estamos muy felices como organización de poder recibir a Francesca en Chile, poder compartir experiencias comunes que nos atraviesan, como hijas e hijos del exilio; estrechar lazos entre organizaciones hermanas que trabajamos temáticas similares en torno a la vulneración de los derechos humanos en las infancias, en contexto del terrorismo de Estado ocasionado por las dictaduras cívico militar del Cono Sur”, comentó Carmen Muñoz, presidenta de la organización.
Anteriormente la artista estuvo en Santiago en 2024 en el Foro Cultura, Arte y Democracia de la Universidad de Chile. Allí presentó su obra “Aunque no lo recuerde”, un proyecto profundamente autobiográfico que aborda el impacto del terrorismo de Estado durante la dictadura uruguaya.
En la ocasión, Casariego compartió detalles de su experiencia como víctima del Plan Cóndor y cómo esta vivencia ha dado forma a su práctica artística. Sus instalaciones, como alfombras transitables y escritos en papel de aluminio, simbolizan el esfuerzo por mantener vivas las memorias colectivas y personales, destacando el rol del arte como herramienta para procesar el trauma.
Origen
En Uruguay, al igual que en Chile, el golpe ocurrió el año 1973. Casariego nació en Italia en 1975, donde sus padres estaban exiliados junto a su hermano de cuatro años.
En 1978 “viajamos junto a mi madre a Porto Alegre y nos instalamos allí con un compañero de militancia de mi madre. A pocos meses fuimos detenidos, secuestrados en el marco de un operativo del Plan Cóndor y trasladados ilegalmente a Uruguay. Tenía tres años cuando ese hecho. Con mi hermanos estuvimos desaparecidos por veinte días, aproximadamente”.
“A mi madre no la mataron porque engañó a los milicos y les propuso volver a Porto Alegre para esperar la visita de un compañero, y en vez de su compañero llegaron periodistas. Estos periodistas estuvieron en nuestro apartamento con mi madre detenida, le dijeron que no era nada -un caso de ilegales en el país- y los liberaron. Al otro día denunciaron el secuestro y nos salvaron la vida”.
Salieron titulares en la prensa denunciando la desaparición de la madre de Casariego, su compañero Universindo Rodriguez y los dos niños, en caso que se conoce como “El secuestro de los uruguayos”.
“Hay mucha documentación, películas y bibliografía escrita del caso. Hay una película que habla de la apropiación de niños que está nuestro caso y el de Anatole y Victoria, dos niños uruguayos que aparecieron en Chile”, relata.
Después de este hecho ella se quedó viviendo con sus abuelos en Montevideo y su hermano en Italia con su padre exiliado. Su madre pasa a la legalidad y pasa a ser una presa política.
El caso fue excepcional.
“Todos los uruguayos secuestrados en el exterior, en torno a 180, están desaparecidos hasta hoy. Los únicos que sobrevivieron son Lílian, los niños y Universindo”, afirmó en 1993 un ex preso político uruguayo.

Francesca Casariego en un evento en 2025. Crédito: Presidencia de Uruguay
Exilio y arte
En Uruguay, Casariego es parte del grupo Jacarandá, que nuclea a personas que fueron niñas y niños atravesados por el terrorismo de Estado. Allí hay personas exiliadas, otras que nacieron en cautiverio, o que pasaron por cárceles, y también hijas de desaparecidos.
“Mi vínculo con el exilio es más como hermana, hija, sobrina y prima. También mis tíos y primos estaban exiliados”, explica.
Por eso, desde algunos años está investigando sobre la afectación de las infancias durante el terrorismo de Estado desde su campo de estudio que es el arte.
“Trabajo con un grupo de personas que fuimos niñas y niños afectados directamente, ahí compartimos diferentes situaciones y experiencias de vida”.
Producto de esa experiencia además montaron una exposición que narra sus experiencias, “Presencias ausentes”.
Ella participó con la pieza “papá muñeco”, en cuya descripción figura lo siguiente: “Desde Italia su padre le mandó este muñeco porque se parecía a él. Nunca logró jugar con ese muñeco”.
“Justo mi pieza en esa exposición explora el vínculo con mi padre a través del exilio. Además, hace un par de años hice una exposición individual dónde abordaba diferentes situaciones de mi infancia en dictadura”, relata.
Este sábado, Casariego espera “tener la oportunidad de compartir un momento con las compañeras” del grupo Hijas e Hijos del Exilio.
“Hace casi 10 años me encontré con una compa de ese colectivo, no nos conocíamos, y se presentó, y me preguntó si yo había sido exiliada y le dije que no, que ese era mi hermano. Fue mucho antes de comenzar a investigar, militar, enseñar y tener una práctica artística sobre este tema, y darme cuenta cuánto toda esta experiencia había marcado mi vida, cuanto la condicionaba, y la guiaba”, afirma.
Para ella, crear y compartir resulta reconfortante.
“Creo que esto lo hacemos por eso, por mantener la esperanza en vivir en el mundo que creemos y sentimos que es posible, sin desigualdades, sin avaricia y con mayor solidaridad. Si algo podemos lograr es siempre en colectivo”, finaliza.
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