Terremoto y tsunami: la precariedad al desnudo
Señor Director:
El mundo entero supo que la noche del 16 de septiembre pasado, un terremoto 8.4 Richter sacudió a Chile y un posterior tsunami arrasó la región de Coquimbo. También el mundo entero se sorprendió por los escasos daños que provocó el terremoto en relación con su intensidad y admiró la calidad de las construcciones chilenas. Lamentablemente, el contraste con los efectos del tsunami es abismal. El desborde del mar no sólo destruyó el puerto de Coquimbo, sino que arrasó con pequeños comercios, embarcaciones y viviendas. Más de mil pescadores, además de microemprendedores y familias que habitan la zona, hoy no tienen nada. Aun cuando la Subsecretaría de Pesca y el Ministerio de Economía han destinado recursos especiales para los pescadores artesanales, urge agilizar y flexibilizar los requisitos para acceder a esta ayuda. Estamos hablando, por ejemplo, de pescadores artesanales que perdieron sus botes, sus puestos de venta y a quienes se llega a exigir contrato de trabajo para acceder a la ayuda ya que todos los instrumentos pro-empleo, o de retención de mano de obra requiere que los trabajadores sean empleados contratados. Se excluye así del apoyo a los más afectados: tripulantes pesqueros de los sectores más pobres, emprendedores familiares. Reponer la actividad económica en la región de manera rápida requiere buscar fórmulas flexibles y coordinar los instrumentos existentes. Como país de catástrofes, cierto es que hemos aprendido mucho, sin embargo, mucho es lo que queda por aprender. En primer lugar, debemos asumir que las catástrofes ponen al desnudo la pobreza y precariedad que, a menudo, no queremos ver.
Adriana Muñoz d´Albora, Vicepresidenta del Senado