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Sobre una cárcel para “menores”

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Señor director:

Propuestas como las escuchadas estos días respecto a contar con cárceles para “menores” (prefiero referirme a niños, niñas y adolescentes) omiten, al menos, tres consideraciones básicas y necesarias para abordar un complejo problema social. La primera, dice relación con la poca efectividad de acciones punitivas y normalizadoras para enfrentar situaciones como los delitos y las infracciones a la ley, especialmente por parte de jóvenes y adolescentes. Las estrategias sobre-penalizadoras olvidan el carácter social y estructural que tiene el problema de la delincuencia y lo sitúan en un nivel de responsabilidad individual para enfrentarlo. Desde ahí, se desprende la segunda consideración omitida: como país requerimos pensarnos social y colectivamente responsables de lo que nos sucede. La delincuencia juvenil es un síntoma de nuestras propias enfermedades sociales: desigualdad, pobreza, exclusión, educación de mala calidad, estigmatización, discriminación, entre otras. Por lo tanto, y en tercer lugar, la solución no puede ser profundizar los espacios de exclusión; debemos avanzar hacia propuestas de prevención y promoción de estilos de convivencia sanos, justos e inclusivos.

Marcela Flotts
Directora Escuela Trabajo Social
Universidad Andrés Bello (UNAB)

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