Frente a las injusticias: mayor democracia
Señor Director
Nadie en Chile ha quedado indiferente ante los casos Penta, SQM, Caval, Caimanes, entre otros. Son casos que se repiten en las portadas de todos los diarios del país, que escuchamos en los noticieros, en las redes sociales, en la calle. Son noticias de las que todos hablan y sobre las cuales todos tenemos algo que decir. Hoy más que nunca escuchamos frases como “los políticos son unos ladrones” o que esto “es más de lo mismo”, y es porque en Chile el tráfico de influencias y la corrupción en todas sus formas, se ha vuelto parte cotidiana de la política y de nuestra sociedad. Esto último ya no es novedad, pero sí lo podrían ser aquellos pasos que puede tomar nuestra institucionalidad vigente, nuestros políticos y la política en general para legitimarse desde lo más honesto: siendo estructuras y personas al auténtico servicio del bien común, garantizando mayor democracia y participación.
Los ciudadanos hemos sido testigos «privilegiados» de cómo se amontonan los escenarios en que la elite política y económica nos traiciona. Nadie se sorprende cuando aparecen nuevos casos de estafas cometidas por aquellos que se autodenominaban honorables o intachables, los mismos que mientras transmitían ideas de cambio y de una sociedad libre de corrupción y de ideologías esclavizantes, implementaban y reforzaban un invento Neoliberal, un modelo que ha permeado a todas las esferas de la sociedad. Esta lógica se encuentra tan naturalizada en nuestra vida cotidiana que es común saltarse la fila, presentar un certificado médico falso, zafarse de un parte, e incluso para algunos ocupar las influencias de tu poderosa madre o constituir una maquinaria para emitir boletas fraudulentas y quedarse con los impuestos de todos los chilenos.
Sin embargo, ante la crisis histórica que vive Chile, es imposible no alzar la voz, esto porque las reiteradas malas prácticas han logrado tocar fibras humanas que tenemos todos los ciudadanos por el simple hecho de vivir en sociedad. Estamos hablando de valores y principios que configuran las expectativas depositadas en aquellas instituciones que cumplen un rol público o en aquellas personas que están donde están gracias a la democracia o voluntad del pueblo.
En medio de este desfavorable escenario político, desde la Nueva Acción Universitaria vemos este contexto como una oportunidad, no solo porque somos un movimiento político con propuestas que apuntan al sueño de una sociedad más justa, sino porque nosotros también hemos cometido errores de los cuales nos hacemos cargo, conscientes de que este es un punto de inflexión para nuestra universidad y nuestro país en su manera de hacer política.
Para nosotros el camino es claro: la democracia, pues solo con una ciudadanía que fiscalice se podrá poner punto final al abuso que se está ejerciendo. Creemos firmemente que se deben mejorar los espacios y las facultades de fiscalización de la ciudadanía, se debe liberar la posibilidad de plebiscitar y se debe hacer partícipes a los ciudadanos de las transformaciones constitucionales que pretende concretar este Gobierno. Esto también se denota en empoderar a los trabajadores a partir de los sindicatos, a los ciudadanos a través de la participación política, a los consumidores a través de un trato justo desde las empresas, a las mujeres y pueblos originarios a partir de mayor espacio en el Parlamento y a las organizaciones sociales desde una política transparente, con estándares éticos y de probidad intachables, y con una invitación constante a hacerse parte de los procesos deliberativos.
Sumado a esto, el horizonte debiese ser avanzar hacia una nueva institucionalidad que separe el dinero de la política, donde el Estado sea el principal responsable del financiamiento de los partidos y las campañas, disminuyendo así los excesivos gastos electorales que sitúan a la propaganda por sobre el debate de ideas. Al mismo tiempo, resulta fundamental dotar de mayores atribuciones a los entes fiscalizadores; debemos tener un Servel que sea capaz de investigar y fiscalizar los gastos en campaña, como también un Servicio de Impuestos Internos con la facultad de exigir a los contribuyentes demostrar el cumplimiento de la normativa en caso de que lo considere pertinente.
Estamos convencidos de que sólo empoderando a la ciudadanía nuestra institucionalidad podrá asegurarnos que no nos volveremos a encontrar con grupos económicos que intentan comprar las decisiones de nuestros representantes políticos y que, en definitiva, demuestran tener más poder que quienes han sido electos para administrarlo. De esta manera lograremos definir reglas claras en la actividad democrática y responder con fuerza a una de las herencias culturales más importantes de la dictadura: dejar todo, incluso la política, al libre arbitrio del mercado.
A través de un compromiso real en transformar nuestra democracia y la relación entre los ciudadanos, nos haremos responsables del tipo de acción política que creemos que es mejor para la universidad y el país, esa que persigue el interés general y no es presa de intereses particulares, esa que entiende la responsabilidad política por medio de la coherencia en el actuar. Hoy, como NAU hacemos una invitación a construir el país que queremos desde una forma distinta de hacer política, para que el resultado de este proceso sea el país que verdaderamente todos los chilenos y chilenas queremos construir y del cual podamos sentirnos identificados y orgullosos. Hoy la Nueva Acción Universitaria dice fuertemente que frente a las injusticias necesitamos mayor democracia.
Noelle Katz, Consejera Territorial NAU por Agronomía e Ingeniería Forestal
Alex Florechaes, Consejero Territorial NAU por College
María Paz Ceresuela, Consejera Territorial NAU por Comunicaciones
Felipe Martínez, Consejero Territorial NAU por Construcción Civil
Catalina Poblete, Consejera Territorial NAU por Educación
Juan Vargas, Consejero Territorial NAU por Educación (Villarrica)
José Miguel de la Vega, Consejero Territorial NAU por Ingeniería
Valentina Figueroa, Consejera Territorial NAU por Química