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La diplomacia multilateral de Chile y su aporte a la paz y la seguridad internacional: la resolución de de-alerting.

por 21 febrero, 2015

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En diciembre pasado el plenario de la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por 166 votos a favor la Resolución 69/42 sobre la reducción de la disponibilidad operacional de los sistemas de armas nucleares, generalmente conocida como la Resolución de de-alerting. Chile fue y continúa siendo uno de sus autores.

¿Qué es el de-alerting? En palabras simples, reducir el estado de alerta máxima (o hair-trigger alert) en el que todavía se encuentran casi dos mil cabezas nucleares, listas para ser lanzadas entre cinco a quince minutos después de recibir una orden. Se trata de uno de los legados perversos de la Guerra Fría, que implementó la llamada disuasión nuclear, sostenida por la convicción de que un ataque nuclear sorpresivo sería respondido por un contragolpe igualmente contundente. La disuasión nuclear depende, pues, de la capacidad de las grandes potencias para infligirse un castigo absolutamente devastador: la destrucción mutua asegurada (o apropiadamente MAD, mutually assured destruction, en inglés).

El mantenimiento en estado de alerta máxima de casi dos mil cabezas nucleares, es esencialmente incompatible con los compromisos que todos los Estados Partes en el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares –incluyendo los Estados Poseedores de las mismas– hemos adquirido a lo largo de su Ciclo de Examen para reducir el rol de las armas atómicas en las Doctrinas y Políticas de Seguridad de los Estados y adoptar medidas concretas que conduzcan progresiva pero seguramente a su eliminación final, tal como dispone el Artículo VI del TNP.

El “daño colateral” de tal noción estratégica es la destrucción de la vida sobre el planeta.

Para Chile y la abrumadora mayoría de los miembros de la comunidad internacional, la disuasión nuclear y las alertas máximas que la hacen posible no se justifican en el mundo actual.  Es por ello que en el año 2007, durante la primera Administración de la Presidenta Bachelet, nuestro país junto a Malasia, Nigeria, Nueva Zelanda y Suiza –Estados que hoy conforman la Coalición de De-alerting– introdujeron en la Primera Comisión de la Asamblea General un proyecto de resolución para estimular políticamente la supresión de tales alertas máximas, que podrían originar una tragedia de alcance global como resultado de errores o un atentado cibernético sobre los centros de detección y control de las potencias nucleares. La lógica de la Resolución es que si los Jefes de los Estados poseedores de los mayores arsenales nucleares dispusieran de horas o días para evaluar apropiadamente las señales de un ataque antes de apretar el fatídico “botón rojo” y no unos pocos minutos como hoy, los riesgos inherentes a un uso equivocado o maliciosamente inducido podrían desaparecer. La historia de la Guerra Fría registra varios incidentes conocidos –hay otros que permanecen en las sombras– en los que errores de percepción tuvieron a la Humanidad entera al borde de la aniquilación.

La remoción de las cabezas nucleares del nivel de alerta máxima es un ejemplo de medida “práctica” o “pragmática” encaminada al desarme nuclear. El de-alerting fue una de las recomendaciones principales de la Comisión sobre la Proliferación de Armas de Destrucción en Masa, presidida por Hans Blix, en 2006, y de la Comisión Internacional sobre la No Proliferación y el Desarme Nucleares, que encabezaran Gareth Evans y Noriko Kawaguchi en 2010. Por lo mismo figura en el Plan de Acción aprobado –por consenso– durante la VIII Conferencia de Examen (2010) del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP).

El mantenimiento en estado de alerta máxima de casi dos mil cabezas nucleares, es esencialmente incompatible con los compromisos que todos los Estados Partes en el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares –incluyendo los Estados Poseedores de las mismas– hemos adquirido a lo largo de su Ciclo de Examen para reducir el rol de las armas atómicas en las Doctrinas y Políticas de Seguridad de los Estados y adoptar medidas concretas que conduzcan progresiva pero seguramente a su eliminación final, tal como dispone el Artículo VI del TNP.

Nuestro país ha mantenido una línea diplomático-multilateral persistente y articulada para avanzar hacia un mundo libre de armas nucleares. La misma se inscribe en una Política Exterior de Estado que concibe la Seguridad Internacional como un bien público global al que todas las naciones deben contribuir, cualquiera sea su tamaño y poder. En este mes en el que Chile preside el Consejo de Seguridad, es útil recordar que la diplomacia nacional se despliega en todos los foros globales y se manifiesta con talante proactivo en cada uno de los tres pilares del sistema de Naciones Unidas: Paz y Seguridad, Derechos Humanos y Desarrollo.

Desde la promoción del Desarrollo Inclusivo hasta el De-Alerting, pasando por la defensa activa de la diversidad y la promoción de la Democracia, la diplomacia chilena se proyecta hacia el futuro, hacia el ideal de una Humanidad gobernada por reglas legítimas en el que las amenazas que pueden destruirla o lastimarla no tienen ni sentido ni cabida. Tampoco, qué duda cabe, una nueva Guerra Fría.

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