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Violencia y reconocimiento

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Por: Pablo Johnson, Psicólogo de Programa de Integración Escolar


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Señor Director:

En el contexto nacional de los últimos días, especialmente en los medios de comunicación y las redes sociales, sobresalen actos recientes de violencia, aún más que el caso Penta y SQM. Hoy por hoy, no podemos seguir permitiendo una estructura social y económica que anule tan violentamente la existencia de quienes no se ajustan a los patrones deseables en nuestra cultura, instalados a lo largo de una igualmente violenta historia, por una hegemonía acomodada y privilegiada.

Los estudiantes, trabajadores, mujeres, niños, adultos mayores, personas LGBT, pobres, y una larga lista de personas que han sido históricamente marginalizadas, buscando ser reconocidas en su experiencia como sujetos válidos, ya no pueden continuar en esas condiciones.

La precariedad de la vida humana debe reconocerse también en estas personas. No es posible seguir permitiendo golpes y violencia hacia los niños; insultos, maltratos y muertes a las personas gay o trans; dejar al pobre que se las arregle por sí mismo, cuando ha sido puesto en esa posición por el sistema económico; que la policía deje en estado de gravedad a un estudiante por el sólo hecho de manifestarse por sus derechos; que un adulto mayor sea abandonado por su familia. Cuando una estructura social, cultural y económica nos anula de tal manera, no queda otra forma que buscar espacios para hacerse visible.

Una necesidad elemental de cada ser humano es ser reconocido como tal por los otros, representados en la sociedad y la cultura. Una reconciliación posible se divisa a partir de la posibilidad de que cada sujeto se vea a sí mismo como parte de una sociedad, viviendo plenamente en ella, y no se vea relegado a sus márgenes. Claramente eso no es posible en el estado de cosas en Chile, y el mundo, de hoy. La manera en que el neoliberalismo instalado a sangre durante la Dictadura, y reafirmado en democracia, ha deshecho el tejido social y precarizado nuestras vidas se hace evidente hoy más que nunca. Y es por ello que nuestro reclamo se ha manifestado en las calles, siendo la vía pública una forma de hacer visible esta precariedad y de manifestar ese anhelo de reconocimiento.

Se hace necesario ampliar los límites de lo posible, con tal de que todos los seres humanos tengamos cabida en una sociedad inclusiva, donde la estructura social y económica nos beneficie a todos, y permita al mismo tiempo un desarrollo íntegro de las posibilidades de cada sujeto. Libre.

Pablo Johnson
Psicólogo de Programa de Integración Escolar

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