Réquiem a la UDI
Señor Director:
Es sorprendente cómo un partido político puede alargar su agonía. La marca UDI está quebrada. Los llamados a la unidad resultan patéticos.
Un partido político que ha sido la sucursal de un holding empresarial, cuyos dueños están presos por estafa al fisco. Un partido que pretendió representar al liberalismo económico, concentrando la riqueza en una minoría insaciable. Un partido que nació en Chacarillas a la sombra de Pinochet. Un partido que hizo la vista gorda a la tortura y el asesinato, cómplices pasivos de nuestro holocausto.
Esta casta de apellidos vinosos y algunos allegados: los nuevos ricos, lucraron con el patrimonio del estado; y fueron poco a poco horadando el alma nacional. Construyendo la cultura de la trampa, la cultura del lucro y apenas chorreando miserias a un pueblo paciente e ingenuo.
La libertad del mercado pregonaba a los cuatro vientos. La libertad de elegir, la libertad comprar, en un mercado atenazado por empresarios coludidos.
¿Que estarán pensando esos pobladores que alguna vez levantaron las banderas de la UDI? Esos chilenos honestos que creyeron en el discurso liberal que prometía un país de emprendedores, mientras los jefes traicionaban sus principios.
No podemos demonizar a la militancia de la UDI. Ellos, son chilenos bien nacidos, como la mayoría de este pueblo sufrido y trabajador. Llegó el momento de abrir los ojos. Ninguno de nosotros es lo suficientemente virtuoso como para dictar cátedra, pero todo tiene un límite. ¿Cuál es el Chile que queremos? Décadas de crecimiento, décadas de segregación.
La huella de la injusticia es despiadadamente tangible. Hay un Chile hacinado en viviendas básicas con familias brutalmente comprimidas y otro Chile pudiente que se mira el ombligo.
El país es de todos y entre todos vamos arreglar esta cuestión. Sin justicia no hay paz. Todos queremos la paz, pero no cualquier paz. Hoy como nunca tenemos la posibilidad de arreglar esta cuestión. Ya no somos ese país pobre a patapelada, ya no somos ese país analfabeto. Cuidado con subestimar a este pueblo que de repente se puede encabronar.
Esos millones que no fueron a votar, la mayoría jóvenes: No están muertos, andaban de parranda.
Pedro Cuevas
Gestor Cultural