Respuesta a Natalia Valdés
Señor Director:
No puedo dejar pasar la opinión de Natalia Valdés publicada hace unos días en este medio, respecto a la utilidad social de la PUC. Hay una frase en su columna que realmente me pone los pelos de punta como ex alumna y ex profesora ayudante de aquella institución.
Según sus palabras la PUC forma estudiantes con una verdadera opción preferencial por los necesitados. ¿Cómo puede no darse cuenta de que ése es precisamente el problema de aquella casa de estudios? La PUC no ve a todos los seres humanos como iguales, sino que algunos tienen derecho a estudiar y otros deben ser solamente ayudados de manera asistencial, paternalista, clasista y denigrante. Cuando yo no pude pagar más dicha casa de estudios la asistente social me dijo, clara y directamente, que antes de entrar yo debiera haber pensado si podía o no podía pagarla, y si no sencillamente dejara de estudiar ahí.
Es cierto que muchos Premios Nacionales han salido de sus aulas, pero eso no es más que una coincidencia; habría que ver ahora, en estos últimos 10 años en que la competencia es más fuerte, cuántos de ellos son realmente de la PUC. También es cierto que es una de las mejores evaluadas en los rankings internacionales, pero no nos leamos la suerte entre gitanos: eso es exclusivamente porque mantienen una rígida estructura burocrática, la que muchas veces atenta tanto contra profesores, como contra alumnos. ¿Cuántos profesores hay, que han jubilado y han seguido trabajando por hora y, al día siguiente de su jubilación, les han quitado la oficina y sus derechos, pasando a valer menos que un funcionario cualquiera, pese a sus años de experiencia? ¿Y cuántos alumnos han tenido que dejar la universidad por no poder pagarla?
En los breaks uno puede distinguir, en los patios de la universidad, claramente quiénes estudian con crédito y quiénes no. Los sectores sociales no se mezclan ni se juntan, tanto es así que hace un par de años había, en la misma universidad, un grupo de alumnos que proponía que los profesores obligaran a los estudiantes a hacer grupos, de estudio o de trabajo, con alumnos de distintas comunas y clases sociales, para así fomentar la integración casi nula. Digo casi, porque por supuesto siempre hay excepciones, pero excepciones que no tienen que ver con los valores de la PUC como institución, sino con las personas particulares. Hay personas que, ellas en sí mismas, cargan con un historial valórico destacable, y que van a ser éticamente correctas o moralmente honestas, estén en la institución que estén.
La Pontificia Universidad Católica de Chile tiene un solo valor único e intocable: la plata, el dinero, y todo su actuar se guía según este patrón. Si te atrasas en la biblioteca la única forma de solucionarlo es pagando, no inscribiste un ramo, no importa, paga y lo inscribes atrasado.
La PUC no tiene un carácter social; no busca ni conseguir ni inculcar la justicia social en sus filas, sino asistir de manera cómoda a los pobres, a los humildes, a esta pobre gente que no tiene la «capacidad intelectual» para entrar a estudiar a una de las mejores casas de estudio del país.
En la UC no hay nada más que valores trasnochados de ONG de país desarrollado actuando en país tercermundista, sus valores sirven a los ricos haciéndoles creer que si sus hijos van a levantar unas mediaguas, su riqueza, conseguida a costa de la explotación de la clase trabajadora, será perdonada ante los ojos de Dios.
Eugenia Paz Inostroza Hernández
Ex alumna de Filosofía, ex profesora y ayudante de fotografía PUC