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No hay peor crisis que el que no quiere ver

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Por: Yuri Carvajal Bañados, médico-cirujano, doctor en Salud Pública


Señor Director:

Para las palabras crisis de la salud pública en Chile, Google me acaba de devolver cerca de 3 260 000 resultados en 0.39 segundos.

Oponerme a más de tres millones es ir contra la corriente. Pero tomaré una vez más la misma dirección con Calamaro. Creo que hablar de crisis de la salud pública o una expresión más ajustada, de los hospitales públicos, es errado como mínimo en dos sentidos.

El primero, porque para abordar un problema hace una sociología simplista del mundo clínico. Los hospitales tienen una vida específica, tiempos peculiares, que vienen de su carácter tecno-científico. Son lugares hoy más importantes que las universidades en  la producción de saber sobre la enfermedad. Un hospital puede formar médicos y de hecho lo hace a diario sin Universidades, mientras que una Universidad no podría hacerlo ni por un  minuto. Su carácter colectivo, múltiple, híbrido se ve a diario en sus salas, pasillos, pabellones. Se trata de lugares vivos, llenos de debates, personas, actores interesados, tecnologías, estudiantes. Aquí hay vida, valores y acción, nada más lejanos a lo que se pueda llamar crisis.

En segundo lugar, no hace justicia al real debate que se nos propone. La cuestión que nos aguarda tras la palabra crisis tantas veces usada, es si el tratamiento de las enfermedades lo hace cada individuo con el dinero que tiene en su bolsillo o lo hacemos en forma solidaria, intentando construir un nosotros cuando estamos enfermos. Mientras el estado siga dedicando menos del 4% del PGB para otorgar una medicina con Resonancia Nuclear Magnética, scanner, laparoscopías, medicamentos bajo régimen de patentes, esa diferencia solo se salda con el aporte de cada uno. Darwinismo total para los viejos, los rurales, los distantes y muchos más.

En vez de poblar nuestros análisis con la palabra crisis –ya se sabe, crisis, ironía, denuncia y sospecha son las armas predilectas de los modernos– haríamos mejor en producir descripciones  situadas de nuestros problemas, proponer soluciones particulares al amplio espectro de colores con que se pintan nuestras dificultades, no repetir la consigna privatización como bálsamo de Fierabrás  y valorar todo aquello que la medicina clínica nos ha dado. Medicina clínica que en la tradición colonial y republicana chilena ha sido predominantemente pública. Y en toda su existencia, colectiva y no privada.

Yuri Carvajal Bañados
Médico-cirujano
Doctor en Salud Pública

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