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Me duele Chile

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Por: Julio Espinosa Guerra, escritor, Premio Fundación Pablo Neruda 2011


 

Señor Director:

Como a todos los chilenos, a mí también me ha conmocionado el asesinato de los dos estudiantes en Valparaíso. Llevo ya tiempo fuera del país, pero cada vez que regreso, encuentro que, por lo menos en Santiago, hay una violencia soterrada, una violencia del día a día. Recuerdo que en dictadura había una solidaridad transversal de quienes deseaban algo mejor; recuerdo que al comienzo de la democracia había solidaridad y esperanzas de una sociedad más hermanada y más justa. Pero ya el Chile que dejé en 2001 era un Chile que se había entrampado en sus propias mentiras. Nunca ningún político hizo nada para cambiar el modelo económico heredado por Pinochet. Nunca nadie que ostentara poder deseó educación para el pueblo, ni salud, ni justicia. Durante la dictadura se añoraba recuperar lo público, que era sinónimo de aquello que era de todos: aceras y calles públicas sin baches, parques públicos para llevar a los hijos y a la novia, una vida que se hiciera en la calle, donde la calle era de todos y por eso, todos debíamos cuidarla, y podía ser bella, ordenada, limpia: lugares donde nos igualáramos y no islas comerciales separadas, estratificadas económicamente y separadas por un mar de cemento.

Pero se mantuvo lo privado, se exacerbó. Los gobiernos lo incentivaron, los municipios lo privilegiaron, las zonas degradadas de la dictadura se degradaron aún más y se criminalizó a las personas que allí vivían. No les llegó la educación, porque en educación también se ha incentivado la educación privada y subvencionada, donde el pobre no llega. Se les dejaron las migajas. Las fuerzas de orden se han transformado en vigilantes que guardan más lo privado que lo de todos. Y los políticos, mientras tanto, fuera de la realidad, viviendo en zonas donde la pobreza no llega. Para muestra, un botón: hace poco tiempo me di cuenta de que los profesores, en Chile, ganan hoy, quince años después, lo mismo o menos de lo que yo ganaba el año 2000. Y se considera normal. Pero todo lo demás ha subido de precio tres, cuatro, cinco veces. Eso sí, los ricos, los comerciantes, los políticos, ganan más que nunca. Pero, también, los pobres son más pobres que nunca y, además, se les culpa de su pobreza. La sociedad ya no es solidaria, sino individualista y competitiva. Los escasos rincones donde hay dinero y trabajos dignos para cualquiera que tenga capacidad, son carnadas de personas que más parecen pirañas.

El odio hacia el otro se respira en el ambiente. Después alguien asesina a dos muchachos que piden justicia, igualdad de oportunidades, y dicen que es culpa de los resabios de la dictadura. Llevamos veinticinco años de democracia. La dictadura duró diecisiete años. Es fácil echarle la culpa a Pinochet, pero la culpa es del modelo imperante en el país. Si no hay un cambio de modelo, perderemos lo que nos queda, especialmente en las regiones: gente que sigue creyendo en la gente, que lucha por la gente y la gente lo agradece y lo festeja. No, la culpa no es de la dictadura. Esos muchachos han muerto por la mano de una democracia dirigida por políticos ineptos, incapaces de no pensar más que en ellos, quienes los rodean de manera directa y quienes les darán de comer cuando dejen sus cargos. Ellos son los sostenedores de esta violencia, la han inculcado en las aulas de colegios, liceos y universidades: ahora deben hacerse responsables sin mirar para otro lado, pero ¿ustedes creen que lo harán? No, nuevamente saldrá la dictadura a la palestra para taparlo todo, toda esa carga de irresponsabilidad que huele a podrido. Qué más decir: me duele Chile.

Julio Espinosa Guerra
Escritor
Premio Fundación Pablo Neruda 2011
Director de la Escuela de Escritores de Zaragoza, España

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