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Chile, para allá NO

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Por: Fernando Gyi Toloza, politólogo Universidad Diego Portales 


 

Señor Director:

A medida que han ido pasando las semanas, se han ido descubriendo casos y casos de financiamientos ilegales a campañas políticas. Hace solo unas semanas, todos los dardos apuntaban a la Unión Demócrata Independiente (UDI), lo que desencadenó la renuncia, el pasado 11 de marzo, de su presidente, Ernesto Silva. Hoy, los dardos van en todas las direcciones en el espectro político y ya no solo apuntan al financiamiento a campañas políticas. El caso de Sebastián Dávalos y su renuncia a la Dirección Sociocultural de la Presidencia por el cuestionado préstamo a la empresa de su señora, Natalia Compagnon. Soquimich, a punto de estallar, amenaza con convertirse en la versión 2.0 y más cruda del Pentagate. No cabe duda, el efecto bola de nieve que trajo consigo el Caso Penta sigue y sigue creciendo.

No es difícil darse cuenta del ambiente político y social que vive nuestro país por estos días. Lo que sí requiere de un análisis más trabajado, es lograr hacer una comparación de lo que vive Chile actualmente con lo que han vivido otros países de la región, en distintos años.

Argentina, antes de la crisis de 2001 y que terminara con la llegada al poder del kirchnerismo –una pseudoversión moderna del peronismo–, se vivieron, además de la gran crisis económica, casos de corrupción y crisis de identidad que terminaron por derrumbar la institucionalidad. Un sociólogo argentino escribe: “Así, en la década iniciada con la crisis de 2001, en el campo político (…) se profundizaron las tendencias a la descomposición de los partidos de alcance nacional, mientras que en la sociedad se expresaban elevados porcentajes de falta de confianza en sus dirigentes” (Sidicaro, 2011).

Venezuela, previo a la llegada de Hugo Chávez al poder, vivió situaciones similares. “En el caso venezolano en el periodo 1958-1998, el Discurso del Poder perdió su capacidad para convencer, basado en niveles de pobreza cada vez mayores, en una depauperada economía que hizo crisis en 1983 y en una progresiva matriz de opinión que sostenía el descontento con el sistema democrático” (Romero, 2010).  Y, sin ir más lejos, el domingo recién pasado, Brasil. Miles de brasileros indignados marcharon por las calles de más de 60 ciudades del país para demostrar el descontento con el gobierno de Rouseff. El descubierto caso de corrupción de Petrobras tiene a los brasileros indignados y piden la salida de la Presidenta.

Uno podría buscar más ejemplos y hacerlos calzar de alguna u otra forma con lo que en Chile pasa actualmente. Lo que sí es claro, es que circunstancias como estas generan populismo y caudillos que no siempre son deseados. Es cosa de mirar para el lado, ni Argentina ni Venezuela ni Brasil pasan por sus mejores momentos y la estabilidad política e institucional podría verse afectada.

Es hora de condenar más enérgicamente los hechos de corrupción. Si seguimos así, estamos dejando el camino pavimentando para que lleguen populistas al poder, que no son más que sus eslóganes de campaña y de ideología y políticas públicas, nada. Estamos a tiempo de seguir siendo un país estable y ejemplo para el mundo.

Fernando Gyi Toloza
Politólogo Universidad Diego Portales

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