Discapacidad: reflexionar, observar y aprender
Señor Director:
La muerte de Francisco, tras ser expulsado de las escaleras del metro Pudahuel, nos deja sin palabras. Lo fácil sería apuntar a las responsabilidades individuales, pero ciertamente esta recae en nosotros como sociedad.
Nosotros, todos, y no sólo el guardia de la estación, conocemos superficialmente cómo se vivencia la discapacidad, podemos conocer historias aisladas, cifras que nos hablan de la profunda marginalidad de este segmento de la población, historias de vida, pero nada de esto entrega un panorama global de la vivencia, porque la mayoría de las personas con discapacidad son invisibles para la sociedad.
Qué categoría van a tener las personas sobre discapacidad, si lo que ven sobre ellas se remite a representaciones de historias de vida edificantes mediatizadas por la TV, o a la cotidiana semimendicidad en la que encontramos a personas con discapacidad día a día.
Los personas con discapacidad tienen una presencia mínima en el espacio público, los colegios los pueden excluir, las municipalidades simplemente pueden no tener oferta educativa para las personas con discapacidad independiente del ingreso (por ejemplo, Providencia sólo cuenta con una escuela especial de lenguaje); el mercado laboral simplemente no es inclusivo, y el Estado ni siquiera ha sido capaz de implementar la Ley N° 20.422 sobre “Igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad” en sus propias reparticiones.
No fue solo Francisco: hay muchas personas que aparecen ante nuestros ojos como invisibles o deformadas. Podemos confundir fácilmente un trastorno psiquiátrico no tratado con delincuencia, un problema neurológico con discapacidad cognitiva, una persona ciega con un mendigo, porque no convivimos con personas con discapacidad y nadie nos enseñó a realizar dichas distinciones.
Si no hay un saber inclusivo y comprensible, que enseñe a las personas a interactuar y visibilizar a las personas con discapacidad, me temo que estaremos enfrentados a una discriminación por ignorancia, que margina día a día no sólo a las personas con discapacidad, sino también a sus familias.
Siguiendo a Axel Honneth, cada vez que no reconocemos al prójimo o que lo reconocemos mal, dañamos profundamente a las personas. Es por eso que, cada vez que uno no comprende algo, es mejor reflexionar, observar y aprender.
Francisca Valdebenito
Historiadora Universidad de Chile
Magíster en Sociología, Pontificia Universidad de Chile
Persona con Discapacidad